XII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 20 al 26 de junio de 2021

DOMINGO 20 de junio (Marcos 4, 35-40)

 

Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?

En medio de la imprevisibilidad, de las amenazas de naufragio, siempre contamos con Dios. Ello implica anteponer la certeza de su presencia al deseo de sentirnos seguros desde el dominio de las circunstancias.

No son pocas las situaciones de zozobra en las que nos podemos encontrar a nivel personal, familiar, institucional, mundial…

“Es verdad que una tragedia global como la pandemia de Covid-19 despertó durante un tiempo la consciencia de ser una comunidad mundial que navega en una misma barca (…) «la tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades.” (Papa Francisco, FT, 32)

En medio de estas “tormentas”, Jesús nos recuerda su presencia.

La advertencia parece subrayar que lo que importa no son las dificultades en sí mismas sino la forma en que nos enfrentamos a ella.

 

 

LUNES 21 de junio (Mateo 7, 1-5)

 “¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?”

Debemos reconocer que no hay nada que comprometa más las relaciones interpersonales que la crítica vivida como descarga emocional y teñida de juicio moral hacia una tercera persona, generalmente ausente.

Sin embargo el origen griego de la palabra “crítica”, hace relación a la capacidad de discernir y vista de este modo, puede ser un excelente instrumento para apoyar a una persona en su búsqueda del bien, de la verdad, de la belleza.

San Mateo nos acerca la reflexión de Jesús de Nazaret que pone como condición la capacidad de autocrítica: “Sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota de tu hermano.” 

No se trata por tanto de proponer un ausentismo cómodo, un “dejar las cosas correr”, sin cultivar una conciencia crítica que haga posible un proceso de mejora en nuestra vida y en la de los que nos rodean.  La crítica constructiva, la claridad en el discernimiento compartido, la sencillez para reconocernos en un constante camino de superación, la capacidad de confrontar al otro para apoyarlo en sus procesos y de dejarnos a  su vez confrontar, conforman un cuadro de actitudes necesarias en la construcción de una comunidad sana y de una vida en paz.

 

 

MARTES 22 de junio (Mateo 7, 6.12-14)                                                                        

 “Es estrecha la puerta y angosto el camino que llevan a la vida.”

¿A quién le agrada entrar por “la puerta estrecha”? Buscamos siempre la mejor relación costo-beneficio.

Esta regla económico-financiera la hemos trasladado a nuestras vidas y se ha convertido en algo así como la regla de oro de la llamada “sociedad del bienestar”.

El “camino estrecho” no será nunca un objetivo en sí mismo sino fruto de una opción en positivo. En el fondo se trata de la presencia de la cruz en nuestras vidas, asumida como consecuencia de una opción definitiva por la VIDA.

¡Cuántas veces dejamos de afrontar las exigencias de una vida en clave de evangelio por no aceptar que el único camino posible es entrar “por la puerta estrecha”!

 

 

 MIÉRCOLES 23 de junio (Mateo 7, 15-20)

“Por sus frutos los conoceréis”

Para los contemporáneos de Jesús de Nazareth no era nada sencillo el discernir dónde estaba lo bueno, lo recto, lo justo. La ley mosaica había derivado en un sinnúmero de normas, de prescripciones difíciles de conocer al detalle y por lo tanto de ser cumplidas. Habían llegado al extremo de considerar que solamente los conocedores de la ley podían presentarse ante Dios justificados. Los demás debían humillarse y considerar que, al menos por omisión, no eran sino pobres pecadores.

Así las cosas, Jesús propone un nuevo paradigma centrado en los frutos de bondad y verdad de cada persona. “Los árboles sanos dan frutos buenos, los árboles dañados dan frutos malos.”  La justificación ya no depende del conocimiento y cumplimiento pormenorizado de la ley sino de los frutos de bondad expresados en la cotidianeidad.

 

 

JUEVES 24 de junio (Lucas 1, 57-60.80)                  NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

“Juan es su nombre”

Celebramos hoy a San Juan Bautista. Con su nacimiento termina el largo proceso de preparación de la venida del Mesías. Juan es el precursor.

Podemos contemplar en Juan la originalidad de su misión y todo lo que ello ha implicado. Una vocación no es solamente una función sino que tiene como sustento un modo de ser. El precursor debía ser, él mismo, una llamada a la conversión. No se trataba solamente de predicar sino de testimoniar con formas radicales la necesidad de abrir el corazón a la Buena Nueva de Jesús de Nazaret.

El mismo Jesús confirmó ante sus discípulos la importancia de Juan el Bautista en el plan salvífico de Dios. Juan ha sido la puerta por la que pasamos del Antiguo al Nuevo Testamento.

Contemplarle desde nuestras realidades parroquiales es desafiante. ¿Quiénes son los “Juan Bautista” en nuestras comunidades? ¿Contamos con referentes testimoniales que afirman desde la radicalidad de sus vidas la actualidad del Evangelio?

Seguramente todos pensamos ahora en la vida consagrada, en los sacerdotes. Ciertamente ellos, por vocación, están llamados a dar testimonio de cuanto somos y deseamos ser pero sería “bautismalmente” empobrecedor el centrar y cerrar los destinatarios de una vida testimonial coherente.

Los seglares, cualquiera sea nuestro rol en la comunidad, deberíamos asumir con mayor convicción la llamada a testimoniar en actitudes los valores que nos identifican con Jesús de Nazaret.

 

 VIERNES 25 de junio (Mateo 8, 1-4)

Si quieres, puedes limpiarme.” 

Hemos intentado crear una cultura de espaldas al dolor de quienes nos rodean. La misión abrazada como agentes de pastoral de la salud, en cambio, nos regala la preciosa oportunidad de comprometernos con los “leprosos” de nuestro tiempo.

Ellos, los ancianos, las personas enfermas, los moribundos, … las personas afectadas por diversos tipos de dependencias… son los marginados del sistema que reclaman esa dignidad que les pertenece.

Ante ellos debemos detenernos, ir a su encuentro, ser conscientes de su dolor, dejarnos conmover, actuar con delicadeza, iluminar sus vidas con nuestras palabras.

Ante ellos tenemos una deuda humanitaria y evangélica que hunde sus raíces en el amor de caridad sin dejar de ser un grito que clama justicia y fraternidad.

 

 SÁBADO 26 de junio (Mateo 8, 5-17)

“…vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.”

Durante siglos el pueblo de Israel cultivó una profunda conciencia de exclusividad en su relación con Dios. El Dios de Israel no podía ser el Dios de otros pueblos. Ellos fueron los elegidos y los que, a pesar de las numerosas persecuciones y destierros, supieron mantener la pureza genética que les hacía únicos en su relación con Dios.

Desde esta perspectiva la nueva visión que aporta Jesús de Nazaret resulta poco menos que escandalosa e injusta. ¿Cómo es eso que de oriente y occidente vendrán y se sentarán junto a nuestros padres Abrahán, Isaac y Jacob?

Aplicar esta palabra a nuestro contexto cristiano implica abordar el tema de la INCLUSIÓN a partir de la cual todos estamos llamados a vivir la propuesta de Jesús de Nazaret y no hay entre nosotros privilegio alguno.

Asumir esta perspectiva evangélica tiene sus implicaciones, encierra una llamada a la escucha, a la apertura, al reconocimiento del protagonismo de todos los miembros de la comunidad parroquial.

El Papa Francisco nos recuerda de manera reiterada esta llamada a la apertura de miras, a la inclusión, incluso de aquel que está en las antípodas de nuestro modo de pensar y de sentir, porque en él, también podemos encontrar “semillas de evangelio”…