Liturgia Pascua del enfermo. 9 mayo 2021

Liturgia Pascua del enfermo. 9 mayo 2021

 CAMPAÑA DEL ENFERMO 2021

 

   “Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23, 8)

Cuidémonos mutuamente

 

La Campaña del enfermo se inicia el 11 de febrero y concluye en VI Domingo de Pascua (9 de mayo). El Tema propuesto por el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral para la próxima Jornada Mundial del Enfermo del 11 de febrero de 2021 es: “Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23, 8), como lema para la campaña, en sintonía con este tema elegimos: “Cuidémonos mutuamente”.

El Papa San Juan Pablo II, el 13 de mayo de 1992, quiso instituir esta Jornada Mundial del Enfermo y que se celebre cada año el 11 de febrero, día en que celebramos la memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes. En la Carta con ocasión de la institución de la Jornada Mundial del Enfermo, nos explica la elección de la fecha de esta Jornada Mundial y su objetivo.

Así como escogí el 11 febrero de 1984 para publicar la carta apostólica “Salvifici doloris” acerca del significado cristiano del sufrimiento humano (…) considero significativo fijar esa misma fecha para la celebración de la Jornada mundial del enfermo. En efecto, ‘con María, Madre de Cristo, que estaba junto a la cruz, nos detenemos ante todas las cruces del hombre de hoy’ (Salvifici doloris, 31). Y Lourdes, uno de los santuarios marianos más queridos para el pueblo cristiano, es lugar y, a la vez, símbolo de esperanza y de gracia en el sentido de la aceptación y el ofrecimiento del sufrimiento salvífico”.

La campaña tiene como objetivo:

  • “Sensibilizar al pueblo de Dios y, por consiguiente, a las diferentes instituciones sanitarias católicas y a la misma sociedad civil, ante la necesidad de asegurar la mejor asistencia posible a los enfermos”
  • “Ayudar al enfermo a valorar, en el plano humano y sobre todo en el sobrenatural, el sufrimiento”.
  • “Hacer que se comprometan en la pastoral sanitaria de manera especial las diócesis, las comunidades cristianas y las familias religiosas”.
  • “Favorecer el compromiso cada vez más valioso del voluntariado”.
  • “Recordar la importancia de la formación espiritual y moral de los agentes sanitarios”.
  • “Hacer que los sacerdotes diocesanos y regulares, así como cuantos viven y trabajan junto a los que sufren, comprendan mejor la importancia de la asistencia religiosa a los enfermos”.

 

 

Líneas fundamentales de la Campaña

El lema central de la Campaña de este año es: “Cuidémonos mutuamente”, con el tema bíblico Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23, 8). “Nunca como ahora hemos sido llamados a darnos cuenta de cuánto la responsabilidad personal es un bien para todos. Quien acepta las reglas y el comportamiento necesarios para defenderse del contagio contribuye a limitarlo para los demás” (Carta del Abad General OCist para el tiempo de epidemia, 15-III-2020).

