QUINTA SEMANA DE PASCUA: 2 al 8 de mayo de 2021

 DOMINGO 2 de mayo (Juan 15, 1-8)

 “… si sois fieles a mis enseñanzas…”

Lo importante no es entusiasmarnos un día con el Evangelio para dejarlo de lado ante las primeras exigencias.

Nuestra cultura no nos ayuda demasiado. Hoy no se concibe la fidelidad como un valor. Está de moda cierta itinerancia desde un sincretismo donde todo vale. Lo estamos viendo en nuestra sociedad y se está normalizando esta fluctuación constante en las opciones, donde la verdad es la víctima inmolada en favor de otros intereses. (Lo vemos claramente en el mundillo de los políticos, en sus constantes vaivenes… sacrificando la verdad en el “ara” esencial del acceso al poder.)

Lo que ahora es fundamental, mañana ya no lo es. Y no pasa nada… La coherencia es un concepto en desuso…

Es evidente que en tales circunstancias el seguimiento de Cristo resulta no sólo anticultural, sino puede llegar a ser acusado de integrismo o de fanatismo. Puede ser visto como algo un tanto extraño y hasta sospechoso.

Ciertamente la fidelidad a la que nos llama el Señor implica apertura, capacidad de renovación, asumir el peregrinar de la vocación bautismal.

No debemos confundir la fidelidad con la inamovilidad, pero tampoco caer en la levedad de las convicciones, de las opciones centrales de nuestra vida.

SER FIELES, PERMANECER en Jesús, es el condicionante para “dar fruto abundante”.

Pidamos a Nuestra Madre, en este mes de mayo que acabamos de iniciar, que nos lleve de su mano en esta opción de ser condiscípulos de su hijo.

 

 

LUNES 3 de mayo (Juan 14, 6-14)

“Lo que pidáis en mi nombre os lo concederé.”

De pequeños nos enseñaron que si pedimos algo en la oración y no se cumple es porque Dios sabe que, en realidad, no nos conviene. ¡Vaya faena!

¿Cómo va a convenir tanta desolación, tantas injusticias, tanto dolor…?

Algo no encaja… o sí… porque dice Jesús: “El que cree en mí, también hará las obras que yo hago”. O sea que Jesús sigue actuando en sus seguidores, en cada uno de nosotros.

Entonces la pregunta y el desconcierto se transforman en invitación al compromiso. ¿Cómo hacer posible el milagro del bien y la verdad a nuestro alrededor?

Debemos estar dispuestos a actuar lo que pedimos en la oración.

 

 MARTES 4 de mayo (Juan 14, 27-31ª)

 “No os angustiéis ni tengáis miedo.”

La paz y la serenidad no son el resultado automático de la proclamación de nuestra fe en el Señor Jesús.  No por afirmar nuestro credo estamos liberados del temor y la cobardía. Sucedió con los primeros discípulos y continúa aconteciendo en nosotros. ¡Cuántas veces se reitera esta experiencia entre nosotros, entre nuestros compañeros de trabajo… en nuestras familias!

Tememos al dolor, más que a la misma muerte… Ante la amenaza de la pandemia con sus innumerables y peligrosas mutaciones, tememos perdernos y perder nuestros afectos, nuestro contexto de bienestar, nuestros seres queridos, nuestra propia salud…

Las dudas, el miedo, las incertezas… son experiencias que pueden tener sentido cuando dan lugar al abandono en las manos de Dios, desde una conciencia humilde de debilidad. ¡Y vaya si estamos experimentando nuestra humana y humilde condición humana!

Dios es fiel y nos ama incondicionalmente. A partir de ahí, toda debilidad, tanto física como espiritual, es compatible con una vida de fe.

¡Señor creo en Ti, me abandono en Ti, pero aumenta mi fe y dame serenidad en Ti!

 

 MIÉRCOLES 5 de mayo (Juan 15, 1-8)

 “… Permaneced…”

Hoy se nos propone retomar el mismo texto de Juan, del domingo pasado.

