II SEMANA DE PASCUA 19 al 25 de Abril de 2020

DOMINGO 19 de Abril (Juan 20, 19-31)                   DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

“Estaban los discípulos en una casa”.

Los discípulos no terminaban por vencer el miedo que se les había metido en el cuerpo al ver a su maestro apresado, condenado y ajusticiado.

En medio aquella situación, tan tensa, supieron mantenerse unidos. Así les encontró Jesús. Entonces les transmitió la paz y les reafirmó en la fe.

Es inspirador contemplar a los discípulos desde la situación de emergencia sanitaria que estamos viviendo. El COVID-19 se ha convertido en una gran amenaza…  No podemos sostener las formas, y en algunos casos, tampoco el contenido de nuestro día a día.

El miedo se extiende con la pandemia. Tendemos a replegarnos y no son pocos los que cuestionan la presencia de Dios…

Hoy el evangelio nos invita a vivir estos momentos en clave de discipulado. Es decir, a permanecer unidos, a compartir nuestras dudas y también la certeza pascual que Jesús está presente.

Nuestra fe, vivida desde procesos en los que no faltarán los momentos de desolación, reclama ser vivida, sostenida, reafirmada, en comunidad. Entonces, ciertamente, el Señor no faltará a la cita.

 

LUNES  20 de Abril  (Juan 3, 1-8)

“El viento sopla donde quiere…”

La llamada a Nicodemo mantiene su vigencia y provocación. Teníamos “todo controlado”… cada paso, cada protocolo, cada estructura… Y la realidad, desde la cual el Señor se manifiesta, vuelve urgente el “soplo del Espíritu”.  ¡Vaya si necesitamos su “aliento” para los tiempos que estamos viviendo, donde lo permanente parece esfumarse de un plumazo!

Ciertamente es preciso acordar ciertos “modelos de funcionamiento”, ciertos “protocolos de actuación”, pero éstos serán válidos solamente si potencian la coherencia  en la misión.

Jesús nos convoca a entrar en una dinámica de fidelidad creativa constante. La misma a la que nos llama nuestra Institución: “Este ejercicio de recreación Hospitalaria no es fácil, pero lo hacemos con paz, sin temores, con esperanza.” (MII, introducción).

Hoy, los centros de nuestra institución, a lo largo y ancho de todo el mundo, están necesitando reinventarse… y de prisa, porque la centralidad de la persona nos urge y la situación, aunque previsible por su desarrollo previo en otros contextos, no deja de ser desconcertante. Tiempos para “nacer de nuevo”… y dejarnos invadir por el “soplo del Espíritu”. Vivámoslos en paz, sin temor, con esperanza…

 

 

 MARTES 21 de Abril  (Juan 3, 5ª.7b-15)

“Tenéis que nacer de nuevo.”

Está claro que para un fariseo como Nicodemo,  acostumbrado a interpretar las Escrituras y a traducirlas en normas socio-religiosas rigurosas y estables, este nuevo marco de precariedad y hasta de incertidumbre, le traería de cabeza.

Un cambio tan radical en su modo de concebir la espiritualidad del Reino significaba para él un nuevo nacimiento. Y así se lo hace ver Jesús.

La llamada a Nicodemo, como vimos ayer,  mantiene su vigencia y provocación. Resulta mucho más sencillo crear estructuras inamovibles,  criterios de funcionamiento incuestionables que someternos a la acción del Espíritu y arriesgarnos a nacer de nuevo cuantas veces sean necesarias, sin poner condición alguna.

¿No será que la crisis sanitaria que vivimos resulta siendo una llamada “a nacer de nuevo”… a dar un nuevo impulso creativo a la vivencia del carisma Hospitalario?

 

 MIÉRCOLES 22 de Abril  (Juan 3, 16-21)

 “Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.”  

Muchos hemos crecido con una visión moralista desde la que consideramos buena o mala a una persona según sus obras. Y solemos poner como referencia de esa bondad o maldad el mensaje evangélico.

Deberíamos releer con atención el texto de hoy para darnos cuenta que no hay nada más lejano al Dios de Jesús de Nazaret que esta intencionalidad de juicio moral

En Dios, la misericordia siempre va por delante. Eso es lo que machaconamente nos está recordando el Papa Francisco en numerosas intervenciones. ¡Cuánto debemos caminar para entender que la bondad, el perdón, la cercanía, la empatía, la tolerancia… constituyen el eje del mensaje y de la vida de Jesús de Nazaret!

