XIX SEMANA TIEMPO ORDINARIO: 9 al 15 de agosto de 2020

DOMINGO 9 de agosto  (Mateo 14, 22-33)

Señor, sálvame”.

¡Qué breve y qué bonita plegaria la de Pedro!  

El Señor le invita a dar el paso hacia el vacío, el paso ilógico de caminar sobre las olas embravecidas. Pedro se lanza pero el contexto no podía ser peor. Sintió miedo y empezó a hundirse. Entonces brotó de sus labios, y de lo profundo de su corazón, aquel grito esperanzado: “Señor, sálvame”.

Como Pedro hemos dado el paso del seguimiento del Señor y como él sentimos  que a veces nos hundimos, que las circunstancias son demasiado duras.  Pero el Señor nos conoce bien.  Sabe de nuestro entusiasmo, nuestra ilusión, nuestras ganas de seguirle. Al mismo tiempo, asume nuestras debilidades. Porque no siempre es fácil vivir en clave de evangelio las realidades familiares, comunitarias, laborales, sociales…

Estamos invitados a lanzarnos, a caminar sobre “olas embravecidas”, contando siempre con la ayuda del Señor. Él no nos faltará.

 

 LUNES 10 de Agosto  (Juan 12, 24-26)                                                          SAN LORENZO

 “Si un grano de trigo no cae en tierra y muere, seguirá siendo un grano único.”

Todo proyecto de vida tiene su precio. Cuanto más sublime, más vida reclama. Podríamos decir que la medida de nuestra entrega es proporcional a la misión que abrazamos. Los resultados también mantienen esa relación. Una vida centrada en las propias necesidades no deja rastro alguno. Por lo contrario, una vida expandida en la entrega, se multiplica.

Pero la muerte no genera vida por sí misma. Solamente lo hace cuando es fruto de un proyecto que opta radicalmente por dar vida. Así sucedió en Jesús de Nazaret, así continúa sucediendo en quienes le siguen.

 

 

MARTES 11 de Agosto  (Mateo 18, 1-5.10.12-14)                                             SANTA CLARA

 “¿Quién es el más importante? 

Frente a la tendencia por acaparar poder y prestigio, Jesús presenta la centralidad de los “pequeños”. Los discípulos, como buenos hijos de su cultura, consideraban el poder como la herramienta fundamental para instaurar ese nuevo modelo ético y social que les presentaba el Maestro y que tanto les entusiasmaba.

Una vez más Jesús les desconcierta y les habla que los más importantes, en este Reino de fraternidad, son los más pequeños.

Este cambio de perspectiva es evangélicamente identitario pero continúa siendo un “debe” en la vivencia institucionalizada de la fe cristiana. Por todas las rendijas se nos cuelan los deseos y las concreciones de sistemas de poder que elevan a unas personas sobre otras, opacando y, en no pocas ocasiones, negando radicalmente la opción por los pequeños y alejados.

La Hospitalidad nos invita a asumir este evangelio con radicalidad. Desde sus fuentes, el carisma fundacional se orienta desde esta opción por los más abandonados entre los abandonados. Ellos son los pequeños.

 

 

MIÉRCOLES 12 de agosto  (Mateo 18, 15-20)

 “Lo que atéis en la tierra… lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo”

 La Palabra se inscribe en el llamado “discurso eclesiástico”, donde el Señor se refiere a la humildad de quien sirve, a la gravedad del escándalo, a la búsqueda de la “oveja perdida”, al perdón y la corrección fraterna.

Hoy nos invita a reflexionar sobre ese ministerio (servicio) tan difícil del corregir a quien “peca”, a quien no hace el bien. Señala todo un itinerario que va desde el diálogo personal a la denuncia pública. Y si el hermano no cambia, entonces debe ser tratado como un publicano…

Son palabras desafiantes para quien acompaña y muy duras para el que, siendo acompañado, no quiere cambiar.

Finalmente el texto hace referencia a la mediación sacramental del perdón. Un texto clave en la instauración del sacramento de la reconciliación. ¡No deja de ser una misteriosa mediación! ¡La misericordia de Dios, mediatizada en el perdón ministerial!

No han faltado posturas de poder en torno a este sacramento. Basta pensar en el uso y abuso de las indulgencias y sus pesadas cargas morales y finanicieras…

Hoy el Papa Francisco insiste en la dimensión gratuita, abundante y misericordiosa de Dios. Frente a esa verdad de fe (de un Dios que es ante todo Amor), está el difícil y cotidiano esfuerzo de acompañarnos unos a los otros para ser fieles a la voluntad de Dios en nuestras vidas.

 

JUEVES 13 de Agosto (Mateo 18, 21-19,1)

“¿Cuántas veces le tengo que perdonar?

El perdón constituye una dimensión básica en nuestras vidas. Da respuesta a los desequilibrios que normalmente se dan en las relaciones interpersonales.

Perdonar puede implicar un largo recorrido de objetivación y ascesis personal. Ver con serenidad la verdad, reconocer las inconsistencias que están detrás de nuestros sentimientos de ofensa, de ira, de venganza, comprender al otro en sus propios procesos, aceptarlo y aceptarnos, dejarnos sanar, asumir el lento camino de reconciliación del corazón.

El perdón es uno de los rostros que tiene la misericordia, actitud y valor central en la vivencia de la Hospitalidad.

 

 VIERNES 14 de Agosto  (Mateo 19,3-12)

“Lo que Dios ha unido no debe separarlo el ser humano.”

El camino es “estrecho”, el mensaje no deja resquicios: optar por la indisolubilidad o bien por la continencia. Leer e interpretar este texto desde el contexto cultural en el que nos movemos resulta, como mínimo, complicado y comprometedor. La postura de Jesús es transparente pero de difícil “digestión” para un pensamiento tolerante que ronda lo permisivo, desde una ética que llamamos humanista pero que puede esconder no pocos eufemismos.

Si alzamos la mirada y nos permitimos contemplar esta exigencia evangélica, sin enredarnos en los compromisos emocionales, descubrimos no pocos valores objetivos: la fidelidad y la perseverancia, afrontando y superando las dificultades del camino, son oportunidades de crecimiento personal, familiar, comunitario… El “tirar la toalla” no parece ser muy consistente con el mensaje del nazareno.

La misericordia con quienes no han podido sostenerse es la respuesta que no puede faltar.

 

 SÁBADO 15 de Agosto  (Lucas 1, 39-56)                                      ASUNCIÓN DE MARÍA A LOS CIELOS

 “María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá…”

El texto de Lucas nos habla de mujeres, de personas agraciadas, de encuentro y hospitalidad. María sale deprisa llena de alegría para llevar el don de sí misma y el don de Dios que la habita. No es una hospitalidad vacía sino plena.

Isabel se alegra por la servicialidad de su prima y Juan siente la “cercanía de Dios” en la solicitud de María. Intuye ya por dónde anda el Señor.

Hoy podemos preguntarnos si somos buena noticia, si somos causa de alegría, de paz, de bienestar… para los demás.

Para ello es preciso ponernos en camino… Dejar los ámbitos de seguridad y de comodidad, asumir el riesgo de tender una mano, de estar cercano al necesitado, de ser portadores de ese Jesús con el que nos identificamos y en quien encontramos nuestra plenitud.