VI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 16 al 22 de febrero de 2020

DOMINGO 16 de Febrero  (Mateo 5, 17-37)

 “El que se enoje con su hermano… el que injurie… se hará merecedor del fuego…”

La Palabra de este domingo nos confronta con nuestras actitudes hacia aquellas personas con las que construimos nuestras biografías. Aquellas con las que compartimos parte del camino o que de alguna manera inciden en nuestra realidad personal.

Es normal enfadarse, en normal sentir el dolor de la ofensa, del desprecio o, peor aún, de la indiferencia… Surgen en nosotros sentimientos de venganza, juicios sobre quien nos ofende…

El Evangelio nos invita a procesar esos sentimientos desde los valores del perdón, del encuentro, de la valoración positiva del otro, del compromiso activo por la paz…

Y en ese esfuerzo, los primeros beneficiados somos nosotros mismos, porque rompemos el círculo perverso que nos daña el corazón, alimenta el rencor, nos hace ajenos a ese amor incondicional al que Dios nos invita.

Quien entra en esta dinámica puede llegar a comprender lo que significa amar como Dios mismo nos ha amado, cargando sobre sí la dura carga de un mal que no había cometido… Entonces, somos co-redentores…

 

 LUNES 17 de Febrero  (Marcos 8, 11-13)

“Comenzaron a discutir con Jesús para tenderle una trampa.”

La dinámica de no querer ver, de tejer una maraña de falsas razones para huir de verdades incómodas forma parte de nuestra limitada condición.

Para los fariseos, aceptar el anuncio y la persona de Jesús, implicaba romper con sus propias convicciones y asumir un duro camino de transformación.

¿Qué llamadas de cambio nos está pidiendo hoy el desafío de vivir en clave de evangelio? ¿Qué murallas ideológicas y emocionales dificultan alumbrar una nueva comunión y participación?

Diariamente somos testigos de cómo los razonamientos enrevesados, la búsqueda de la contradicción del contrincante ideológico, el ensañamiento con las equivocaciones de aquel que no “es de los nuestros”, se ha instalado en nuestra sociedad. No se busca tanto el bien y la verdad, como el derrotar a aquel con quien no estamos de acuerdo. No importan las formas… importa el resultado.

La verdad no tiene dueños… la VERDAD, menos aún. Estar abiertos a ella, provenga de donde provenga fue un desafío para los fariseos y maestros de la Ley, lo es también para nosotros hoy.

 

 

MARTES 18 de Febrero  (Marcos 8, 14-21)

 “¿Y no acabáis de entender?”

La experiencia de los primeros discípulos nos resulta muy cercana. ¡Cuántas dificultades solemos tener para reconocer las evidencias de Dios en nuestras vidas! En el proceso personal y comunitario de búsqueda de la verdad solemos encontrarnos con elementos distorsionantes que no nos dejan “ver y oír” con claridad. Temores por nuestras debilidades, intereses, afectos… hacen que lo transparencia de Dios termine no siendo reconocida.

El texto que hoy reflexionamos nos da una clave fundamental para acercarnos a la verdad, a la realidad, y es la certeza de que nuestras debilidades, nuestras inconsistencias, están en las manos de Dios.

No se trata de un dato baladí. De hecho, consciente o inconscientemente, las personas buscamos interpretar la realidad desde nuestras posibilidades de respuesta. Lo que no soy capaz de asumir, lo que me resulta agresivo a nivel emocional, intelectual, práctico… intento ignorarlo o interpretarlo de tal modo que termine acomodado a mis posibilidades.

Jesús nos dice, olvídate de tus inconsistencias, abre tus ojos y tus oídos y encuéntrate con la realidad desde la certeza de que Dios, Padre Providente, SIEMPRE está contigo.

 

MIÉRCOLES 19 de Febrero  (Marcos 8, 22-26)

“… el hombre miró con atención y quedó sanado.”

