CUARTA SEMANA DE PASCUA: 25 de abril 1º de mayo de 2021

DOMINGO 25 de abril (Juan 10, 1-10)    JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

“El pastor… camina delante de ellas.”

Vivimos tiempos en los que todo tipo de autoridad se encuentra bajo sospecha. Todos nos sentimos con capacidad para cuestionar, a veces con crueldad, a quien detenta el servicio de “caminar por delante…”

Ello ha llevado a que se abandonen las certezas, se pacte con el “todo vale”, se ignoren las orientaciones seguras y bien fundadas. En nombre de una necesaria personalización en los procesos conductuales se ha renegado de los referentes, del servicio de quien acompaña los procesos de fidelidad tanto personales como comunitarios.

Ciertamente en todos los ámbitos sociales se necesitan personas que “caminen delante”, que marquen rumbo, que indiquen por dónde están esos “verdes prados” en los que podemos encontrar fuerzas y renovación. ”Pastores” cuyo anuncio sea coherente con sus vidas. No se trata de “mandar a caminar”… sino de “caminar delante…” Sólo desde el testimonio, el servicio de la autoridad se vuelve auténtico y necesario.

           

 

LUNES 26 de abril (Mateo 5, 13-16)

“… una lámpara no se enciende para taparla.”

Ante la tendencia cultural que nos invita a un anonimato cómodo, el Evangelio nos sale al paso y nos invita a ser luz y sal.

La observación final del texto que reflexionamos toca de lleno el aspecto motivacional: no se trata de hacernos evidentes para reivindicarnos ante los demás sino de ser puentes para el encuentro de cuantos nos rodean con el Dios de los evangelios.

Ser sal y luz no es entrar en una especie de exhibicionismo, por más espiritual y digno que parezca. Implica un discipulado cargado de rotundidad y profunda sencillez.  El Papa Francisco nos recuerda en Christus Vivit que:  “Ser apóstol no es llevar una antorcha en la mano, poseer la luz, sino ser la luz […].” (CV, 175)

 

 MARTES 27 de abril (Juan 10, 22-30)

“Vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas”.

No sólo se trata de escuchar, de entender la Palabra. Se trata de querer seguirle. De confiar, de ponernos en camino tras sus huellas…

Para los judíos el dilema era más conceptual que vital. Por ello no fueron capaces de entender el mensaje. No estaban dispuestos a reconocer en aquel nazareno que tanto cuestionaba sus vivencias religiosas, al Mesías prometido y anunciado por los profetas.

No es posible asentar el discipulado sólo en la aceptación de “ideas”. Es necesario el encuentro, el conocer al pastor y dejarse conocer por él.

Parafraseando al Papa Francisco podemos recordar que los pastores deben tener “olor a oveja”, y también decir que quienes les siguen deben tener “olor a pastor”. Es decir, deben conocerle, deben compartir tiempos con él, deben “reconocer su voz…” Y esta dinámica supera ampliamente el ámbito de la lógica conceptual.

No hay seguimiento posible sin esta intimidad con el “pastor”.

  

MIÉRCOLES 28 de abril (Juan 12, 44-50)

“… no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo.”

No es sencillo aceptar a los demás sin emitir juicio de valor sobre su pasado o su presente.  ¡Cuántas biografías destrozadas nos encontramos a diario dentro del mundo del sufrimiento psíquico, justamente porque se sienten condenadas por su pasado!

La aceptación no implica aprobarlo todo como bueno. Significa entrar en una dinámica de comprensión misericordiosa, reconociendo la originalidad de cada persona y los avatares de su vida, evitando proyectar nuestra propia escala de valores, reconociendo en el otro su dignidad esencial como ser humano y como hijo de Dios.

Debemos recordar que sólo quien se siente aceptado incondicionalmente es capaz de asumir su realidad e iniciar un proceso de cambio, de sanación y salvación.  No hay otro camino.

