XIV SEMANA TIEMPO ORDINARIO 5 al 11 de julio de 2020

DOMINGO 5 de Julio  (Mateo 11, 25-30)

 “Yo os aliviaré”

El Evangelio nos invita a sentirnos acogidos y también a acoger. Solamente quien alivia sus cansancios y agobios en el encuentro con el Señor, es capaz de salir al encuentro del hermano.

Si falta solidaridad, si el cansancio y el agobio parecen ganar la partida, no será porque Dios no nos tienda su mano, sino porque, quizás, hemos perdido su referencia y hemos pensado, durante mucho tiempo, que sin Él, igual nos iba mejor.

Vivirnos en actitud de abandono en las manos de Dios es el camino que potenciará nuestra entrega, que nos hará creer que siempre es posible salir adelante… Es oportuno recordar aquí las palabras del Papa Francisco:

“Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre. (…) Aun con la dolorosa conciencia de las propias fragilidades, hay que seguir adelante sin declararse vencidos, y recordar lo que el Señor dijo a san Pablo: «Te basta mi gracia, porque mi fuerza se manifiesta en la debilidad» (2 Co 12,9).” (EG, 85)

 

LUNES 6 de Julio  (Mateo 9, 18-26)

“Tomó de la mano a la muchacha…”

Llama la atención la presencia de las manos, como instrumentos de sanación. El reclamo del padre para que Jesús impusiera sus manos a la hija muerta, el dejarse tocar por la hemorroísa, el coger de la mano a la niña, son gestos que nos hablan de cercanía, de contacto, de implicación.

No es posible vivir nuestra misión Hospitalaria permaneciendo indemnes o alejados ante la realidad del otro.

Acoger las llamadas de cercanía, especialmente en este tiempo de pandemia en el que debemos reinventar las formas de cercanía, es todo un desafío. Las “distancia social” crea limitaciones que debemos respetar, pero la presencia, la mirada, la palabra… no pueden faltar.

Es preciosa y desafiante la advertencia del Papa Francisco en Evangelii Gaudium: “A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura.” (EG, 270)

 

 

MARTES 7 de Julio  (Mateo 9, 32-38)

 “Jesús recorría las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias.”

 

Para Jesús de Nazaret, el anuncio del Reino va unido a la curación de las enfermedades y dolencias. De alguna manera la salud de las personas con las que se encontraba, se convierte en signo del Reino que predica. La salvación-salud que Jesús propone implica a toda la persona. De ahí que su compromiso no se haya limitado a lo espiritual.

El concepto de salud cristiano está íntimamente ligado al de la “VIDA en abundancia” de la que nos habla el Evangelio de Juan, llegando a toda la persona.  Por eso Jesús no solamente cura, sino que promueve la salud desde esa visión integral. De ahí que la defensa y la promoción de la vida y de la salud sean aspectos íntimamente ligados a la evangelización.

La Hospitalidad tiene aquí su lugar, actualizando el compromiso de sanación-salvación de Jesús y siendo, al interno de la Iglesia, testimonio y memoria de identidad. No hay Iglesia, no hay Reino, sin la vivencia de la hospitalidad presente en tantas comunidades y congregaciones sanitarias. En ello se juega el ser y el deber ser de la Iglesia.

 

 

MIÉRCOLES 8 de Julio  (Mateo 10, 1-7)

 Proclamad que el Reino está cerca. “

Estamos ante el catálogo de los doce apóstoles. Algunos muy cercanos e incondicionales, otros muy aferrados a las tradiciones judaizantes y Mateo, que era un publicano.

La diversidad estaba presente en aquel primer grupo de seguidores pero a todos les confía la misma misión:            La misión les unió. La misión les definió como apóstoles del mismo maestro.

Ser desde y para la misión es lo que genera identidad y pertenencia en la vivencia del don bautismal.  No es la sangre ni las simpatías, ni las cosmovisiones. Es la misión que viene incluida “en el paquete” de la identidad bautismal. El Papa Francisco no se cansa de recordarnos esta dimensión misionera del “ser cristiano”.

  

 

JUEVES 9 de Julio  (Mateo 10, 7-15)

“Id y anunciad… sanad… resucitad…limpiad… expulsad demonios…”

¿No parecen palabras dirigidas a quienes hemos abrazo el carisma Hospitalario?

Junto al entusiasmo que puede generar el vernos identificados con el envío están las advertencias: dar gratis, no centrarnos en los recursos, compartir la paz sin jamás perderla. Es el cómo de la misión y ahí podemos detenernos, contemplar y contemplarnos.

Nos hemos dado un “código ético” de la Hospitalidad en la definición de los valores corporativos. Hoy el Evangelio nos recuerda otros no menos importantes: la gratuidad en la entrega, el no confundir los medios con los fines, el no perder la paz…

 

  

VIERNES 10 de Julio  (Mateo 10, 16-23)

“Todo el mundo os odiará por causa mía…”

El compromiso no siempre encuentra la aprobación de quienes nos rodean. Ante todo porque una vida coherente se convierte en denuncia radical frente a la desidia, la incompetencia, la pobreza ética… Y eso molesta y genera procesos de autodefensa que suelen desembocar en la crítica gratuita y destructiva.

Al referirse al amor como “actitud raíz” de la Hospitalidad, el Marco de Identidad nos recuerda que “su manifestación hospitalaria es un talante positivo y esperanzado, bondadoso y paciente para asumir y responder, no sin sacrificio, a las dificultades propias de nuestro servicio”.

El Papa Francisco nos recuerda que la persecución no sólo viene de fuera, sino que muchas veces también se instala al interno de las comunidades cristianas. “La mundanidad espiritual lleva a algunos cristianos a estar en guerra con otros cristianos que se interponen en su búsqueda de poder, prestigio, placer o seguridad económica.” (EG, 98)

 

SÁBADO 11 de Julio  (Mateo 19, 27-29)

“… ¿qué nos va a tocar?”

La exégesis de este texto suele centrarse en la recompensa que el Señor da a quienes lo dejan todo para seguirlo, es decir a quienes abrazan la vida consagrada o la sacerdotal, superando la lectura material de la promesa por una de plenitud espiritual y escatológica.

Sin embargo estas palabras pueden aplicarse a toda persona que opta por orientar su vida desde el mensaje y el encuentro personal con Jesús de Nazaret, no sólo a la vida consagrada.

Desde una lectura integral del Evangelio es legítimo interpretar que todo seguimiento lleva implícito un camino de fidelidad que conlleva no pocas renuncias. El seguimiento no es posible si priorizamos los afectos y las riquezas.

Asumir un proyecto de vida evangélico nos pondrá en no pocas disyuntivas. La resolución de las mismas pasa por “dejarlo todo”, por ser capaces de renunciar a aquellas expresiones del tener, el poder y el querer, que nos alejan del proyecto abrazado.

La promesa es un tener, un poder y un querer plenos en Dios.  Religiosas y seglares estamos llamados a vivir desde estas certezas nuestro discipulado. No se trata por tanto de renuncias que empobrezcan sino que están orientadas a una plenitud jamás soñada. Esa es la promesa.