QUINTA SEMANA DE CUARESMA: 21 al 27 de marzo de 2021

DOMINGO 21 de marzo (Juan 12, 20-33)

“Si un grano de trigo no cae en tierra y muere, seguirá siendo un grano único.”

Todo proyecto de vida tiene su precio. Cuanto más sublime, más vida reclama. Podríamos decir que la medida de nuestra entrega es proporcional a la misión que abrazamos. Los resultados también mantienen esa relación.

Una vida centrada en las propias necesidades no deja rastro alguno. Por lo contrario, una vida expandida en la entrega, se multiplica.

Pero la muerte no genera vida por sí misma. Solamente lo hace cuando es fruto de un proyecto que opta radicalmente por dar vida. Así sucedió en Jesús de Nazaret, así continúa sucediendo en quienes le siguen.

¿Puedo afirmar que mi proyecto de vida, aquello por lo cual estoy entregando mi vida, está en sintonía con la propuesta de Jesús de Nazaret?

 

LUNES 22 de marzo (Juan 8, 1-11)

“El que esté sin pecado…”

Jesús invita a quienes le tienden una trampa a ir a lo profundo. A no quedarse con la hojarasca de la norma, a contemplar al otro desde la empatía y desde la autoconciencia. Sabe que solamente desde ahí es posible la misericordia.

Nos toca vivir un contexto cultural marcado por el pluralismo donde conviven posturas muy dogmáticas, cercanas quizá a la de los maestros de la ley y los fariseos, pero donde también encontramos el extremo del “todo vale”, de la “indiferencia”, de la falta de compromiso en la construcción de una ética social, tan necesaria como urgente.

La pandemia ha dado un sacudón tremendo al paradigma del individualismo y la indiferencia. Si alguien enferma, todo su contexto puede enfermar. Si el contexto está enfermo, yo puedo enfermar.

Vivimos un tiempo donde la misericordia hacia el otro pasa por la conciencia de la propia debilidad. No son momentos para señalar con el dedo a los culpables. Las normas se hacen trizas frente a la urgencia del compromiso samaritano y misericordioso.

 

MARTES 23 de marzo  (Juan 8, 21-30)

“El que me ha enviado está conmigo. No me ha dejado solo…”

El dolor está presente en nuestras vidas. Cada noticiero nos revela el rostro más amargo de la pandemia, con cientos, miles de personas contagiadas y el triste y solitario final de quienes no pueden superar la enfermedad.

Buscamos sentido a tanto si sentido.  Jesús de Nazaret nos brinda una clave: abandonarnos en las manos del Padre, confiar en la VIDA sin dejar de reconocer y sentir los aguijones de la muerte. En definitiva, integrar el dolor, no como un valor en sí mismo, sino como un camino de humanización. ¡Cuán lejos estábamos de ese sentido de finitud, de debilidad!

La certeza que tiene Jesús de la presencia de su Padre ante los momentos de dolor que se acercaban no le libra de sentir la soledad más absoluta en el momento de su muerte.

Recordemos su angustiosa pregunta…”¿Por qué me has abandonado?” Y es que ambas vivencia están presentes y se repiten en nuestras vidas. ¡Cuántas personas estarán ahora repitiendo la misma y dolorosa queja al Padre!

La certeza de la fe no nos libra de la humana condición. Al mismo tiempo nos sostiene en la misteriosa contradicción del dolor.

 

 

MIÉRCOLES 24 de marzo (Juan 8, 31-42)

“Vosotros no conocéis a mi Padre. Yo sí le conozco.”

Contemplamos la fuerza testimonial de Jesús jugándose la vida en el anuncio de la Buena Nueva. Podría haberse callado la boca para no alentar la ira de sus enemigos. Pero prefirió la dura libertad de la verdad.

Desde esta misma actitud, multitud de sus seguidores han sabido – y saben– jugarse la propia vida en el anuncio y el testimonio de la Buena Nueva. ¡Cuántos AGENTES DE PASTOAL DE LA SALUD se juegan en el encuentro con los más débiles cumpliendo con su misión samaritana en nuestra iglesia!

