PASCUA DE RESURRECCIÓN TIEMPO PASCUAL: 4 al 10 de abril de 2021

DOMINGO 4 de abril (Juan 20, 1-9)                                               PASCUA DE RESURRECCIÓN

 “Hasta entonces no habían entendido las Escrituras”

Hoy es el día de las respuestas más esperadas. La Magdalena, Juan y Pedro nos anteceden en la experiencia de ver que el sepulcro está abierto y el Señor no está entre los muertos. ¡Vive!

Entonces, y sólo entonces, el corazón de estos tres discípulos se abrió a la esperanza. Descubrieron que la persecución, las mentiras, la traición, el dolor, la soledad, la muerte… no eran sino sementera dolida de una VIDA EN PLENITUD. Aún no habían visto al maestro, pero creyeron.

En ese primer momento de discipulado estamos todos, hasta ver al Señor cara a cara.

La pandemia nos recoloca en esa situación de incertidumbre que compartieron los primeros discípulos después de la trágica muerte del Maestro. ¿Cómo abrirnos a la ESPERANZA PASCUAL cuando los signos de muerte se multiplican a nuestro alrededor?

La PASCUA DE RESURRECCIÓN nos convoca a un MAYOR COMPROMISO CON LA VIDA. A unirnos, a superar la indiferencia, ante este “desafío histórico”. Ese es el llamado que nos hace el Papa Francisco y que resuena por el mundo entero.

 

 LUNES 5 de abril (Mateo 28, 8-15)

 «… id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

¡No está en su sepultura! ¡Vive! ¡Lo hemos visto! ¡Cuántas sensaciones encontradas, cuánta alegría!  Se nos ha aparecido en el camino y nos ha dicho que volváis a Galilea, que allí lo veréis… Aquellas mujeres no cabían en su asombro y felicidad. Las palabras les quedaban cortas para expresar lo que habían visto y oído.

Jesús las contiene en sus emociones y les da un mensaje lleno de simbolismos: sus discípulos podrán rencontrarlo en Galilea.

Galilea era la tierra de origen. En el poblado de Nazaret había crecido el Señor, junto a María y a su padre José, el carpintero. Allí había escogido a los doce. Galilea nos habla de lo cotidiano, lo conocido, lo de todos los días.

Acababan de vivir días tremendamente excepcionales y desconcertantes. El Maestro les invita ahora al rencuentro sereno en Galilea.

Pasadas las fiestas pascuales el Evangelio parece decirnos que el Señor nos espera desde la cotidianeidad. La llamada se centra en encontrar al Señor presente en las circunstancias y personas con las que tejo mi historia ordinaria.

Esta espiritualidad de la encarnación del resucitado en lo cotidiano nutre e ilumina el carisma como agentes de Pastoral de la Salud.

 

 MARTES 6 de abril (Juan 20, 11-18)                                                       

 “Vio a Jesús que estaba allí, pero no lo reconoció”

La resurrección nos invita a descubrir la realidad con una nueva mirada. Desde ella y en apariencias inesperadas podemos encontrar al Resucitado.

Quizá en las personas con las que vivimos, en quienes atendemos en nuestros centros, en aquellos que consideramos nuestros adversarios, en los más débiles, sin duda…

Reducir las fiestas pascuales a una sucesión de ritos puede ser una farsa, una negación a esa VIDA que Cristo nos trajo y que se hace presente de formas insospechadas. Estamos llamados a limpiar nuestra mirada para ver al Resucitado en tantos signos de vida que nos rodean.

¡Qué desafío más hermoso nos regala la Pascua! Re-aprender a mirar desde la mirada del Resucitado. Des-aprender a mirar con nuestros ojos tan limitados en sus miradas…

 

 MIÉRCOLES 7 de abril (Lucas 24, 13-35)

 “Le reconocieron al partir el pan…”

El encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús es considerado una pieza clave para comprender la pedagogía de Dios. Los discípulos volvían a su pueblo con una profunda sensación de derrota. Jesús se acerca y se pone a andar con ellos. Como le había sucedido a María, no son capaces de reconocerle. No cabe en sus mentes la posibilidad de la resurrección. La muerte había sido tan cruenta, tan definitiva…

Jesús simplemente se convierte en un compañero casual del camino. Esta actitud de ir al encuentro del otro y caminar con él se nos presenta como una de las claves evangélicas del carisma Hospitalario.

