XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 1 al 7 de agosto de 2021

DOMINGO 1 de agosto (Juan 6, 24-35)

 “El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.”

La exégesis de este texto ha tenido siempre un cariz eminentemente eucarístico. Sin embargo es posible abrirnos hacia una lectura que nos permita ver en Jesús la respuesta al “hambre y la sed” de las personas más vulnerables que necesitan “nuestro pan y nuestra agua”.

Ante la vulnerabilidad emocional y espiritual todos buscamos una respuesta que nos dé serenidad, que nos ayude a asumir la fragilidad inherente a nuestra humana condición, que nos regale una luz de esperanza.

¿Cómo hacer que Jesús sea respuesta al hambre y la sed de una persona no creyente, o de quien ha olvidado su bautismo? La respuesta está en la misma pedagogía del nazareno: acogida incondicional, caminar junto al otro, testimoniar una vida abierta a la voluntad del Padre… Todo lo demás se dará “por añadidura”.

 

 

LUNES 2 de agosto (Mateo 14,13-21)

 “Comieron todos…”

El Evangelio nos invita a la insensatez de la generosidad, a la capacidad de riesgo. Desde lo pequeño, vivido con entrega, son posibles los grandes sueños.

Sin embargo nos parece más sensato calcular nuestras posibilidades de éxito desde los recursos materiales y humanos con los que contamos.

Esta sensatez en la gestión no debe nunca eliminar esa chispa evangélica que nos impulsa a arriesgar respuestas sin más garantías que nuestra generosidad.

La fuerza evangelizadora de lo que está perfectamente calculado y medido dista mucho de la confianza en la Providencia.

¡Cuánta bendita insensatez hemos admirado en estos tiempos de pandemia! Gente jugándose la vida por defender la ajena! Dios ha hecho fecundos estos gestos de generosidad. Sin duda.

 

 

MARTES 3 de agosto (Mateo 14, 22-36)      

 ¡Qué breve y qué bonita plegaria la de Pedro!  

El Señor le invita a dar el paso hacia el vacío, el paso ilógico de caminar sobre las olas embravecidas. Pedro se lanza pero el contexto no podía ser peor. Sintió miedo y empezó a hundirse. Entonces brotó de sus labios, y de lo profundo de su corazón, aquel grito esperanzado: “Señor, sálvame”.

Como Pedro hemos dado el paso del seguimiento del Señor y como él sentimos que a veces nos hundimos, que las circunstancias son demasiado duras.  Pero el Señor nos conoce bien.  Sabe de nuestro entusiasmo, nuestra ilusión, nuestras ganas de seguirle. Al mismo tiempo, asume nuestras debilidades. Porque no siempre es fácil vivir en clave de evangelio las realidades familiares, comunitarias, laborales, sociales…

Estamos invitados a lanzarnos, a caminar sobre “olas embravecidas”, contando siempre con la ayuda del Señor. Él no nos faltará.

 

 

MIÉRCOLES 4 de agosto (Mateo 15, 21-28)

 “Qué grande es tu fe”.

Jesús pone en evidencia la diversidad espiritual de su interlocutora y con sus preguntas provoca que confiese su fe en Él.

¿Cómo hacer para que la Buena Noticia esté presentes en los contextos de nuestra misión como agentes de pastoral de la salud?

¿Cómo hacer para que nuestro compromiso sanador sostenga una propuesta salvadora? Hay mucha fe oculta, confusa, quizá negada…

No será silenciando la dimensión evangelizadora de nuestro servicio que daremos una renovada vitalidad al carisma y a la misión.

 

 

JUEVES 5 de agosto (Mateo 16, 13-23)

 “Te daré las llaves del Reino”.

Quien tiene la llave tiene el dominio, la autoridad, la posesión del bien que la llave custodia.

Sabemos que este texto siempre se ha referido a la cátedra de Pedro, convertido en el referente de unidad de la primitiva comunidad cristiana.

Integrando esta exégesis, desde la perspectiva de una comunidad de discípulos unidos en la común dignidad que nos otorga el bautismo, podemos afirmar que estas llaves del Reino están también en nuestras manos. ¿Qué hacemos con ellas?

Una de las líneas fuertes de la pastoral del Papa Francisco reside justamente en esta llamada a asumir la identidad bautismal, a ser corresponsables de los dones del Espíritu, a ser constructores de una realidad eclesial encarnada. El modelo de una eclesiología piramidal, centrada en el poder que da la jerarquía no responde al sueño del nazareno.

“En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero. (…)La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados.” EG, 102

Las llaves del Reino están en nuestras manos…

 

 

VIERNES 6 de agosto (Marcos 9, 2-10)                                             TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

“Y los llevó a lo alto del monte a ellos solos.”

Intimidad con el maestro y liderazgo parecen ir de la mano. Pedro, Santiago y Juan fueron pilares de la primera comunidad cristiana. No era la primera vez que el maestro les regalaba momentos de encuentro y revelación.

Quienes tienen la misión de liderar de orientar, de coordinar… deben cultivar con especial cuidado estos momentos para “subir solos a lo alto del monte”. Momentos que les llenen el alma de esperanza, que les haga sentirse a gusto con la persona y el proyecto de Jesús de Nazaret.

Un líder sin mística, sin ardor, sin intimidad con el Maestro no entenderá nunca los caminos eclesiales que hunden sus raíces en Jesús de Nazaret y su pasión por los más humildes, los abandonados, los estigmatizados…

 

 

SÁBADO 7 de agosto (Mateo17, 14-20)

 ¿Hasta cuándo habré de estar entre vosotros?

Jesús manifiesta su cansancio, impaciencia y enfado. Le contemplamos como si fuera uno de nosotros cuando nos cansamos de hacer el bien y pensamos que los demás están abusando de nuestra bondad.

Pero el enojo de Jesús tiene un límite y es la fidelidad a la misión. “Traédmelo”, y el niño se curó.

Como el Señor tenemos derecho a manifestar nuestros sentimientos y frustraciones. También como Él estamos invitados a mantenernos firmes en nuestra vocación de servicio.

El enfado tiene su función pedagógica y evangelizadora puntual. Es una llamada de atención, una invitación a la responsabilidad. Pero no nos puede paralizar.

Pidamos a Nuestra Madre, la gracia de la mansedumbre que equilibra y reorienta nuestros enfados.