El Papa Francisco en Evangelii Gaudium nos recuerda: “El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora.”

No buscamos ser mártires, sino fieles hasta el final al llamado vocacional: ser el rostro de la misericordia de Dios en el mundo del dolor, de la enfermedad, de la pandemia que nos aqueja…

 

 

JUEVES 25 de marzo   (Lucas 1, 26-38)                                      ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

  “Ahora vas a quedar encinta…”

Junto a la resurrección, la Encarnación constituye el criterio teológico-pastoral de mayor trascendencia en orden a comprender el cristianismo.

A partir de la Encarnación del Hijo de Dios en María, la humanidad, con todas sus luces y sombras, se convirtió en espacio teológico en el que Dios se manifiesta.  Por la Encarnación todo lo humano puede plenificarse de manera insospechada.

Debemos reconocer que este camino de encuentro con un Dios encarnado no nos resulta fácil. Especialmente cuando esta encarnación asume formas diferentes a las que nos son propias. Buscamos la exclusividad, la uniformidad desde nosotros…

Como nos recuerda el Papa Francisco, “No haría justicia a la lógica de la encarnación pensar en un cristianismo monocultural y monocorde. Si bien es verdad que algunas culturas han estado estrechamente ligadas a la predicación del Evangelio y al desarrollo de un pensamiento cristiano, el mensaje revelado no se identifica con ninguna de ellas y tiene un contenido transcultural.”

El Dios encarnado en María, desafía nuestra capacidad de hacerlo presente en las más diversas realidades.

 

 

VIERNES 26 de marzo (Juan 10, 31-42)

“Volvieron a coger piedras para tirárselas…”

Contemplamos a Jesús en una situación límite de persecución. Su persona y sus palabras continúan levantando pasiones. ¿Podemos decir con Él “si no creéis en mis palabras, creed en mis obras?

Sin crear falsos opuestos, el discipulado de Jesús de Nazaret prioriza la vivencia sobre la conceptualización. Esto nos recuerda la afirmación de Pablo VI en “Evangelii nuntiandi”, retomada por Juan Pablo II y el mismo papa Francisco: “También en esta época la gente prefiere escuchar a los testigos: «tiene sed de autenticidad […] Exige a los evangelizadores que le hablen de un Dios a quien ellos conocen y tratan familiarmente como si lo estuvieran viendo».” (EG, 150)

Y recordemos que, por el bautismo, todos somos misioneros, evangelizadores… No es una misión exclusiva para la vida sacerdotal o consagrada, es una misión bautismal. Es desde la plataforma de una iglesia bautismal que surgen todos los ministerios (servicios). Entre estos ministerios, el laical se incorpora desde una “mayoría de edad” que les implica e implicará cada vez más en la misión evangelizadora. Misión que acarreará no pocas persecuciones… Estamos tras las huellas del maestro.

 

 

SÁBADO 27 de marzo (Juan 11, 45-57)

 “Allí se quedó con sus discípulos…”

Los sacerdotes y fariseos habían decidido darle muerte. Jesús, ante la gravedad y trascendencia de los hechos que se avecinaban, sintió la necesidad de afianzarse en el cariño de sus discípulos.

No es posible vivir el Evangelio en solitario. Necesitamos encontrarnos con quienes compartimos los mismos sueños. Vivir en cristiano es vivir en comunidad. Es crear tiempos para compartir proyectos y fortalecer lazos. El individualismo no es compatible con una vida en clave pascual.

“…los discípulos del Señor son llamados a vivir como comunidad que sea sal de la tierra y luz del mundo. Son llamados a dar testimonio de una pertenencia evangelizadora de manera siempre nueva. ¡No nos dejemos robar la comunidad!” (EG, 92)

Como seglar o como religiosa, ¿qué hago para crear espacios de comunidad donde compartir y fortalecer la fe, la misión?