No es sencillo dejar nuestras prisas y proyectos para entrar en la realidad del otro, darnos el espacio necesario para caminar junto a él, desde su realidad y en su dirección.  Todo requiere TIEMPO y en esa dinámica se nos hace difícil “estar con”, “acercarnos al caminar del otro”, “ponernos a su lado y andar juntos”, acogerlo dándole y dándonos ese regalo…

 

JUEVES 8 de abril (Lucas 24, 35-48)

“…testigos”

La resurrección era difícil de asumir, imposible de comprender… Jesús tiene que empeñarse a fondo para confirmar a sus discípulos en la gran novedad de la Pascua. “La paz con vosotros”, “No tengáis miedo.” “Soy yo, mirar mis manos y mis pies…” “Palpadme y ved…” “Dadme de comer…”

¿Sería real lo que estaban viviendo?  Termina esta cita evangélica con una exhortación que es a la vez un mandato: “Vosotros sois testigos de estas cosas”.

Vosotros, con vuestros temores e incredulidad, vosotros que me habéis dejado solo en el momento más duro de mi vida, vosotros que estáis pensando en el final de un sueño, de un proyecto que os llenó el corazón pero que se os vino abajo al verme muerto en la cruz.

No sólo tenéis que creer y entender, sino además ser portadores de esta gran noticia en “todas las naciones”. Jesús deposita toda su confianza en un grupo de hombres y mujeres desconcertado, temeroso, inseguro.

Prolonga así la opción por la encarnación, asumiendo con todas sus consecuencias la humanización del Reino.  Hombres y mujeres marcados por sus propias contradicciones fueron los depositarios y testigos primeros de la vida-mensaje de Jesús de Nazaret.

Y Dios continúa optando por cada uno de nosotros y nos repite como a sus discípulos: “Vosotros sois testigos de estas cosas.”  

 

VIERNES 9 de abril (Juan 21,1-14)

“…los discípulos no sabían que era Jesús…”  

Siempre me he preguntado el por qué les resultaba tan difícil saber que se trataba de Jesús. Qué había cambiado para que ni María, ni los discípulos de Emaús, ni los demás apóstoles fueran capaces de identificar inmediatamente a su maestro resucitado.

Al parecer ya no importan los rasgos y las condiciones humanas sino sus obras, caracterizadas siempre por ser signos de fraternidad.

Se trata de esa nueva presencia del resucitado que rompe los condicionamientos físicos y se basa en las actitudes, en los hechos.

Y es que Jesús nos espera en los rostros más diversos de todas las personas constructoras de fraternidad. Como nunca antes, la comunidad adquiere una entidad fundamental en la vivencia de la fe. Los cristianos no somos creyentes en solitario, sino que estamos llamados a vivir y expresar nuestra fe en el seno de una comunidad.

Crecer en el sentido de pertenencia es una clara llamada que deriva de la Pascua del Señor Jesús. Y toda comunidad necesita liderazgo, función poco menos que aborrecida o temida, pero más necesaria que nunca.

 

SÁBADO 10 de abril (Marcos 16, 9-15)

“Proclamad a todos la buena noticia”

El anuncio de la Buena Nueva no resulta sencillo en nuestro contexto cultural general y en el Hospitalario en particular.

La diversidad de espiritualidades y credos, el respecto por la diversidad entendido como “silenciamiento de la propia identidad”, los límites de carácter legal… son variables que nos desalientan a la hora de proclamar “a todos”… nuestra fe.

Es evidente que no podemos hacer proselitismo religioso con una población cautiva que acude a nosotros con fines sanitarios. Al mismo tiempo, nuestra identidad eclesial es esencialmente evangelizadora.

Debemos asumir nuevas formas, respetuosas de la diversidad, atentas al momento de cada destinatario, sensible ante el rechazo o la indiferencia… pero nunca debemos renunciar al desafío de anunciar la “buena noticia”. Para ello es preciso reforzarnos en nuestra identidad bautismal y carismática, crear caminos de encuentro con la diversidad y de profundización en la fe hecha vida en los creyentes.