I SEMANA DE CUARESMA 1 al 7 de Marzo de 2020

DOMINGO 1 de Marzo  (Mateo 4, 1-11)

“El tentador se le acercó”

Resulta extraño y fuera de moda hablar del “tentador”, de la presencia de Satanás en nuestras vidas.  Al recitar el credo afirmamos que Jesús “descendió a los infiernos”, pero no terminamos por asumirlo.

Ante la innegable presencia del mal buscamos explicaciones de carácter psicológico, social, cultural y nos resistimos a aceptar la existencia del demonio. ¡Buena estrategia de camuflaje!

Como sucedió con Jesús, el tentador se nos acerca, está a nuestro lado. Su plan es confundirnos y convencernos que lo malo es lo que nos conviene.

El Papa Francisco nos lo recuerda: “Nunca hay que olvidar que a veces el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz.” (EG, 152)

 

  

LUNES 2 de Marzo  (Mateo 25, 31-46)

“… caí enfermo y me visitasteis.”

Según nuestro Fundador y el magisterio institucional nuestro “destinatario”, nuestro “cliente”, es el mismo Jesús de Nazaret encarnado en las personas confiadas a nuestro cuidado.

Cuando hacemos tanto esfuerzo para justificar la urgencia de la humanización de la salud desde una antropología que ponga en la cúspide de la escala de valores a la persona, no podemos olvidarnos que, desde la óptica cristiana y carismática, estamos llamados a dar un paso más.

No se trata sólo (aunque también) de un compromiso filantrópico sino de servir al mismo Dios en la persona enferma.

¡Cómo cambiaría nuestro modo de servir si esta espiritualidad samaritana calara hondo en nuestro ser-hacer como agentes socio-sanitarios!

 

 

MARTES 3 de Marzo  (Mateo 6, 7-15)

“Vuestro Padre sabe lo que necesitáis… Vosotros debéis orar así…”

Ser persona significa esencialmente ser una criatura muy  amada por Dios, en relación con Él. Está claro que esto incluye también el escucharlo, el mirarlo y dejarse mirar por Él, el compartirle nuestro caminar con todos sus pormenores…

Jesús nos hace partícipes de su propia oración, nos introduce en una forma de diálogo filial, cercano, cotidiano. La oración concretiza en los gestos, las palabras, los signos… esa relación esencial entre la criatura y el creador.

La certeza de la presencia de Dios en nuestras vidas no nos exime de la necesidad de hacer tangible el encuentro. De este modo, la oración expresa y construye la filiación divina desde la cual construimos nuestro proyecto de vida.

 

 

MIÉRCOLES 4 de Marzo  (Lucas 11, 29-32)

“La gente pide una señal milagrosa… pero no se le dará otra…”

Jesús nos invita a leer la historia cotidiana como signo privilegiado de lo que Dios quiere en nuestras vidas. El Dios encarnado en Jesús de Nazaret no es un Dios “espectacular”. Se revela en los acontecimientos y en las  personas con quienes forjamos nuestra historia diaria.

El seguimiento reclama una actitud de fe (fidere) sin más asidero que la confianza que nos suscita la persona de Jesús de Nazaret. Confianza que se traduce en una capacidad de dejarse cuestionar y de cambiar todo aquello que se aleje del proyecto del Reino.

Dios “normalmente” no hace milagros para convencernos de su presencia en nuestras vidas. Camina a nuestro lado desde la cotidianeidad. En ella se manifiesta y es ahí donde debemos encontrarle…

 

 

JUEVES  5 de Marzo  (Mateo 7, 7-12)

 “Pedid, buscad, llamad…”

La  invitación es clara: si queréis algo, moveos, haced todo lo que esté en vuestras  manos, no os quedéis inmóviles.

De poco sirve la manifestación amarga de nuestra desazón o desilusión si no nos implicamos en la búsqueda creativa de soluciones.

Podemos seguir “tirando balones fuera”, criticando a este o a aquel, o asumir el Evangelio, ponernos en faena y buscar juntos cambiar aquello que no es coherente con el Reino.

Cada desafío, cada dificultad, cada fracaso es una llamada al compromiso y a la participación de todos los que nos consideramos constructores del Reino.

 

  

 

VIERNES 6 de Marzo (Mateo 5, 20-26)

“… ve primero a ponerte en paz con tu hermano.”

Perdonar implica asumir una actitud constructiva de aceptación de la persona que me ha ofendido. Ello no es sencillo cuando las heridas son muy profundas.

Dado que Dios no solamente no quiere el mal sino que desea el bien, estamos invitados a comprometernos con el duro proceso de perdonar. Hacerlo de esta manera no es sino entrar en el misterio del dolor redentor de Jesús.

No podemos confundir el perdón y la reconciliación con un proceso de sanación afectiva de las relaciones interpersonales. Es posible estar emocionalmente afectados y, al mismo tiempo, optar por perdonar. Desde esta opción nos acercamos al Amor gratuito, a la entrega sin condiciones, al vaciamiento de nuestro orgullo herido… Podemos entonces comprender, al menos parcialmente, lo que significa en nosotros el perdón que Dios siempre nos regala…

 

SÁBADO 7 de Marzo  (Mateo 5, 43-48)

 “Amad a vuestros enemigos…”

En nuestras relaciones interpersonales consideramos natural estar con quienes nos quieren y rechazar a quienes nos rechazan. Amar en clave cristiana, en cambio, es mucho más que quedarnos con la reciprocidad en el trato.

Pasar a una fraternidad pautada por el perdón, el compromiso en positivo hacia aquel que no nos cae muy bien, no es algo que surja espontáneamente. Necesitamos un largo y duro entrenamiento para amar de esa manera.

Ahí reside la novedad del Evangelio.