Cada uno de nosotros cuenta con esa consideración positiva fundamental de Dios sobre nuestras personas y estamos llamados a asumir esa misma actitud en nuestras relaciones interpersonales.

No juzgar no significa ser ingenuo, sino misericordioso, como Dios es misericordioso.

 

 

 JUEVES 29 de abril (Mateo 11, 25-30)

 “Mi yugo es suave y mi carga ligera.”

El Evangelio nos habla hoy de la sencillez como exigencia en el seguimiento de Jesús. En un contexto cultural en el que todo se cuestiona y todo adquiere valor en tanto en cuanto es convincente para la persona, la llamada del Evangelio a asumir con sencillez el mensaje de Jesús nos pone fuera de la pretendida sapiencia de quien todo lo quiere controlar con la razón.

El profundo misterio pascual que celebramos en este tiempo litúrgico violenta el pseudo-cientificismo con el que pretendemos controlarlo todo. (Y la realidad, que es tozuda, nos demuestra nuestra impotencia con un pequeño virus que está poniendo todo patas para arriba…)

¿Quién puede decir que Jesús VIVE si no es desde la fe, desde el abandono confiando en el testimonio del mismo Resucitado y sus primeros discípulos?

La humildad del corazón es la condición necesaria para vivir en la fe un hecho tan desconcertante como maravilloso.

En la Resurrección se centra el sentido más profundo de la reconciliación entre Dios y cada uno de nosotros. Jesús dio su vida para darnos VIDA, para decirnos que el Padre nos ama incondicionalmente, para asegurarnos que el mal, los cansancios, las dificultades en el seguimiento, no tienen la última palabra. Por eso… porque Él resucitó, su yugo termina siendo suave y su carga ligera.

Hoy Jesús nos manifiesta la bondad de Dios en su relación con nosotros. El DIOS BUENO que nos acompaña y aligera la carga. Sintamos su presencia en estos tiempos de “sobrecarga”, tanto laboral, como emocional…

  

VIERNES 30 de abril (Juan 14, 1-6)

“Señor, no sabemos a dónde vas…”

Jesús es el camino, la verdad y la vida. Lo hemos leído y reflexionado cientos de veces, pero en cada recodo de nuestra vida la llamada tiene un color, una insistencia, una luz particular.

Social y comunitariamente vivimos tiempos marcados por la incertidumbre y, en ocasiones, por la angustia que de ella se deriva. Una situación que se alarga en el tiempo y que va adquiriendo nuevos perfiles, todos ellos preocupantes.

También en esas situaciones, Jesús continúa presentándose como camino, verdad y vida. De nosotros depende buscarlo e integrarlo en el diario vivir, o perderemos el rumbo. La referencia para el encuentro sigue siendo su Palabra. Así nos lo recuerda el Papa Francisco:

“Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual. En realidad, toda auténtica acción evangelizadora es siempre «nueva».” (EG, 11)

Jesús (el “logos”, la Palabra), es el camino.

 

SÁBADO 1 de mayo (Juan 14, 7-14)

“El que cree en mí, hará las obras que yo hago…”

La fe hecha vida se proyecta como anuncio convincente.   Es más… no hay anuncio posible sin esta coherencia buscada, entre fe y vida. Como afirma el Papa Francisco: “Esto tiene un valor pastoral.  También en esta época la gente prefiere escuchar a los testigos: «tiene sed de autenticidad […]” (EG, 150)

Ello no implica ser inmaculados, sino comprometernos a crecer en el camino del Evangelio, sin desistir ante las caídas. Por eso la coherencia es siempre “buscada”, aunque no siempre lograda, sabiéndonos profundamente amados por Dios, seguros de que “su amor tiene siempre la última palabra”.

En esta jornada mariana, pidamos a nuestra “madre buena”, que nos aliente en el camino, que nos haga sensibles a las llamadas cotidianas que el Señor nos hace desde la Palabra.