Se nos vuelve a presentar la necesidad de asumir que el seguimiento implica cierta estabilidad, fidelidad a nuestra vocación bautismal.

Y, como hemos visto, la fidelidad nos es un valor en alza… Lo cambiante, lo no estable, lo provisional… sí que tiene más predicamento. Se nos presenta como síntoma de vitalidad, de capacidad de adaptación, de libertad interior…

Confundimos la fidelidad creativa, innovadora, con la inestabilidad en las opciones que orientan de base nuestro modo de ser cristianos.

Quizá sea oportuno confirmar nuestro credo esencial. Tener claras esas referencias centrales en torno a las cuales giran las acciones y actitudes de nuestro día a día.

¿Está Jesús, su persona y su mensaje en el centro motivacional de nuestro modo de ser?

 

JUEVES 6 de mayo   (Juan 15, 9-11)

 “Os hablo así para que os alegréis conmigo.”

El papa Francisco ha hecho de la alegría uno de sus temas preferidos. Quizá porque es consciente de la pérdida de ilusión, de entusiasmo, en el interior de la misma Iglesia.

Ciertamente la conciencia de las innumerables expresiones del mal, presentes entre los creyentes y en el corazón de misma jerarquía, no dan motivo para mucha alegría.

Una espesa niebla de temores e inseguridades se ha apoderado de toda la humanidad a raíz de la pandemia que padecemos. ¿Es posible estar alegres en el Señor en medio de estas circunstancias? ¿Tenemos acaso motivos para la alegría?

Es justamente desde esta conciencia de fragilidad, que la Palabra nos da motivos de alegría: “Yo os amo como el Padre me ama a mí.”

Nuestra alegría no es meramente emocional, desde la exaltación de la propia bondad o perfección, o seguridad…

Nuestra alegría reside en sabernos en manos de un Dios que es Padre, que nos ama incondicionalmente. Entonces, aún entristecidos por la presencia del mal, sabremos conservar la serenidad, la paz, la alegría profunda de sentirnos viviendo en la bondad del Padre.

 

VIERNES 7 de mayo (Juan 15, 12-17)

 “Os llamo amigos…”

¿Tengo algún amigo, alguna amiga de verdad? Si no es así, es posible que nuestra vida de fe esté muy empobrecida. Si no soy capaz de cultivar una amistad humana de calidad, tampoco seré capaz de considerar a Jesús como un amigo. De alguna manera se trata de relaciones que se retroalimentan.

La amistad es una clave antropológica que nos impulsa a caminar en utopías compartidas. La utopía de la fraternidad, de la paz, de la justicia, de la verdad, del bien, del cariño incondicional… En y por la amistad los compromisos se refuerzan, se sostienen, se motivan, se iluminan, se disciernen…

Así ha sucedido con el grupo de los primeros seguidores del nazareno, así continúa sucediendo hoy. Si a la comunión en la fe le quitamos el dinamismo de la amistad, terminaremos matándola.

 

SÁBADO 8 de mayo (Juan 15, 18-21)

 “Si el mundo os odia, sabed que a mí me odió primero.”

¿Qué sentido tiene la resurrección si el mal continúa presente, si la adhesión a Jesús y su mensaje se paga con persecuciones y odio?

Estamos ante el misterio de una salvación que, habiendo sido consumada, debe recorrer su camino pascual en cada biografía, incluyendo el viacrucis.

Pero a partir de la primera PASCUA no todo será igual, no. La resurrección de Jesús es la clave que llena de sentido toda contradicción, todo dolor, toda muerte…

A partir de la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, todo proceso de muerte está preñado de vida. Y esa diferencia no es menor. Es radical, esencial, fuente de esperanza cierta.

¡Con cuánta fuerza debemos retomar estas verdades esenciales de nuestra fe, en tiempos de sombras, de incertidumbres, de pérdidas!

El Resucitado es el horizonte final, no la muerte, ni el mal en sus más variadas formas.

Que María nos ayude a interiorizar y vivir esta certeza pascual.