CUARTA SEMANA DE CUARESMA: 14 AL 20 de marzo de 2021

DOMINGO 14 de marzo (Juan 3, 14-21)                                                                                  LAETARE

“Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.”                  

Muchos hemos crecido con una visión moralista desde la que consideramos buena o mala a una persona según sus obras. Y solemos poner como referencia de esa bondad o maldad al mismo Evangelio.

Deberíamos releer con atención el texto de hoy para darnos cuenta que no hay nada más lejano al Dios de Jesús de Nazaret que esta intencionalidad de juicio moralEn Dios, la misericordia siempre va por delante. ¿Y en nosotros?

El no enjuiciar a las personas no implica una pérdida de conciencia moral, ni una renuncia al discernimiento, también evangélico, de las actitudes y acciones, tanto propias como ajenas.

La lectura transversal de la Palabra (“Por sus frutos los conoceréis…”), nos invita a distinguir lo bueno de lo malo, sin por ello enjuiciar a las personas, o lo que es peor, sin por ello “descartar” a quien obra el mal. ¿Qué implica sumarnos al plan redentor de Jesús de Nazaret? La opción por “salvar”, tiene la delantera, +ante la tendencia a enjuiciar, condenar, descartar…

 

 LUNES 15 de marzo (Juan 4, 43-54)

“Creyó y se puso en camino”.

Estamos ante una constante en la acción taumaturga de Jesús: siempre reclamó una proclamación explícita de la fe y el compromiso de la persona beneficiada.

En el campo de la fe todo es don y conquista al mismo tiempo. Nuestro Dios potencia el desarrollo de nuestras capacidades y no propicia dependencias o un sentido fantasioso e irresponsable ante la vida. ¡Todo lo contrario!

El hecho  que todo sea don y que, al mismo tiempo, todo reclame nuestro compromiso, se convierte en criterio de vida para los cristianos.

Así lo ha recogido la sabiduría popular: “A Dios rogando… y con el mazo dando.” O la famosa sentencia de Ignacio de Loyola: “Haz las cosas como si todo dependiera de ti y confía en Dios como si todo dependiera de él”

 

 MARTES 16 de marzo (Juan 5, 1-16)

“¿Quieres curarte?”

No es frecuente que Jesús ofrezca la sanación de forma tan directa. La petición y el condicionante de la fe suelen estar siempre presentes. En este caso, ni una cosa, ni la otra. Al menos explícitamente.

Jesús que ve a aquella persona enferma en medio de la multitud, se acerca  y le ofrece la salud, inspira una actitud básica del agente de pastoral de la salud: el salir al encuentro de las personas necesitadas y comprometernos con ellos. Y en ellos, encontraremos el rostro herido del Señor.

Es necesario dar voz a quienes ni siquiera saben demandar. Responder y ofertar. Dos caminos de la misión del agente de pastoral de la salud que deben complementarse.

El Papa Francisco nos recuerda: “…si nos atrevemos a llegar a las periferias, allí lo encontraremos, él ya estará allí. Jesús nos primerea en el corazón de aquel hermano, en su carne herida, en su vida oprimida, en su alma oscurecida. Él ya está allí.” (GE, 135)

 

 

MIÉRCOLES 17 de marzo (Juan 5, 17-30)

 “Os aseguro que el Hijo no puede hacer nada por su propia cuenta.”

Estamos ante un texto esencial para comprender la espiritualidad del Hijo y la espiritualidad de sus seguidores.

No hay evangelización si no se parte de un profundo encuentro con el Padre. Un encuentro que crea intimidad e identificación, que nos afianza en la actitud de ser y sentirnos enviados.

El sentido evangelizador de la Pastoral de la Salud necesita nutrirse de esa intimidad con el Padre. En ella  y por ella surge la necesidad de ser testigos de su misericordia. Sólo desde esa intimidad-identificación podemos decir: No hacemos nada que no veamos hacer al Padre.

 

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JUEVES 18 de marzo  (Juan 5, 31-47)

“Juan Bautista era una lámpara… estuvisteis dispuestos a alegraros por breve tiempo con su luz.”

Con la misión eclesial que hemos abrazado nos puede pasar lo mismo que le sucedía a los judíos en relación con Juan el Bautista. “Gozar un instante de su luz”, sentirnos a gusto con las propuestas, con la misión, sin llegar a un tocar nuestro corazón en profundidad. No dar el paso de la identificación con Jesús, no comprometernos como constructores y actualizadores de la presencia de Jesús entre las personas afectadas por la enfermedad. .

Quedarnos en el plano de las buenas ideas, y quizá de las buenas intenciones, sin dejarnos tocar en nuestras actitudes, en nuestros proyectos vitales. Y si estas actitudes se dan en quienes estamos llamados a ser portadores de esa luz recibida, ¡cuánta pobreza en la evangelización! Francisco nos recuerda al respecto:  “… una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie.” (EG, 266)

 

VIERNES 19 de marzo (Mateo 1, 16.18-21.24a)        SAN JOSÉ ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA

“… no quiso denunciarla públicamente.”

En este AÑO DE SAN JOSÉ, la celebración de su fiesta tiene una densidad particular. Como señala el Papa Francisco, “la grandeza de san José consiste en el hecho de que fue el esposo de María y el padre de Jesús.”

El texto del evangelio de Mateo nos presenta a san José como “PADRE DE LA ACOGIDA” Ante lo incomprensible del embarazo de su prometida no entró en la demanda de explicaciones, sino que optó por acoger.

La actitud de San José con María rompió con los moldes culturales del “ojo por ojo” y dejó establecidas nuevas pautas de actuación.

José fue un “hombre justo”. Pero desde un concepto de justicia diferente,  que pasa por el respeto, la tolerancia, la prudencia, la comprensión, la confianza, la amabilidad y hasta el silencio cuando las circunstancias resultan incomprensibles. La justicia en Dios tiene el rostro de la acogida incondicional.

 

 

SÁBADO 20 de marzo (Juan 7, 40-53)

“Lo que ocurre que todos estos (los que creían en Jesús) no conocen la ley, son unos malditos.”

Según los sacerdotes y fariseos la creencia del pueblo en Jesús tenía un solo fundamento: su ignorancia. Ningún experto podía aceptar el mesianismo de aquel predicador itinerante.

Al parecer esta postura no ha perdido actualidad. No son pocos los que consideran que la fe cristiana es incompatible con los avances del conocimiento y esta lectura también se hace presente en nuestros centros.

Dar razón de nuestra fe, promover el diálogo fe y cultura, reivindicar el rol terapéutico de la espiritualidad, resulta pastoralmente fundamental, sabiendo que la fe siempre despertará la sospecha de los “sabios”…

Esto no quita que tengamos un gran desafío de cara a “dar razón de nuestra fe”, frente a los embates de la Modernidad. Pero seguramente las respuestas no pasarán por la razón “pura y dura”, sino por el testimonio de vidas plenas, inspiradas en “la locura de la cruz”, en lo incomprensible de un Dios crucificado.