III SEMANA DE CUARESMA 15 al 21 de Marzo de 2020

DOMINGO 15 de Marzo  (Juan 4, 5-42)

 “Dame de beber”

El encuentro con la samaritana constituye un paradigma pedagógico de la evangelización. El punto de partida son las circunstancias de un predicador cansado y sediento y una mujer que se acerca al manantial a buscar agua. En el devenir de las preguntas y las respuestas la samaritana reconocerá su sed de verdad y plenitud.

El anuncio del Reino tiene siempre como punto de partida la fidelidad a las personas y a sus realidades.

El diálogo con Jesús siempre nos adentra en la comprensión de nuestros anhelos, de “nuestra sed” más profunda. Entonces descubrimos la necesidad de caminar a su lado, de esperar que en Él todo se cumplirá.

Y también como la samaritana, sentiremos la necesidad de comprometernos con la evangelización. Entonces seremos discípulos misioneros, como nos lo recuerda el Papa Francisco en Evangelii Gaudium. (E.G. 121)

 

 

LUNES 16 de Marzo  (Lucas 4, 24-30)

“Los que estaban en la sinagoga se enfurecieron… lo echaron fuera del pueblo… querían despeñarlo”

La persecución, la incomprensión, la violencia de quienes no aceptan un modo evangélico de vida, siempre se hacen presentes.

Recuerdo  con claridad la sentencia de un viejo educador: “Si te llevas bien con todos, si nada ni nadie ofrece resistencias a tu vida, deberías cuestionar tu coherencia evangélica…”

Pero debemos evitar equívocos. En ocasiones no somos aceptados por nuestras propias debilidades, por nuestros errores y no por nuestras virtudes, o por ser fieles seguidores de nazareno.

No es lo mismo ser perseguidos por ser fieles a un proyecto de vida evangélico y hospitalario a serlo por nuestras inconsistencias, por las debilidades siempre presentes en nuestra humana condición.

La incomprensión por ser fieles al proyecto bautismal no debería paralizarnos. Si lo hace, es fundamental revisar las motivaciones y la madurez de nuestras opciones, dejando siempre ese ámbito de misericordia desde el cual entendernos en las debilidades propias y también las ajenas.

 

  

MARTES 17 de Marzo  (Mateo 18, 21-35)

¿Cuántas veces he de perdonar?

El perdón constituye una dimensión básica en nuestras vidas. Da respuesta a los desequilibrios, malos entendidos, desencuentros… que normalmente se dan en las relaciones interpersonales.

Perdonar puede implicar un largo recorrido de objetivación y ascesis personal. Ver con serenidad la verdad, reconocer las inconsistencias que están detrás de nuestros sentimientos de ofensa, de ira, de venganza, comprender al otro en sus propios procesos, aceptarlo y aceptarnos, dejarnos sanar, asumir el lento camino de reconciliación del corazón.

“Hace falta orar con la propia historia, aceptarse a sí mismo, saber convivir con las propias limitaciones, e incluso perdonarse, para poder tener esa misma actitud con los demás.” (Amoris Laetizia, 107)

 

 

MIÉRCOLES 18 de Marzo  (Mateo 5, 17-19)

“No he venido a poner fin a la ley (…) sino a darle su verdadero sentido.”

 Los límites, las normas, tienen su sentido último en los valores que defienden. Cuando estos valores quedan a un lado o no encuentran en lo establecido un lenguaje adecuado, entonces la norma se convierte en cadenas…

El mensaje de Jesús de Nazaret al respecto fue claro. Obró con una enorme libertad ante normas que habían desvirtuado su sentido. Su actitud no fue la de un irresponsable que quiere cambiar las normas vigentes por su modo de ver, sino que nos invitó a descubrir el “verdadero sentido” de las mismas.

En alguna ocasión he escuchado críticas hacia el Papa Francisco por sostener esta actitud de profunda libertad ante esquemas y formatos preestablecidos, quizá hasta muy solemnes y estéticos, pero carentes de sentido evangélico.

Jesús de Nazaret se manifestó tan libre como exigente, cuando de una norma “con  verdadero sentido” se trata… No son válidas las posturas que fácilmente desprecian las normas, ni aquellas que las totalizan como si de un dios se tratara…

Ta necesario como las normas es el discernimiento responsable de quien quiere hacer de Jesús y su Palabra el norte de su vida.

 

 

JUEVES  19 de Marzo  (Mateo 1, 16.18-21.24ª)                             SAN JOSÉ ESPOSO DE MARÍA

“… su esposo, que era un hombre justo…”

En comunidad, en nuestras familias o en el trabajo suelen darse situaciones de incomprensión y hasta de ofensa ante conductas y actuaciones de los demás.

La actitud de San José con María rompió con los moldes culturales del “ojo por ojo” y dejó establecidas nuevas pautas de actuación.

José fue un “hombre justo”. Pero desde un concepto de justicia diferente,  que pasa por el respeto, la tolerancia, la prudencia, la comprensión, la confianza y el silencio cuando las circunstancias resultan incomprensibles.

El Papa Francisco nos recuerda en su exhortación “Amoris Laetizia”: “Si aceptamos que el amor de Dios es incondicional, entonces podremos amar más allá de todo, perdonar a los demás aun cuando hayan sido injustos con nosotros. De otro modo, nuestra vida en familia dejará de ser un lugar de comprensión, acompañamiento y estímulo, y será un espacio de permanente tensión o de mutuo castigo.”

 

 VIERNES 20 de Marzo (Marcos 12, 28b-34)

“Dios es uno y no hay otro fuera de él.”

Los santos fueron enamorados de Dios. Ese amor, prodigado y recibido, se volcó en expresiones de amor al prójimo.

En nuestras relaciones interpersonales, el amor alcanza niveles de gran profundidad. El amor de los esposos, de los hijos y a los hijos; el amor a los destinatarios de nuestra labor samaritana…

¿Cómo hacer de estos “amores”, expresión del amor a Dios y no empobrecernos en su inmanencia?  Una clave será el respeto por la autonomía y la intimidad de la persona amada.

Este amor, en clave de evangelio, nos ayuda a superar todo afán de posesión y, lo que es más importante, a no esperar del ser amado el amor en plenitud que sólo encontraremos en el Señor.

 

SÁBADO 21 de Marzo  (Lucas 18, 9-14)

 ¡El que se enaltece será humillado…”

El Papa Francisco nos recuerda que “la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes…” (EG, 288) y nos pone a María como modelo de la revolución de la “ternura y el cariño”.

            En nuestras relaciones interpersonales surgen, naturalmente, motivos de disgustos, de enfrentamiento, de incomprensión… En tales circunstancias es bueno, y necesario, recordar la llamada que el Señor nos hace en el Evangelio de hoy. No es fácil renunciar al “derecho” para dar lugar a la “misericordia”… pero en este ejercicio reside nuestro proceso de ir asemejándonos al Dios de los Evangelios.

            La humildad no implica aplacar o silenciar las verdades, sino encontrar los momentos y las formas adecuadas. Ello conlleva una ascesis personal para controlar nuestro orgullo herido y anteponer la “misericordia al juicio”, sin renunciar al servicio de la corrección fraterna, del diálogo sereno, de la búsqueda conjunta del bien y la verdad. ¡Claro que para todo ello necesitamos la fuerza del Espíritu! De ahí que la humildad sea la virtud de los fuertes.