La curación del ciego de Betsaida nos regala una serie de claves para entender la acción sanadora-salvadora de Jesús y, en ella, entender lo que significa hoy evangelizar: Intimidad, acogida afectuosa, compromiso personal, participación, respeto por los procesos. ¿No son acaso claves para entender y orientar nuestra misión?

El proceso fue lento, indicando lo difícil que era para quienes contemplaban el hecho, reconocer a Jesús como el Mesías prometido.

Las podemos aplicar a nosotros mismos y orar desde ellas, con la certeza que, en el encuentro con el Dios, estamos llamados a “ver todo con claridad”.

Debemos ponernos delante del Señor y pedirle: Ponme de nuevo tus manos y hazme ver. Quizá sea preciso salir de nuestra aldea, hablar con Él de corazón a corazón, dejarnos tocar por su vida y su mensaje para volver a nuestra casa con una mirada nueva.

Para ello debemos querer mirar con atención, evitar las “distracciones”… Jesús, no es uno más… Jesús es Dios, es Aquel que SANA y SALVA.

 

 

JUEVES  20 de Febrero  (Marcos 8, 27-33)

 “En el camino, preguntó a sus discípulos…”

Nos encontramos con una de las claves de la pedagogía de Jesús: la pregunta.

“¿Quién dice la gente que soy yo?” Llevaban un tiempo siendo testigos de que Jesús no era un profeta más. Sus enseñanzas y milagros dejaban entrever una personalidad, como mínimo, misteriosa.

Pero ante la pregunta, solamente Pedro responde. Su respuesta es una profesión de fe, inspirada por el Espíritu y así lo subraya el mismo Jesús.

Importa rescatar cómo Jesús les implica en este duro proceso de reconocerle. La pregunta les lleva a identificar sus dudas y sus certezas. Jesús les conduce hacia su propia interioridad, hacia la necesaria responsabilidad en la visión que tenían de su maestro.

¿Quién es Jesús para mí? ¿Qué significa su presencia en mi vida? ¿He llegado a reconocerlo como el Mesías, el Salvador?

Vamos de camino… y Jesús nos repite la pregunta hecha a sus discípulos.

 

VIERNES 21 de Febrero (Marcos 8, 34-9,1)

“El que quiera salvar su vida, la perderá.”

Somos hijos de una cultura contradictoria que pasa fácilmente del dolorismo a la negación del dolor. Y esas tendencias nos juegan malas pasadas.

¡Cuán quejicas solemos ser! Cualquier dolor debemos pregonarlo, victimizándonos ante los demás, buscando un alivio que muy bien podríamos hallar acogiendo serenamente y en Dios, nuestra frágil condición.

Tampoco sirven las estrategias orientadas a negar la presencia del dolor en nuestras vidas. Se trata de un delicado equilibrio: cargar la cruz, que no arrastrarla, sabiéndonos tras las huellas de quien hizo del sufrimiento un trampolín hacia la VIDA.

 

SÁBADO 22 de febrero  (Mateo 16, 13-19)                                      CÁTEDRA DE SAN PEDRO

 “Te daré las llaves del Reino”.

Quien tiene la llave tiene el dominio, la autoridad, la posesión del bien que la llave custodia.

Sabemos que este texto siempre se ha referido a la cátedra de Pedro, convertido en el referente de unidad de la primitiva comunidad cristiana.

Integrando esta exégesis, desde la perspectiva de una comunidad de discípulos unidos en la común dignidad que nos otorga el bautismo, podemos afirmar que estas llaves del Reino están también en nuestras manos. ¿Qué hacemos con ellas?

Una de las líneas fuertes de la pastoral del Papa Francisco reside justamente en esta llamada a asumir la identidad bautismal, a ser corresponsables de los dones del Espíritu, a ser constructores de una realidad eclesial encarnada. El modelo de una eclesiología piramidal, centrada en el poder que da la jerarquía no responde al sueño del nazareno.

“En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero. (…)La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados.” EG, 102

Las llaves del Reino están en nuestras manos…