SEGUNDA SEMANA DE PASCUA: 11 al 17 de abril de 2021

DOMINGO 11 de abril (Juan 20, 19-31)                       DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

 “Estaban los discípulos en una casa”.

Los discípulos estaban preocupados. No terminaban por vencer el miedo que se les había metido en el cuerpo al ver a su maestro apresado, condenado y ajusticiado. A pesar de todo supieron mantenerse unidos. Así les encuentra Jesús. Les transmite la paz y les reafirma en la fe.

No existe otra forma de seguir al Nazareno que no sea “en comunidad”. Sin embargo, a veces se impone entre nosotros la cultura del “aislacionismo”. La fragilidad en los vínculos interpersonales está presente en todos los ámbitos: el familiar, el laboral, el social en sentido, el eclesial…

El Papa Francisco nos recuerda: “La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad…” (EG, 88)

“Estar juntos en una casa” implica valorar y trabajar activamente por la construcción de espacios comunitarios donde cultivemos y vivamos la fe en el Resucitado.

La etapa de pandemia, que se prolonga más de lo esperado, nos ha hecho tomar conciencia de la importancia que tiene el encuentro, el compartir, es estar unidos. Algo que dábamos por descontado, y quizá por ello optábamos, en ocasiones, por alejarnos de lo comunitario.

Estamos ante una oportunidad para relanzar nuestro compromiso por un discipulado desde esa “casa común”, donde compartimos nuestra identidad bautismal.

           

 

LUNES 12 de abril (Juan 3, 1-8)

 “El viento sopla donde quiere…”

La llamada a Nicodemo mantiene su vigencia y provocación. Resulta mucho más sencillo crear estructuras estables, modelos de conducta establecidos, criterios de funcionamiento inamovibles a someternos a la acción del Espíritu que “sopla donde quiere”.

No menos cierto es que necesitamos convenir y acordar ciertos “modelos de funcionamiento”. Éstos serán válidos para reforzar y dar coherencia a un estilo de vida, pero se convertirán en un obstáculo se nos hacen perder la frescura del Espíritu, la capacidad de atender a este viento que sopla donde quiere y que nos pone en una dinámica de continua renovación.

Jesús nos convoca a entrar en una dinámica de fidelidad creativa constante.

 

 MARTES 13 de abril (Juan 3, 7b-15)                                                       

 “Hablamos de lo que sabemos…”

Jesús dialoga con Nicodemo. Comprende que le resulta muy difícil entenderle. Está demasiado atado a sus conocimientos sobre las escrituras y no logra “encajar” todas las piezas…

Jesús le invita a nacer de nuevo, a dejarse interpelar por su testimonio, que tiene como fuente lo que, como Hijo, ha vivido junto al Padre.

Cuando hablamos de vivir nuestra vocación bautismal, de dar vida en nosotros al carisma de la Hospitalidad “desde sus fuentes”, no podemos obviar el encuentro con Dios en la palabra y la vida del Hijo.

“Nacer de nuevo”, desde la propuesta original de un Dios Padre que en el Hijo se ha hecho nuestro hermano, implica, ante todo, conocer, saber de qué estamos hablando…

Beber de la fuente primera, que no es otra que el encuentro con el Dios de los Evangelios. Solamente así hablaremos “de lo que sabemos”, seremos capaces de reprender el camino cuando nos internemos por senderos equivocados.

 

 

MIÉRCOLES 14 de abril (Juan 3, 16-21)

 “Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.”

¡Qué urgente se hace el Evangelio de hoy en nuestras vidas! Estamos rodeados por una cultura cargada de paradojas. Por un lado la ética del “todo vale… mientras tú lo sientas…”, por otro el enjuiciamiento constante y sin compasión a todo aquel que piense o viva de manera diferente a la nuestra o a la del grupo en cuestión… La permisividad, de la mano de la intolerancia…

La Palabra, el mensaje de Jesús es claro al respecto.  Estamos en camino. La plenitud aún no la alcanzamos. Tenemos fallos y no podemos exigirnos una perfección en las intenciones y en la coherencia de vida.

Esa verdad no nos convoca al conformismo o al victimismo. Todo lo contrario. Estamos llamados a mantener viva la tensión para superar las limitaciones. Estamos llamados a caminar, a no renunciar a la plenitud a la que nos llama la vocación bautismal.

Entre la polarización del juicio inmisericorde y la desidia o la permisividad, está la vocación del caminante que, sabiéndose débil, no renuncia a caminar hacia la meta…

           

 

JUEVES 15 de abril (Juan 3, 31-36)

“… el que viene del cielo está por encima de todos…”

Jesús manifiesta su autoconciencia como Mesías a fin de afianzar la frágil adhesión de sus seguidores y de denunciar la terquedad de quienes le rechazaban visceralmente.

Hay regiones de nuestro mundo donde hacer pública la identidad cristiana puede costar la propia vida. Pero, ¿qué ocurre con nosotros, habitantes de una región del mundo que se considera tolerante y plural? ¿Cómo debemos manifestar nuestra identidad?

No se trata de imponer, ni de despreciar al diverso. Se trata de “ser”, de no esconder la propia identidad. En este sentido el Papa Francisco señala los desafíos a superar: “Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma. De ahí que haya que postular un tercer principio: la realidad es superior a la idea. Esto supone evitar diversas formas de ocultar la realidad: los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los nominalismos declaracionistas, los proyectos más formales que reales, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría.”  (EG,231)

 

 

VIERNES 16 de abril (Juan 6, 1-15)

 “Al alzar Jesús la mirada…”

Necesitamos levantar la mirada y ver. Alzarnos sobre las circunstancias inmediatas y ver. ¿Ver qué? Ver hacia dónde vamos, ver ese río subterráneo que orienta nuestras vidas y la de quienes nos rodean.

Jesús captó el hambre de la gente, ¿y nosotros?

Levantar la mirada para ver implica capacidad de escucha, tener sueños que cumplir, creer en nuestras posibilidades.

San Benito Menni supo alzar la mirada, vio a mujeres enfermas mentales desatendidas y dio una respuesta.

El punto de partida es arriesgarnos a ver lo que ocurre a nuestro alrededor. ¿Somos conscientes de las cegueras que nos autoimponemos o de las que nos imponen desde fuera?

 

 

SÁBADO 17 de abril (Juan 6, 16-21)

“Jesús caminaba sobre el lago y se acercaba a la barca.”

Cuando el Papa Francisco ofrecía la bendición “Urbi et Orbi”, el domingo 4 de Abril, quizá nos quedamos sorprendidos ante la descripción de tantas guerras, calamidades, penurias… en las que se encuentra nuestro mundo.

El Papa se ha hecho portavoz de noticias que muchas veces se silencian. Evitamos ver la tragedia humanitaria presente en muchos rincones del planeta.

¿Acaso no estamos viviendo tiempos difíciles, con el “mar alborotado” y sufriendo la “noche” del desencuentro?

Nos consuela la certeza de no estar solos. Jesús, el Resucitado, presente en los crucificados de nuestro mundo, “camina sobre las olas” de ese mar embravecido, se hace cercano y nos invita a la esperanza.

Es en Él que debemos y podemos vislumbrar que la VIDA puede más, que la ESPERANZA pascual está reclamando una mirada samaritana ante el dolor.