  1. Esperamos que esta Campaña del Enfermo nos ayude a tomar conciencia de la mutua responsabilidad y la necesidad de cuidarnos y acompañar la soledad en tiempos difíciles, siendo creativos y responsables.
  2. La relación interpersonal de confianza es fundamento de la atención del enfermo. El proceso asistencial al enfermo no es únicamente un servicio profesional, algo que se realiza con un espíritu de servicio, un deber, sino que se convierte más bien en algo natural, fisiológico, en ayudar al otro, que es un hermano. Con mayor razón, puesto que se trata de una ayuda que no es solo física, sino también psicológica y espiritual, porque se dirige a la persona del hermano en su totalidad. Hay que volver a proponer aquella igualdad que existe, entre quienes necesitan ser atendidos y quienes les asisten. Una asistencia que se convierte así, en un testimonio de las relaciones fraternas que se deberían establecer en el ámbito de la Iglesia, con el objetivo de la curación. En el ámbito de la pastoral de la salud, incluso si ya no hay ninguna posibilidad de que el cuerpo mejore, se puede siempre actuar y aspirar a una curación. De hecho, la curación no solo significa recuperación física, sino que también significa la pacificación psicológica, la fe, la fuerza interior, el valor, la fuerza moral. es decir, la capacidad de no ir a la deriva, aunque el cuerpo se esté desmoronando (cf. Propuesta para la Jornada Mundial del Enfermo 2021, Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral).
  3. Pueden ayudar algunas afirmaciones del Papa Francisco en las Catequesis con motivo de la pandemia:
  • “La pandemia sigue causando heridas profundas, desenmascarando nuestras vulnerabilidades. Son muchos los difuntos, muchísimos los enfermos, en todos los continentes. (…) Por eso debemos tener bien fija nuestra mirada en Jesús (cfr. Hb 12, 2) y con esta fe abrazar la esperanza del Reino de Dios que Jesús mismo nos da” (5 de agosto de 2020).
  • “Ante de la pandemia y sus consecuencias sociales, muchos corren el riesgo de perder la esperanza. En este tiempo de incertidumbre y de angustia, invito a todos a acoger el don de la esperanza que viene de Cristo. Él nos ayuda a navegar en las aguas turbulentas de la enfermedad, de la muerte y de la injusticia, que no tienen la última palabra sobre nuestro destino final” (26 de agosto de 2020).
  • “La pandemia ha puesto de relieve lo vulnerables e interconectados que estamos todos. Si no cuidamos el uno del otro, empezando por los últimos, por los que están más afectados, incluso de la creación, no podemos sanar el mundo. (…) El coronavirus no es la única enfermedad que hay que combatir, sino que la pandemia ha sacado a la luz patologías sociales más amplias. Una de estas es la visión distorsionada de la persona, una mirada que ignora su dignidad y su carácter relacional. A veces miramos a los otros como objetos, para usar y descartar. En realidad, este tipo de mirada ciega y fomenta una cultura del descarte. (…) Pidamos, por tanto, al Señor que nos dé ojos atentos a los hermanos y a las hermanas, especialmente a aquellos que sufren. Como discípulos de Jesús no queremos ser indiferentes ni individualistas, estas son las dos actitudes malas contra la armonía. Indiferente: yo miro a otro lado. Individualistas: mirar solamente el propio interés. (…) Que el Señor pueda ‘devolvernos la vista’ para redescubrir qué significa ser miembros de la familia humana. Y que esta mirada pueda traducirse en acciones concretas de compasión y respeto para cada persona” (12 de agosto de 2020).
  • “Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente. También debemos apoyar a quienes cuidan a los más débiles, a los enfermos y a los ancianos. Existe la costumbre de dejar de lado a los ancianos, de abandonarlos: está muy mal. Estas personas —bien definidas por el término español “cuidadores”—, los que cuidan de los enfermos, desempeñan un papel esencial en la sociedad actual (…) El cuidado es una regla de oro de nuestra humanidad y trae consigo salud y esperanza. Cuidar de quien está enfermo, de quien lo necesita, de quien ha sido dejado de lado: es una riqueza humana y también cristiana” (16 de septiembre de 2020).

Subsidio litúrgico

Pascua del Enfermo 9 de mayo de 2021

La Iglesia española se acerca tradicionalmente en este domingo, en el seno de sus comunidades parroquiales, al mundo de los enfermos, sus familias y los profesionales sanitarios, así como mostrando el rostro de Cristo curando y acompañándolos.

La Pascua del Enfermo (VI Domingo de Pascua) es el final de un itinerario que se inicia el 11 de febrero, Jornada Mundial del Enfermo. Este año la Campaña, marcada por la pandemia que estamos padeciendo, se centra en el tema: “Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23, 8) y como lema para la campaña, en sintonía con este tema elegimos: “Cuidémonos mutuamente”.

El VI Domingo de Pascua este año 2021 se celebrará el 9 de mayo. Es un día en el que las comunidades parroquiales oran con y por los enfermos y se administra el sacramento de la unción de los enfermos. El Papa Francisco en una Audiencia el 26 de febrero de 2014 nos recordaba algunos aspectos fundamentales sobre la administración de este sacramento:

  • “Antiguamente se le llamaba «Extrema unción», porque se entendía como un consuelo espiritual en la inminencia de la muerte. Hablar, en cambio, de «Unción de los enfermos» nos ayuda a ampliar la mirada a la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, en el horizonte de la misericordia de Dios”.
  • Cada vez que celebramos ese sacramento, el Señor Jesús, en la persona del sacerdote, se hace cercano a quien sufre y está gravemente enfermo, o es anciano. Dice la parábola que el buen samaritano se hace cargo del hombre que sufre, derramando sobre sus heridas aceite y vino”.
  • “Se confía a la persona que sufre a un hotelero, a fin de que pueda seguir cuidando de ella, sin preocuparse por los gastos. Bien, ¿quién es este hotelero? Es la Iglesia, la comunidad cristiana, somos nosotros, a quienes el Señor Jesús, cada día, confía a quienes tienen aflicciones, en el cuerpo y en el espíritu, para que podamos seguir derramando sobre ellos, sin medida, toda su misericordia y la salvación”.
  • “Jesús, en efecto, enseñó a sus discípulos a tener su misma predilección por los enfermos y por quienes sufren y les transmitió la capacidad y la tarea de seguir dispensando en su nombre y según su corazón alivio y paz, a través de la gracia especial de ese sacramento”.
  • “Cada persona de más de 65 años, puede recibir este sacramento, mediante el cual es Jesús mismo quien se acerca a nosotros”.
  • El sacerdote viene para ayudar al enfermo o al anciano; por ello es tan importante la visita de los sacerdotes a los enfermos».
  • “Es siempre hermoso saber que en el momento del dolor y de la enfermedad no estamos solos: el sacerdote y quienes están presentes durante la Unción de los enfermos representan, en efecto, a toda la comunidad cristiana que, como un único cuerpo nos reúne alrededor de quien sufre y de los familiares, alimentando en ellos la fe y la esperanza, y sosteniéndolos con la oración y el calor fraterno”.
  • “Pero el consuelo más grande deriva del hecho de que quien se hace presente en el sacramento es el Señor Jesús mismo, que nos toma de la mano, nos acaricia como hacía con los enfermos y nos recuerda que le pertenecemos y que nada —ni siquiera el mal y la muerte— podrá jamás separarnos de Él”.

