SEMANA SANTA: 28 de marzo al 3 de abril de 2021

DOMINGO 28 de marzo (Marcos 14,1-15,47)                                            DOMINGO DE RAMOS

 “¡Crucifícalo!”

Todo discipulado exige comulgar con un proyecto, compartir un sueño y ser capaces de asumir sus consecuencias. Las respuestas “a medias” terminan en componendas que vuelven poco creíble el proyecto que decimos abrazar.

No hay discipulado sin “pasión”. Y este concepto debemos asumirlo en la doble acepción de sufrimiento y de entusiasmo.

No es posible seguir al Nazareno sin pasión por su persona y su mensaje. Tampoco es posible sin asumir la presencia del dolor, la incomprensión, las traiciones propias y ajenas…

  

LUNES 29 de marzo (Juan 12, 1-11)                                                                   LUNES SANTO

“… entonces los jefes de los sacerdotes decidieron matar también a Lázaro.”

El testimonio de Lázaro era motivo de adhesión y de rechazo.

Una vida evangélicamente coherente nos da sentido de pertenencia, de plenitud, pero también acarrea incomprensión y hasta persecución.

El discipulado nos llena de vida nueva (como a Lázaro) al tiempo que nos compromete, nos hace blanco del ataque de quienes no aceptan a Jesús y su Evangelio.

Una expresión privilegiada del estilo de vida de Jesús es la misión que asumimos como agentes de pastoral de la salud.  Ser testigos de este amor misericordioso en las concreciones del carisma y la misión nos puede dar tantas alegrías como contrariedades.

 

MARTES 30 de marzo (Juan 13, 21-33.36-38)                                                         MARTES SANTO

“… me negarás tres veces.”

En la experiencia de discipulado podemos vernos ante la posibilidad de traicionar nuestras opciones. No solamente ante la posibilidad, sino ante la constatación de andar por caminos distintos a los prometidos.

Entonces nos enfrentamos a las opciones de Judas y de Pedro: desentendernos de nuestra propia conciencia o asumir con dolor nuestras debilidades y reemprender el camino.

Ser discípulos no implica ser indemnes ante el mal, sino tener la capacidad de reconocerlo en nuestras vidas y volver, una y mil veces, a retomar los criterios y las acciones que nos legó Jesús de Nazaret.

La pandemia nos ha puesto frente a nuestras pobrezas más radicales. El orgullo de creernos dominadores de toda la realidad, las diferencias escandalosas en la posesión de los bienes, los egoísmos corporativos… A la vez, esta conciencia de debilidad nos da la ocasión de cambiar, de corregir el rumbo, de ser mejores personas… Podemos hacer como Judas y “ahorcarnos” en nuestras inconsistencias, o llorar nuestros pecados y cambiar…

 

 MIÉRCOLES 31 de marzo  (Mateo 26, 14-25)                                                      MIÉRCOLES SANTO

“¿Qué estáis dispuesto a darme, si os lo entrego?”  (Mateo 26, 14-25)

La pregunta que Judas hace a los sumos sacerdotes describe el porqué de su traición. Quería algo a cambio. La suya no fue una entrega fundada en ideas opuestas o en una posible fidelidad a la religión profesada y defendida por los sacerdotes. Hubieran sido motivos con cierto grado de altruismo. No, la suyo fue un intercambio de favores con el enemigo. Tú me das, yo te doy, y cada uno por su lado.

Conocemos el final. Aprisionado en su pesar, Judas quiso desandar el camino de la traición pero sus aliados circunstanciales rechazaron la devolución del botín y su arrepentimiento. El traidor, terminó siendo traicionado, cumpliéndose en él la antigua fórmula de la ley del Talión: quien a hierro hiere, a hierro muere.

Reflexionar el drama de la vida y la muerte de Judas implica ser conscientes que ninguno de los seguidores actuales de Jesús de Nazaret estamos libres del paradigma conductual que lo llevó a la perdición. Confundir los medios con los fines no es algo del pasado.

El dedo acusador se puede transformar en un puño cerrado que da golpes de arrepentimiento sobre el propio pecho…

 

JUEVES 1 de abril   (Juan 13, 1-15)                                                                   JUEVES SANTO

 “… también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.”

La Hospitalidad es escuela de amor. Las personas a las que atendemos en muchas ocasiones no manifiestan reciprocidad alguna frente a nuestros cuidados.

En esas circunstancias el amor está llamado a purificarse de motivaciones secundarias y adquirir su más alta expresión: la gratuidad.  Sí, podemos aprender a amar desde la Hospitalidad.

En este día del amor fraterno, examinemos si la actitud de servicio desinteresado, pautado por la sencillez, está en el centro de nuestro modo de ser Hospitalario.

“El verdadero amor siempre es contemplativo, nos permite servir al otro no por necesidad o por vanidad, sino porque él es bello, más allá de su apariencia: Del amor por el cual a uno le es grata la otra persona depende que le dé algo gratis.” (EG, 199)

Hoy, ante el cuadro sanitario en el que nos encontramos por la pandemia del COVID-19, ese amor a las personas atendidas implica, además, asumir riesgos para la propia vida y la de nuestras familias.  En estas circunstancias, el amor samaritano y Hospitalario adquiere su dimensión más incondicional.

 

VIERNES 2 de abril  (Juan 18, 1-19,42)                                                                  VIERNES SANTO

Desde pequeños nos enseñaron a contemplar a Jesús crucificado en quienes sufren. Como si la presencia sacramental de Dios adquiriera una densidad específica en aquellas personas cuyas biografías están marcadas por el dolor.

Junto a Jesús de Nazaret continúan multiplicándose los crucificados por un dolor que tiene mil caras y que siempre, siempre… resulta incomprensible.

Habrá causas, pero nunca razones inapelables. El misterio se hace presente con la misma rotundidad de la angustia. ¿Por qué Padre? ¿Por qué a mí? ¿Por qué a los míos? ¿Por qué a ellos? ¿Por qué así? ¿Por qué ahora? ¿Por qué de esta manera y sin certezas?

Si no estamos dispuestos a asumir el misterio del dolor, no seremos capaces de asumir el proceso pascual, presente en todas nuestras vidas.

Vivimos un “viernes santo” universal, marcado por una pandemia que se reinventa y parece no tener fin…  Jesús sigue crucificado y clama por su abandono… Que sepamos vivir la entrega en las manos del Padre.

 

 

SÁBADO 3 de abril  (Marcos 16, 1-7)                                                               SÁBADO SANTO

¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?

Ante el misterio de la muerte sólo cabe el silencio y la hondura de una serenidad siempre buscada y ofrecida. Una paz del alma ante la cual enmudecen las preguntas, para respirar en Dios.

Somos sanadores heridos, como tantos y tantas que desde la misión del agente de pastoral de la salud  se hacen presentes en el dolor ajeno sin dejar de sentir en sus carnes las mismas penas.

Será por este calado del misterio que el Sábado Santo está marcado por el silencio. Un silencio activo que nos permite atisbar respuestas que ninguna respuesta es capaz de abarcar.

Silencio creatural, silencio desde las limitaciones, silencio esperanzado porque la piedra del sepulcro, finalmente, será removida…