XV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 11 al 17 de julio de 2021

DOMINGO 11 de julio (Marcos 6, 7-13)

 “…empezó a enviarlos de dos en dos…”

Hay una dimensión comunitaria, fraterna, en el seguimiento de Jesús y en la vivencia de la misión.  Los discípulos fueron enviados de “dos en dos”. Juntos recorrieron las aldeas anunciando el Reino, curando enfermos, expulsando demonios…

Como afirma el Papa Francisco en “Gaduete et exultate”, la comunidad está llamada a crear ese espacio teologal de encuentro con el Señor, donde se pueda compartir la Palabra y celebrar juntos la Eucaristía, donde cada uno crezca como discípulo misionero.

Vivir la fe en comunidad, ya sea desde las comunidades de vida consagrada, en la familia, en los grupos y fraternidades laicales… crea un contexto de cuidado mutuo, de compromiso de unos con otros, de atención al caminar compartido.

Necesitamos reivindicar y cuidar esta dimensión comunitaria en la vivencia de nuestra fe. Superar el individualismo que nos empobrece, sostener este camino de discipulado “de dos en dos”…

 

LUNES 12 de julio (Mateo 10, 34 -11,1)

“… he venido a poner al hijo en contra de su padres, a la hija en contra de su madre…”

La opción por el Reino no es un pasaporte a la tranquilidad.

¡Qué difícil se nos hace no negociar con la mediocridad cuando por medio está en juego el cariño, el respaldo emocional de quienes dicen querernos y a quienes queremos!

Todos, en mayor o en menor medida conocemos los costos de una vida coherente. Y nos duele mucho cuando la incomprensión llega desde quienes están a nuestro lado. Las experiencias personales y eclesiales al respecto sobreabundan ya que la debilidad, propia y ajena, asoma por todos los rincones.

Sin embargo, debemos reconocer que, en ocasiones, nuestras confrontaciones no  tienen como causa la fidelidad al Dios de los evangelios, sino son consecuencias de nuestros errores y debilidades.

Entonces se hace necesario un proceso de aceptación y de perdón ante las flaquezas propias y ajenas. Si nos aceptamos amados incondicionalmente por el Señor, entonces seremos capaces de compartir ese mismo amor hacia nosotros y hacia nuestros hermanos.

 

MARTES 13 de julio (Mateo 11, 20-24)                                                                        

 ¡Si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se han realizado en medio de vosotras…”

El Evangelio nos invita a ser responsables ante los dones del Señor. Repasar con la mente y el corazón su presencia, cargada de “milagros”, es una manera de afianzar nuestras opciones de vida.

Esta mirada contemplativa del paso de Dios en nuestras biografías puede proyectarse también en la comunidad eclesial. Repasar el nacimiento y desarrollo del carisma Hospitalario es contemplar la presencia del corazón misericordioso de Dios que quiso hacer un camino de ternura y compromiso con las personas más abandonadas, desde el compromiso de los Fundadores y las primeras hermanas hospitalarias.

 

MIÉRCOLES 14 de julio (Mateo 11, 25-27)

“Padre, te doy gracias porque has ocultado todo esto a los sabios y entendidos y se lo has revelado a lo sencillos.”

Los altos niveles de profesionalización exigidos para un desarrollo de calidad de los servicios que prestamos, ¿nos alejan del perfil de la “gente sencilla” del evangelio, nos vuelven prepotentes y ciegos?

La sabiduría de la sencillez puede darse tanto en el gran intelectual y profesional como en la persona que no ha podido formarse pero que acrisola una profunda conciencia crítica ante la vida. Ambos son los “pequeños” de los que nos habla hoy el Evangelio.

Abrirse a la Palabra exige sencillez y capacidad para cuestionar nuestras propias certezas, cualquiera sea nuestro perfil académico-profesional.

No debemos confundir a los “sencillos” del evangelio con la falta de capacitación o la despreocupación por desentrañar los misterios en los diversos ámbitos de las ciencias.

 

JUEVES 15 de julio  (Mateo 11, 28-30)

“Mi yugo es suave y mi carga ligera…”

La vorágine del hacer, dando a cada actuación las notas de calidad que nos exigimos o que nos exigen, se ha impuesto en nuestras vidas.

¿Qué significa ir a Jesús con nuestros cansancios y nuestras sobrecargas? Ante la prepotencia de “poder con todo”, Jesús nos invita a sosegar nuestro ímpetu, a optar por una vida serena, conociendo nuestras limitaciones y debilidades y obrando en consecuencia.

Ello no significa ignorar las exigencias de la vida, sino asumirlas desde una actitud de sosiego y realismo. Estamos ante una demanda evangélica de gran actualidad.

El estrés, llevado a nuestra vida social, laboral, familiar, comunitaria… se ha convertido en un factor cultural que pone en riesgo nuestro modo de entendernos y entender a los demás.

Necesitamos “encontrar descanso” en el Señor… Ciertamente el camino no es sencillo. Hemos organizado nuestras vidas de tal forma que el estrés se ha convertido en el estado basal de muchos de nosotros…

El cambio se hace necesario y urgente. Al mismo tiempo nos sentimos impotentes ante la llamada… ¡Señor ven a darnos serenidad, paz… descanso!

  

VIERNES 16 de julio (Mateo 12, 1-8)

“Yo no quiero que me ofrezcáis sacrificios, sino que seáis compasivos…”

Frente a un pueblo atado a innumerables normas Jesús antepone la misericordia, como criterio básico de comportamiento.

Debemos admitir que vivimos una cultura marcada por la competitividad, el individualismo, el juicio rápido y temerario sobre todo y sobre todos.

Necesitamos optar decididamente por ser más bondadosos. Ello no nos quitará objetividad. ¡Todo lo contrario!

Cualificar nuestras relaciones interpersonales pasa por cultivar actitudes de comprensión, por saber callar ante lo que no comprendemos, por tener cautela en la emisión de una opinión, por comprender las circunstancias, asumiendo las debilidades propias y ajenas.

Afirma el Papa Francisco en Laudete et exsultate”: “Nuestro culto agrada a Dios cuando allí llevamos los intentos de vivir con generosidad y cuando dejamos que el don de Dios que recibimos en él se manifieste en la entrega a los hermanos.”

 

 SÁBADO 17 de julio (Mateo12, 14-21)

“… se confabularon para matar a Jesús.”

Hacer el bien implica correr riesgos, ponerse en evidencia, ser blanco de la crítica de quienes no nos estiman o no comprenden nuestro modo de ver y obrar.

Jesús nos muestra el camino de una fidelidad sin estridencias. “Los curó a todos, mandándoles que no le descubrieran”.

Esta actitud se opone a toda forma de exhibicionismo. Implica mucho valor y capacidad de adaptación ante la adversidad sin claudicar ni bajar los brazos ante la crítica o la incomprensión.

¡Cuánto bien realizan esas personas que, desde una callada coherencia, hacen posible día a día la misión del agente de pastoral!