 

Monición de entrada

En este VI domingo de Pascua la Iglesia española nos invita a celebrar la Pascua del Enfermo. Una celebración que pone fin a la Campaña del enfermo, iniciada el 11 de febrero con la Jornada Mundial. El tema de esta Campaña: “Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23, 8) y como lema: “Cuidémonos mutuamente”.

Hay muchos hermanos nuestros que experimentan el cansancio y la soledad ante la enfermedad. Pongamos hoy en nuestra oración a todas ellas, especialmente las que conocemos, y pidamos por los que –por tener que cuidar de sus enfermos- no pueden participar en esta Eucaristía. Que Cristo Resucitado nos impulse en esta preciosa misión.

Con alegría y gozo, iniciamos esta celebración (y acogemos también en ella a los hermanos que van a recibir el Sacramento de la Unción).

Liturgia de la Palabra.

  • 1ª Lectura. – Hch 10,25-26. 34-35. 44-48
  • Sal 97,1. 2-3ab. 3cd-4
  1. El Señor manifestó a las naciones su salvación
  • 2ª Lectura. – 1 Jn 4,7-10
  • – Jn 15,9-17

 

 

Rito del Sacramento de la Unción

Imposición de las manos.

El sacerdote/obispo, en silencio, les impone las manos.

Si el óleo está ya bendecido, dice sobre él una oración de acción de gracias:

  1. Bendito seas Dios, Padre todopoderoso, que por nosotros y por nuestra salvación enviaste tu Hijo al mundo.
  2. Bendito seas por siempre, Señor.
  3. Bendito seas Dios, Hijo unigénito, que te has rebajado haciéndote hombre como nosotros, para curar nuestras enfermedades.
  4. Bendito seas por siempre, Señor.
  5. Bendito seas Dios, Espíritu Santo Defensor, que con tu poder fortaleces la debilidad de nuestro cuerpo.
  6. Bendito seas por siempre, Señor.
  7. Mitiga, Señor, los dolores de estos hijos tuyos, a quienes ahora, llenos de fe, vamos a ungir con el óleo santo; haz que se sientan confortados en su enfermedad y aliviados en sus sufrimientos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
  8. Amén.

El sacerdote toma el santo óleo y unge al enfermo en la frente y en las manos, diciendo una sola vez:

POR ESTA SANTA UNCIÓN Y POR SU BONDADOSA MISERICORDIA

TE AYUDE EL SEÑOR CON LA GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO. (Cruz en la frente)

  1. AMÉN.

PARA QUE, LIBRE DE TUS PECADOS, TE CONCEDA LA SALVACIÓN

Y TE CONFORTE EN LA ENFERMEDAD. (Cruz en la palma de las manos)

  1. AMÉN.

Después dice esta oración:

Oremos.

Te rogamos, Redentor nuestro, que por la gracia del Espíritu Santo, cures el dolor de estos enfermos, sanes sus heridas, perdones sus pecados, ahuyentes todo sufrimiento de su cuerpo y de su alma y les devuelvas la salud espiritual y corporal, para que, restablecidos por tu misericordia, se incorporen de nuevo a los quehaceres de su vida. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.]

 

 Oración de los Fieles:

Elevemos nuestra oración a Dios Padre, en quien ponemos nuestra confianza. Lo hacemos por mediación de María, salud de los enfermos, respondiendo:

  1. Señor resucitado, escúchanos.
  • Por la Iglesia: para que acoja en su seno a todas las familias y a sus enfermos; y sea una verdadera familia para los que carecen de ella.
  • Por nuestros hermanos enfermos: para que, experimentando el misterio del dolor, sientan también la presencia cercana y maternal de la Virgen.
  • Por los profesionales, los voluntarios, y todos aquellos que les atienden y cuidan, para que reciban la fuerza de María y se conviertan para nosotros en un ejemplo de acompañamiento.
  • Por todos los religiosos y religiosas, consagrados al servicio de los enfermos y pobres: para que su dedicación y entrega sea reflejo del rostro misericordioso del Padre para quien nos necesite.
  • Por nuestra comunidad cristiana: para que se convierta en hogar y familia para todos, especialmente aquellos que están más solos o no tienen una familia a su lado. Oremos.

Escucha, Padre, nuestra oración y danos tu Espíritu de vida, para que nos mostremos siempre más atentos a las necesidades de nuestros hermanos que sufren y nos comprometamos, sin miedo, a acompañarlos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.