XX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 15 al 21 de agosto de 2021

 

DOMINGO 15 de agosto (Lucas 1, 39-56)                           ASUNCIÓN DE MARÍA A LOS CIELOS

 En la fiesta de la Asunción de María a los cielos, el evangelio nos recuerda un gesto paradigmático de la misión del agente de pastoral de la salud: la visita de María a su prima Isabel, embarazada y necesitaba su ayuda.

María, atenta a los demás, se pone en camino. Las circunstancias no eran las mejores ya que debía asumir los riesgos de un viaje fatigoso, estando ella misma embarazada. Es el rostro comprometido y servicial del agente de pastoral de la salud que también “sale aprisa” para servir al necesitado.

Es inconcebible comprender y vivir nuestro carisma institucional sin integrar este espíritu mariano de entrega generosa y sin condiciones al necesitado.

Desde ella nos sentimos llamados a dejar nuestra tierra y salir de prisa al encuentro de las personas necesitadas de nuestra atención. Ponernos en marcha hacia “nuevas tierras” donde el rostro del necesitado se convierta en demanda de acogida evangelizadora.

 

LUNES 16 de agosto (Mateo 19, 16-22)

“Vende lo que posees… luego ven y sígueme.”

Seguir a Jesús implica disponibilidad.

En la vida seglar las limitaciones son evidentes y pasan normalmente por una mediación concreta: la institución familiar. Es desde ella que el seglar debe buscar y acordar niveles de disponibilidad que le permitan vivir en clave de evangelio.

Sin esta disponibilidad evangélica, que Jesús demanda al joven rico, no será posible viabilizar la comunión en la vivencia de la espiritualidad, el carisma, la misión.

 

  

MARTES 17 de agosto: (Mateo 19, 23-30)                                                       

 “Jesús lo miró y le dijo…”

Reflexionado el Evangelio nos preguntarnos qué significado tiene para nosotros el “quedar mirando al otro” para comunicarnos con él.

Si no hacemos esta pausa relacional nos puede asaltar una ansiedad informativa que no termina por calar en el interlocutor. Informamos, pero no nos comunicamos.

Vivimos acelerados y nuestras comunicaciones también se revisten de una velocidad que nos hacen incomprensibles.

La Palabra nos invita a asumir una estrategia de comunicación que implique un encuentro real con el otro. Y la comunicación no sólo es transferir información. Va más allá, y la debemos considerar en todo proceso de interacción humana.

 

 MIÉRCOLES 18 de agosto (Mateo 20, 1-16)

“Amigo, no te trato injustamente…”

Podemos afirmar que con demasiada frecuencia hemos sido educados en una moral contractual: tanto doy, tanto recibo; si soy bueno, seré premiado, si soy malo, seré castigado; por mis méritos, seré recompensado. Entendemos que “es lo justo” y que así está bien.

Jesús nos propone cambiar totalmente el punto de vista y asumir que ante Dios no cuentan los méritos, sino la gratuidad del amor.

Dios ama incondicionalmente y nos invita a hacer lo mismo. Lo que más nos asemeja al creador es justamente la capacidad de amar desde la gratuidad, no desde la compensación.

 

 

JUEVES 19 de agosto: (Mateo 22, 1-14)

“Id a las encrucijadas de los caminos, invitad a la boda a todos los que encontréis.”

El Reino es una oferta maravillosa simbolizada en el banquete. Está en los destinatarios, sin exclusión alguna, aceptar o no el convite. Curiosamente, los que aceptan son los, supuestamente, menos dignos de tal invitación.

La misión del agente de pastoral de la salud puede ser considerada en sí misma como “un banquete” al que muchos hemos sido convidados.

El “banquete” es delicioso, pero debemos convocar, invitar, promover la vivencia de la fraternidad desde un planteamiento abierto. ¡Todo un desafío!

Para ello necesitamos mensajeros que atraigan a otros al banquete.  ¿Estoy dispuesto a contarme entre ellos?

 

 

 Viernes 20 de agosto: (Mateo 22, 34-40)

“Amarás al Señor (…) amarás a tu prójimo.”

La ley del amor conforma el eje transversal de toda la revelación.

Se nos va la existencia en aprender a amar desde los criterios evangélicos. ¡Cuántas purificaciones debemos realizar en este lento aprendizaje!

En el fondo estamos ante el proceso de acercarnos al sueño del creador: ser su imagen y semejanza, ser amor como Él es Amor.

La “prueba del algodón” de esa identidad, en constante proceso, es el amor al prójimo. El amor es la síntesis del proyecto de vida bautismal. Ser amor, amar es la misión.

Si todo el resto de normas, principios éticos, protocolos… se validaran desde el principio del amor, muchas complicaciones funcionales y morales tendrían una luz de discernimiento, esencial.

 

 

SÁBADO 21 de agosto: (Mateo 23, 1-12)

 “El más grande entre vosotros será el que se ponga al servicio de los demás.”

El mundo del sufrimiento psíquico nos ofrece a diario ocasiones para servir sin esperar reconocimiento alguno y puede convertirse en una escuela para el discipulado.

San Benito Menni se refería con frecuencia al concepto del servicio, unido al del amor: “SERVIR y AMAR”. Servir amando y amar sirviendo, por coherencia, sin esperar recompensa ni gloria alguna. Por ello la sencillez, la modestia, la humildad, son el santo y seña de quien sirve porque ama.

Cuando la frustración ante la falta de reconocimiento nos vence, deberíamos analizar con sinceridad las motivaciones por las que actuamos y asumir esos sentimientos de desconsuelo como oportunidades para reconocer nuestras limitaciones y renovar nuestra opción por la entrega incondicional.