X SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 6 al 12 de junio de 2021

DOMINGO 6 de junio (Marcos 14, 12-16.22-26)                              CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

“Esta es mi sangre que va a ser derramada en favor de todos.”

Todo discipulado exige comulgar con un proyecto, compartir un sueño y ser capaces de asumir sus consecuencias. Las respuestas “a medias” terminan en componendas que vuelven poco creíble el proyecto que decimos abrazar.

No hay discipulado sin “pasión”. Y este concepto debemos asumirlo en la doble acepción de la palabra: sufrimiento y de entusiasmo.

No es posible seguir al Nazareno sin pasión por su persona y su mensaje. Tampoco es posible sin asumir la presencia del dolor, la incomprensión, las traiciones propias y ajenas.

De hecho en la eucaristía hacemos memoria de la pasión del Maestro y vivimos con intensidad sin igual su presencia cercana a nuestros andares con sus altibajos… Una presencia que no sólo nos acompaña en lo personal sino que además nos hace UNO, nos regala la posibilidad de ser artífices de solidaridad, de unidad, especialmente con los más abandonados, los descartados…

« ¿Desean honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecien cuando lo contemplen desnudo […], ni lo honren aquí, en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonan en su frío y desnudez» (Fratelli Tutti, 74)

 

LUNES 7 de junio (Mateo 5, 1-12)

“Dichosos los que…”

Las Bienaventuranzas prometen la felicidad a quienes asumen las exigencias evangélicas, al tiempo que manifiestan que no faltarán las contradicciones, las privaciones, la incomprensión, las calumnias y toda clase de persecución.

Debemos reconocer que se trata de una felicidad un tanto atípica, fundada en un sentido de plenitud no incompatible con el dolor que causan las propias contradicciones y/o las de quienes nos rodean.

La felicidad a la que se refieren las Bienaventuranzas no se centra en la ausencia de las dificultades o del dolor, sino en la capacidad espiritual de superarlas desde la certeza de estar viviéndolo todo en esas nuevas claves que Jesús predica y vive: la humildad, la sencillez, el no apego a las cosas, el reconocimiento de las propias miserias, la disponibilidad a servir al más necesitado, la compasión, el compromiso por la paz…

Ese es el proyecto de vida que Jesús deja como legado a sus seguidores, a los “bautizados misioneros”, como nos repite el Papa Francisco.  Por eso, las Bienaventuranzas pueden ser leídas como el gran proyecto pastoral de toda comunidad cristiana.

 

 

MARTES 8 de junio (Mateo 5, 13-16)

  “Alumbre así vuestra luz a los hombres”.

Vivir en positivo el seguimiento implica ser luz para quienes nos rodean. Ello conlleva ponerse en evidencia, salir del anonimato cómodo, asumir un compromiso y un protagonismo del cual, muchas veces, en nombre de una pretendida humildad, preferimos huir.

Desde este principio de “no aparecer” hemos ido, poco a poco, convirtiendo la religión y su vivencia en un tema privado, casi escondido.

Podemos reducir los ámbitos de actuación proactiva del evangelio en espacios intimistas, que camuflan una actitud cómoda y egoísta, cuando lo que hoy urge es que nuestra luz alumbre a los hombres.

El Papa Francisco nos recuerda esta llamada y nos hace una clara advertencia: “Cuando más necesitamos un dinamismo misionero que lleve sal y luz al mundo, muchos laicos sienten el temor de que alguien les invite a realizar alguna tarea apostólica, y tratan de escapar de cualquier compromiso que les pueda quitar su tiempo libre.” (EG, 81)

 

 

MIÉRCOLES 9 de Junio (Mateo 5, 17-19)

 “No penséis que he venido a poner fin a las enseñanzas de los profetas.”

No se trata de abolir, sino de integrar la Ley y los Profetas en la nueva perspectiva de Jesús de Nazaret.  ¡Qué importante es conservar esta visión histórica que hace posible y fundamenta el caminar! Tanto a nivel personal como colectivo o institucional, el pasado debe ser considerado como fuente del presente. Los cambios necesarios se comprenden y asimilan con mayor eficacia cuando “dan cumplimiento” a largos procesos de maduración.

De ahí la importancia de volver siempre a las fuentes para proyectar el presente y el futuro. Es en los orígenes que encontraremos las claves que nos identifican. Unas claves que deben ser leídas desde un contexto diverso. Ahí radica la llamada a la creatividad. La misma que en su tiempo desarrolló Jesús y que tantas incomprensiones le ocasionaron.

 

 

  JUEVES 10 de junio (Mateo 5, 20-26)

“… ve primero a ponerte en paz con tu hermano.”

Perdonar implica asumir una actitud constructiva de aceptación de la persona que me ha ofendido. Ello no es sencillo cuando las heridas son muy profundas.

Dado que Dios no solamente no quiere el mal sino que desea el bien, estamos invitados a comprometernos con el duro proceso de perdonar. Hacerlo de esta manera no es sino entrar en el misterio del dolor redentor de Jesús.

No podemos confundir el perdón y la reconciliación con un proceso de sanación afectiva de las relaciones interpersonales. Es posible estar emocionalmente afectados y, al mismo tiempo, optar por perdonar.

También es probable no encontrar reciprocidad en la búsqueda del encuentro con aquel a quien he ofendido o que me ha ofendido, pero ello no me privará de optar por el perdón, solicitado y donado, desde lo más profundo de nuestro ser.

 

  

VIERNES 11 de junio (Juan 19, 31-37)               Sdo. CORAZÓN DE JESÚS

 “…le abrió el costado con una lanza y al punto brotó de él sangre y agua.”

Hoy es un día grande para la espiritualidad y la misión de los agentes de pastoral de la salud.  Un día en el que estamos invitados a acercarnos a la fuente primera de nuestra vocación.

El Corazón de Jesús nos recuerda que ser agentes de pastoral de la salud implica dar lugar a la compasión, ser sensibles y vulnerables ante el dolor ajeno, optar por “vaciarnos” en nuestra entrega cotidiana.

Unámonos hoy más que nunca en el cariño fraterno y en el deseo de ser constructores de UNA IGLESIA EN SALIDA, siendo personas que nos comprometemos a aprender, día a día, el difícil desafío de amar.

 

SÁBADO 12 de junio (Lucas 2, 41-51)                        INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

“Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón”

Al celebrar esta fiesta mariana, recordamos que el corazón de María es un corazón “con memoria”.

Ella guardaba en su corazón todo lo vivido con su hijo. Y ciertamente el haber perdido a Jesús en Jerusalén fue una experiencia que marcó fuertemente su vida.

No solamente por lo que significa para unos padres el no saber dónde está su niño, sino por lo que vieron y oyeron en el templo.

Con María estaba José y su hijo le habla de otro Padre al que le debe obediencia. La forma en que les habla deja entrever que era un tema conocido por ellos. “¿No sabías que yo debía estar en la casa de mi Padre?”  Si nos ponemos en los sentimientos y pensamientos de José y de María, comprenderemos el desconcierto. Al mismo tiempo la sensación de ir confirmando que no son sino mediadores de la misteriosa presencia de Dios entre los hombres.

¡Con cuánta razón María guardaba estos misterios en su corazón!

María nos invita hoy a asumir, desde el corazón, el misterio, que en tantas formas se hace presente en nuestras vidas. Donde no llega la razón, siempre puede llegar el amor.