XXI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 22 al 28 de agosto de 2021

DOMINGO 22 de agosto (Juan 6, 60-69)

 “Nosotros creemos…”

También entre los seguidores de Jesús hubo quienes se “echaron atrás” al no comprender su mensaje. Sólo el don de la fe y la adhesión personal vuelven coherente el salto sobre la razón.

Para Pedro el fundamento de su fidelidad era el sentirse totalmente identificado con el maestro. Desde esta experiencia, no sólo racional, sino también con un fuerte contenido emocional, confiesa su adhesión.

Es en el cultivo de una amistad íntima con el Señor que se vuelve posible sostener nuestro credo. Dinámica que también se da en nuestras relaciones interpersonales. Creo en ti porque te quiero. No hay más razones.

Amar a Dios es el principio y el fin de nuestra vocación bautismal. En Él y por Él, estamos llamados a amar a nuestros hermanos.

 

 

LUNES 23 de agosto (Mateo 23, 13-22)

“¡Ay de vosotros, guías ciegos!

Las diatribas de Jesús contra los escribas y fariseos manifiestan su profunda decepción ante un colectivo de supuestos especialistas de la religión que la manipulaban para ponerla a su servicio.

No solamente se alejaban ellos de una auténtica relación con Dios sino que  además conducían a los conversos hacia un ritualismo hipócrita.

La acusación  es  gravísima  y podemos  imaginarnos  cómo  caían estas  palabras  en un colectivo de personas que se consideran justos y referentes incuestionados para todo el pueblo de Israel.

Uno de los enfoques que podemos dar a nuestra reflexión consiste en centrarnos en la responsabilidad de quienes tienen la misión de  conducir  a  otras  personas.  Especialmente  en  temas  que  hacen  a  la  opciones  fundamentales  de  la  vida  y  al  enfoque espiritual y religioso de la misma.

La imagen de Jesús reprochando con severidad a escribas y fariseos constituye, de alguna manera, un referente al cual se acude cuando la comunidad detecta desfasajes entre el decir y el hacer de aquellos que orientan al pueblo creyente.

La   solución   pasa   por   esa   búsqueda   constante   y   sincera   de   la   autenticidad,   sintiéndonos   todos   comunidad   y corresponsables en la vivencia del mensaje evangélico.

Ser  conscientes,  reflexivos,  cultivar  una  conciencia  crítica,  al  tiempo  humanizadora,  implica  un  proceso  de  profundidad personal, de apasionada, pero respetuosa búsqueda del bien y la verdad, sintiéndonos todos parte de un mismo cuerpo y, por tanto, también comprendiendo las debilidades propias y ajenas.

  

MARTES 24 de agosto: (Juan 1, 45-51)

“¿Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Has de ver cosas mayores.”

Nunca habrá razones suficientes para quien no tiene el don de la fe. Un pequeño atisbo de verdad, en cambio, es suficiente para quien cree. Luego vendrá el itinerario personal para crecer en y desde la fe, pero el paso inicial es puro don.

Aplicar estas reflexiones a nuestra vida implica reconocer que el don de la fe exige la actitud del abandono confiado sin más razones en juego. Y esta realidad que aplicamos a nuestra relación con Dios la podemos extrapolar a la interacción humana.

Definitivamente, el riesgo de creer vale la pena y llena de contenido nuestros proyectos vitales. Así sucedió con Felipe y Bartolomé, así sigue sucediendo hoy.

¿Qué riesgos soy capaz de correr desde mis opciones de fe? ¿De qué seríamos capaces sin nuestros miedos?

 

 

MIÉRCOLES 25 de agosto (Mateo 23, 27-32)

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!”

Mateo continúa presentándonos la condena sin paliativos que Jesús hace de la hipocresía. La rechazaba desde lo más profundo y lo comprendemos perfectamente. No hay cosa que nos repela más que la falsedad y doblez de las apariencias. Son actitudes que ofenden nuestra inteligencia y nuestros sentimientos.

Por el contrario la sencillez, la humildad, la transparencia, nos atraen y entusiasman, pero, ¡cuánto nos cuestan!

¿Quién es capaz de soportar la levedad de su verdad? Sólo quien se sabe y reconoce amado incondicionalmente. La hipocresía es el falso escudo del desamor, de la no aceptación de la creaturidad.

 

 

JUEVES 26 de agosto: (Mateo 24, 42-51)

“Estad vigilantes…”

Jesús recomienda no quedarse dormidos, estar atentos y vigilantes. Conservar un espíritu reflexivo y crítico implica una opción no siempre fácil de sostener. Hay momentos en los que parece mejor mirar para otro lado, dejar correr las cosas.

Son trampillas que nos hacemos cuando las realidades exigen un discernimiento comprometido. Es como dejarnos “robar”, o no utilizar adecuadamente los dones que el Señor nos ha dado, abusando de su confianza, como el mayordomo indigno.

El Señor nos invita a estar vigilantes, atentos, superar los sueños e implicarnos en la búsqueda del bien.  Para ello necesitamos mensajeros que atraigan a otros al banquete.  ¿Estoy dispuesto a contarme entre ellos?

 

  

Viernes 27 de agosto: (Mateo 25, 1-13)

 “Dadnos un poco de vuestro aceite.”

La parábola nos llama a abrazar crítica y conscientemente nuestras vidas. Se trata de algo que no podemos “pedir prestado”. Nadie puede vivir por nosotros.

Ese “aceite” que permite la luz, debe ser nuestro, un producto intransferible. Nadie puede discernir por nosotros, nadie puede controlar todas las variables que inciden en nuestras decisiones.

Mantener las lámparas de nuestras vidas con aceite suficiente para iluminar nuestras noches es asumirnos como protagonistas de cuanto somos y realizamos.

El Evangelio nos llama a ser adultos en la fe.

 

SÁBADO 28 de agosto (Mateo 25, 14-30)

 “Cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.”

A cada uno el Señor ha regalado talentos que estamos llamados a descubrir, desarrollar y poner al servicio de los demás.

Los tres pasos son fundamentales. Para potenciar y compartir un don es preciso tomar conciencia que se lo tiene.

Que no nos asalte la falsa humildad de quien se escuda en sus debilidades para no implicarse en la construcción del Reino. Necesitamos crecer en responsabilidad y compartir cuanto somos y tenemos.

Nos recuerda el Papa Francisco: “En este camino, el desarrollo de lo bueno, la maduración espiritual y el crecimiento del amor son el mejor contrapeso ante el mal. Nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto, si se conforma con poco, si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella. Menos aún si cae en un espíritu de derrota, porque «el que comienza sin confiar perdió de antemano la mitad de la batalla y entierra sus talentos. […] El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal”. (GE, 163)