PENTECOSTÉS – VIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO 23 de mayo (Juan 15, 26-27; 16,12-15)                                                       PENTECOSTÉS

“… el Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena.”

En la Palabra de este domingo observamos aspectos esenciales de la pedagogía de Dios: “Muchas cosas me quedan por deciros pero no podéis cargar con ellas por ahora (…); el Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena.”

Respetar al otro en su realidad implica ajustar el contenido del mensaje a su capacidad para comprenderlo y hacerlo vida.  Tanto el saber dar a cada uno lo que es capaz de asimilar como el respetar y alentar los caminos más íntimos de encuentro con la verdad son actitudes centrales y arto difíciles para todo evangelizador. En el respeto por la situación y procesos del otro reside el arte de saber acompañar.

Estaremos entonces respetando esa misteriosa y fecunda acción del Espíritu en la vida de las personas que acompañamos. Nos descentraremos para poner como referente de todo el proceso a la persona en situación. Así lo hizo Jesús de Nazaret con sus discípulos, así nos invita a actuar a cada uno de nosotros.

El acompañamiento continúa siendo un servicio clave en el proceso terapéutico. Tener en cuenta estos principios de la pedagogía de Jesús de Nazaret sin duda nos ayudará a cualificar la vivencia de nuestra misión.

 

 LUNES 24 de junio (Juan 19, 25-34)                                                 MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA

 “Ahí tienes a tu madre.”   

El Señor nos repite, nuevamente, desde su cruz, que hoy se multiplica en millones de personas sumidas en la pobreza y la inseguridad económica, sanitaria, emocional, social… “Ahí tienes a tu madre”.

Es su legado. En nuestras cruces, no estamos solos. Contamos con Nuestra Madre. Recibamos “en nuestra casa” a tan Buena Madre. Abandonémonos en sus brazos y en su corazón.

En ellos encontraremos siempre al Hijo, dispuesto a dar hasta la última gota de “sangre y agua”, de su costado abierto.

Que en el dolor (sangre), no nos falte la presencia del Espíritu (agua), dándonos la abundancia de la vida nueva del Resucitado.

 

 MARTES 25 de mayo (Marcos 10, 28-31)

 “Nosotros lo hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido.”

La respuesta de Pedro al maestro se ha aplicado a la vida consagrada pero no debemos olvidar que la primera comunidad de creyentes era enteramente laical. Y esa identidad, que brota del bautismo, sigue desafiando a todo cristiano.

Cualquiera sea nuestra realidad personal – vida consagrada, laical, sacerdotal – estamos llamados a despojarnos de aquello que nos impide optar por Jesús y su Evangelio.

Tanto en lo personal como en lo institucional es preciso revisar con serenidad y verdad nuestras renuncias y posesiones, analizadas como causas de mayor o menor libertad para vivir en clave de evangelio.

¿De qué debo despojarme para ser más acogedor?

 

 

MIÉRCOLES  26 de Mayo (Marcos 10, 32-45)

“…se les adelantaba; los discípulos se extrañaban…”

Los Doce estaban acostumbrados a ir con el maestro, rodeándolo para escuchar sus enseñanzas. Esta vez el maestro se les adelanta. Podemos descubrir al menos dos actitudes en este gesto: ante todo el señalar resolutivamente el camino y en segundo lugar, tener la capacidad de caminar solo, de establecer una distancia, de no depender del otro.

Quizá podríamos proyectar estas actitudes en todo aquel que intenta vivir a la luz de la Palabra. Necesariamente habrá momentos en los que para no traicionar a la Palabra habrá que apurar el paso y separarse de otros andares que no nos permiten seguir al Señor. .

Se trata de una actitud de fidelidad y al mismo tiempo de testimonio. Un testimonio que suele entrañar la capacidad de soledad, de separación, también frecuente en el proceso de seguimiento.

No siempre tendremos la aprobación, el reconocimiento o el aplauso. Es más, lo normal es que una vida pautada por la Palabra resulte en muchas ocasiones anticultural y moleste a quienes optan por otros estilos.

 

 JUEVES 27 de mayo (Marcos 14, 12ª. 22-25)

“Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre.”

Celebramos hoy la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. La liturgia de la Palabra nos presenta el texto de la última cena.

Quisiera centrarme en la dimensión eucarística que se hace presente cada vez que los seres humanos somos capaces de poner en segundo lugar nuestros intereses personales para presentarnos como servidores de los demás.

Cada vez que así obramos, el “pan y el vino” que alimenta nuestras vidas se convierte en “pan y vino” de vida para los demás.

Esta dimensión horizontal de la eucaristía se refuerza en el encuentro con el misterio eucarístico y al mismo tiempo lo llena de un sentido dinámico y encarnado.

Empobrecemos el fruto de los encuentros eucarísticos si no hacemos de ellos un trampolín que nos haga crecer en fraternidad, en servicio, en actitud de acogida hacia todos, especialmente hacia los menos favorecidos.

Nuestro compromiso como agentes de pastoral de la salud es una manera muy concreta de hacer de cada jornada, un encuentro eucarístico.

 

 VIERNES 28 de Mayo (Marcos 11, 11-25)

 “No encontró más que las hojas…”

La higuera tenía hojas, pero no tenía frutos. El templo era “casa de oración”, pero había pasado a ser “una cueva de ladrones”.

No hay situación más veces denunciada por Jesús que la falsedad, la apariencia, la hipocresía. Y es en esta perspectiva donde encontramos la llamada del texto que hoy reflexionamos. Como el templo de Jerusalén podemos contar con un reconocimiento social, moral, religioso, pero estar lleno de “mercadeos internos”; como la higuera podemos lucir hermosas hojas, pero no tener frutos.

¿Quién puede decir que está totalmente libre de contradicciones? ¡Nadie! Lo importante quizá no sea acogernos a un rigorismo espiritualista con pretensión de perfección, sino sentirnos caminantes hacia el bien y la verdad, reconociendo humildemente nuestras inconsistencias y con la suficiente autocrítica como para ver, aceptar y evitar todo lo que nos aleje del seguimiento de Jesús de Nazaret.

La Palabra hoy nos llama a la autenticidad, como utopía que nos moviliza.

 

 

SÁBADO 28 de Mayo (Mateo 11, 27-33)

“Tampoco yo os diré con qué derecho hago todo esto.”

Resulta extraño ver a Jesús, maestro, negándose a dar una explicación a quien se la pedía.

El texto nos revela un trasfondo de rechazo y enjuiciamiento ciego por parte de sus interlocutores.  En realidad no buscaban la verdad, sino ponerlo a prueba y cuestionar su autoridad.

Jesús pone como condición a la revelación de su verdad, la aceptación emocional. Se trata de una actitud recordada frecuentemente por el Papa Francisco. Todo diálogo debe partir de la aceptación y valoración del otro. ¡Cuán necesaria y urgente se hace esta actitud en todas las esferas de la vida, tanto personal como social!

Vemos a diario el resultado de un pretendido diálogo social, que no es tal. El concepto se ha vaciado de significado y ya no se trata de dialogar sino de imponer, de dominar, de quitarle al otro todo atisbo de verdad.

Pero no nos equivoquemos. Esta actitud no es sólo “de los otros”… Está muchas veces como premisa en quienes pensamos “estar en la verdad”. Desde la actitud excluyente y condenatoria no hay diálogo posible.