XV SEMANA TIEMPO ORDINARIO: 12 al 18 de julio de 2020

DOMINGO 12 de Julio  (Mateo 13, 1-23)

 “Salió el sembrador a sembrar”.

La vivencia del carisma y la misión Hospitalaria puede ser leída desde la parábola del sembrador. La Hospitalidad, como proyecto humanizador y evangelizador, exige ser comunicado, ser compartido, como propuesta.

Su aceptación, los frutos, dependen de la actitud de receptividad, de perseverancia y de control de las propias resistencias.

No es un don para unos pocos privilegiados. Es para todos y en la siembra debemos asumir que, desde el misterio de la libertad, los frutos serán desiguales o inexistentes.

¡Cuántas veces frenamos el impulso misionero implícito en el carisma, negando así que la semilla nazca y dé frutos en abundancia!

Salgamos, salgamos a sembrar Hospitalidad, salgamos a sembrar Evangelio. Los frutos… los dejamos en el corazón de Dios, sin pretensión alguna.

 

 

LUNES 13 de Julio  (Mateo 10, 34-11,1)

“… no he venido a traer paz, sino guerra…”

Una vez más, en pocos días, el Evangelio nos vuelve a presentar este texto, a primera vista tan polémico. Hay que avanzar en su lectura y hacer una exégesis desde la perspectiva de toda la Buena Noticia para entrar en la didáctica provocadora del maestro. ¡Claro que lo que Él nos ha traído es la paz! Pero no la paz de la indolencia, de la falta de compromiso y de ilusión, del “dolce far niente”… Sino la paz como fruto de una coherencia siempre buscada, aunque no siempre lograda.

La guerra es ante todo con nuestras propias inconsistencias. Con esas debilidades que nos humanizan al tiempo que nos divinizan, porque en ellas es el mismo Dios quien nos hace fuertes. Por eso san Pablo llegó a gloriarse en su debilidad…

Pero la guerra también puede ser con el contexto. Con todo lo que nos separa del proyecto bautismal. Y es en este ámbito donde nos podemos encontrar con el rostro de personas que, siendo amadas, reclaman la fuerza de aquel que no vende su identidad al precio del reconocimiento emocional… ¡Todo un desafío!

 

  

MARTES 14 de Julio  (Mateo 11, 20-24)

 “Si en Sodoma y en Gomorra se  hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti…”

El Evangelio nos invita a ser responsables ante los dones del Señor. Repasar con la mente y el corazón su presencia en nuestras vidas es una manera de afianzar nuestro caminar en Él.

La advertencia  a Tiro y Sidón nos llega a cada uno de nosotros. ¿Qué hemos hecho con los dones de Dios? De alguna manera esta lectura nos lleva a la lectura del domingo pasado y nos ubica en la actitud de la tierra que acoge o rechaza la semilla.

Recuerdo que, siendo adolescente, una de mis mayores preocupaciones era justamente el recibir tanta formación religiosa, tanta ayuda en mi crecimiento personal.  Me decía a mí mismo: “Lo mejor sería no saber nada de todo esto…” Porque una vez reconocida la luz es imposible pactar con las tinieblas. Entonces viene “la guerra”, de la que nos hablaba Mateo en el evangelio de ayer, o la renuncia…

Un día más el Evangelio nos habla de lo exigente que resulta todo discipulado. Es bueno, y necesario, releer con serenidad el camino del Señor en cada uno de nosotros. Darle gracias por tantos dones y pedirle nos siga llevando de su mano para no hacernos dignos del reproche a Tiro y a Sidón.

 

 

MIÉRCOLES 15 de Julio  (Mateo 11, 25-27)

 “Te alabo Padre porque has mostrado estas cosas a los sencillos.”

Los altos niveles de profesionalización exigidos para un desarrollo de calidad de los servicios que prestamos, ¿nos alejan del perfil de la “gente sencilla” del evangelio, nos vuelven prepotentes y ciegos?

La sabiduría de la sencillez puede darse tanto en el  gran intelectual y profesional como en la persona que no ha podido formarse pero que acrisola una profunda conciencia crítica ante la vida. Ambos son los “pequeños” de los que nos habla hoy el Evangelio.

Abrirse a la Palabra exige apertura y capacidad para cuestionar nuestras propias certezas, cualquiera sea nuestro perfil académico-profesional.

 

 

 JUEVES 16 de Julio  (Mateo 11, 28-30)

“Venid a mi todos los que andáis agobiados y cansados”.

¡Vaya Señor! Creo que habrá “overbooking” en la demanda…

La vorágine del hacer, dando a cada actuación las notas de calidad que nos exigimos o que nos exigen, se ha impuesto en nuestras vidas. Y en este tiempo de pandemia, nuestro mundillo socio-sanitario se ha visto y se sigue viendo envuelto en altos niveles de exigencia…

¿Qué significa ir a Jesús con nuestros cansancios y nuestras sobrecargas? Ante la prepotencia de “poder con todo”, Jesús nos invita a sosegar nuestro ímpetu, a optar por una vida serena, conociendo nuestras limitaciones y debilidades y obrando en consecuencia.

Ello no significa ignorar las exigencias de la vida, sino asumirlas desde una actitud de sosiego y realismo. Estamos ante una demanda evangélica de gran actualidad.

 

 

VIERNES 17 de Julio  (Mateo 12, 1-8)

“Quiero que seáis compasivos…”

Frente a un pueblo atado a innumerables normas Jesús antepone la misericordia, como criterio básico de comportamiento.

Debemos admitir que vivimos una cultura marcada por la competitividad, el individualismo, el juicio rápido y temerario sobre todo y sobre todos.

Necesitamos optar decididamente por ser más bondadosos. Ello no nos quitará objetividad. ¡Todo lo contrario!

Cualificar nuestras relaciones interpersonales pasa por cultivar actitudes de comprensión, por saber callar ante lo que no comprendemos, por tener cautela en la emisión de una opinión, por comprender las circunstancias, asumiendo las debilidades propias y ajenas.

Pero… ¡no somos ángeles! De cuando en cuando,  se nos escapa el timón y actuamos de manera impulsiva. Seamos misericordiosos con nosotros mismos… Todo es cuestión de retomar la andadura las veces que sea necesario.

 

SÁBADO 18 de Julio  (Mateo 12, 14-21)

“… se confabularon para matar a Jesús.”

Hacer el bien implica correr riesgos, ponerse en evidencia, ser blanco de la crítica de quienes no nos estiman o no comprenden nuestro modo de ver y obrar.

Jesús nos muestra el camino de una fidelidad sin estridencias. “Los curó a todos, mandándoles que no le descubrieran”.

Esta actitud se opone a toda forma de exhibicionismo. Implica mucho valor y capacidad de adaptación ante la adversidad sin claudicar ni bajar los brazos ante la crítica o la incomprensión.

¡Cuánto bien realizan esas personas que, desde una callada coherencia, construyen día a día la Hospitalidad!