Somos testigos en estos días de la entrega y profesionalidad de colaboradores y hermanas. Al mismo tiempo no faltan los nervios y hasta las “salidas fuera de tono” que suelen darse ante las urgencias y los cambios profundos que se están dando en nuestros centros para responder a la emergencia sanitaria. Es bueno recordar el mensaje de este Evangelio. Seamos más bondadosos, más tolerantes, más misericordiosos… Es el único camino posible para asumir los rápidos y profundos cambios que estamos viviendo.

 

 

JUEVES 23 de Abril (Juan 3, 31-36)

“El que cree en el Hijo, tiene vida eterna.”

Jesús manifiesta su autoconciencia como Mesías a fin de afianzar la frágil adhesión de sus seguidores y de denunciar la terquedad de quienes le rechazaban visceralmente.

Hoy somos testigos de cómo hacer pública la identidad creyente puede costar la propia vida. En muchos rincones del mundo, las minorías cristianas son sistemáticamente perseguidas. Se estiman en 150.000 los martirizados cada año en razón de su fe.

Pero, ¿qué ocurre con nosotros, habitantes de una región que se considera tolerante y plural? ¿No confundimos el respeto por el pluralismo con la falta de identidad o con la difusión de identidades débiles, sometidas al vaivén de las corrientes ideológicas imperantes?

Un efecto de la conciencia de fragilidad que nos ha devuelto el COVID-19 es una vuelta a las razones profundas de fe que sostienen la vida.

Ser profetas, ser misioneros de la misericordia, implica reafirmarnos en la certeza de que la fe en el Hijo, es motivo de VIDA. Una VIDA distinta… que puede traer consigo la incomprensión y hasta el ser socialmente segregados.

 

 

VIERNES 24 de abril  (Juan 6, 1-15)                                                   SAN BENITO MENNI (Fundador)

“Jesús alzó los ojos y vio…”

Necesitamos levantar la mirada y ver. Alzarnos sobre las circunstancias inmediatas y ver. ¿Ver qué? Ver hacia dónde vamos, ver ese río subterráneo que orienta nuestras vidas y la de quienes nos rodean. Jesús al alzar los ojos captó el hambre de la gente, ¿y nosotros?

Levantar la mirada para ver implica capacidad de escucha, tener sueños que cumplir, creer en nuestras posibilidades.

San Benito Menni supo alzar la mirada, vio a hombres y a mujeres enfermas mentales desatendidas y dio una respuesta.

El punto de partida es arriesgarnos a ver lo que ocurre a nuestro alrededor

En San Benito Menni Dios nos manifestó su ternura, su cercanía con los más abandonados, su amor maternal y sin condiciones, su compromiso de ver, de vernos… su capacidad de crear comunidades hospitalarias fraternas y entregadas…

ALCEMOS LOS OJOS… Y CELEBREMOS EL DON DE LA VIDA Y OBRA DE NUESTRO QUERIDO FUNDADOR.

 

 

SÁBADO 25 de Abril (Marcos, 16, 15-20)

“Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos.”

Celebramos hoy a San Marcos Evangelista. El mismo Marcos nos narra el envío que Jesús hace a los once discípulos después de su resurrección. “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”. 

Es imposible reflexionar sobre este texto sin sentirnos interpelados desde la sensibilidad evangélica del carisma Hospitalario. ¿Cómo entender, a partir de nuestra experiencia cotidiana, el signo de sanación a través de la imposición de las manos?

Nuestra visión asistencial, fundada en los conocimientos y procesos terapéuticos, se resiste a una interpretación magista de la Palabra y del carisma. Rechazamos creer en una manipulación del poder divino a través de determinados ritos, como la imposición de manos. De alguna manera lo identificamos con una visión infantil de la fe.

Al mismo tiempo existe sobrada literatura de acompañamiento terapéutico y también espiritual que recupera y pone en valor la función sanadora de la cercanía con la persona que sufre, del encuentro personal, de la caricia, del coger y apretar con cariño la mano de las personas confiadas a nuestro cuidado, especialmente en momentos críticos de su proceso.

Recuperar el lenguaje de las manos en la praxis del acompañamiento parece encontrar su fundamentación en el texto que hoy reflexionamos. Un gesto que nos ayuda a asumir las limitaciones ante el misterio del dolor, a la vez que reafirmamos nuestra fe en la presencia amorosa de Dios en tantas biografías quebradas como las que acompañamos a diario en nuestros dispositivos.

¿Cuáles son nuestras “manos para acariciar” en este tiempo de pandemia?  Una llamada a la creatividad…