XXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 5 al 11 de setiembre de 2021

DOMINGO 5 de septiembre (Marcos 7, 31-37)

 “Jesús se llevó al hombre aparte de la gente…”

La curación del sordomudo se realiza desde la secuencia de una serie de acciones. Asumidas como criterios de evangelización, en ambientes espiritualmente plurales, cada acción puede implicar procesos más o menos largos que no necesariamente se suceden de forma inmediata.

Se trata de criterios pastorales claves en nuestra misión como agentes de pastoral de la salud: estar atentos a las demandas espirituales de todos nuestros destinatarios cualquiera sea su credo, crear ambientes de encuentro en profundidad, manifestar cercanía desde lo concreto, no atarnos a condicionamientos formales, priorizar el testimonio frente a la palabra.

Sin duda son referencias que nutren e inspiran nuestro compromiso pastoral.

 

LUNES 6 de septiembre (Lucas 6, 6-11)

“…dijo al hombre de brazo paralítico: Levántate y ponte ahí en medio”

En un mundo donde el dolor y las limitaciones son a olvidadas o escondidas es preciso que alguien las ponga en evidencia para que esa presencia nos cuestione.

Jesús, al poner de pie, delante de la gente, a aquel paralítico, nos propone romper con la inercia de la indiferencia y dejarnos tocar por el dolor del otro.

Necesitamos que haya quienes sepan “poner de pie”, ante nuestros ojos a quienes conforman la razón de ser de nuestra misión: ¿No es acaso una labor propia de la pastoral de la salud?

Puede resultar incómodo, cuestionante … Exige valor. El que vemos día a día, por ejemplo, en el Papa Francisco, que no deja de poner ante nuestros ojos el grito desesperado de la madre tierra, de los inmigrantes, de los perseguidos  por su fe, de los enfermos más abandonados…

 

MARTES 7 de septiembre: (Lucas 6, 12-19)                                                       

 “…pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día (…) escogió a doce de ellos…”

Con frecuencia Jesús se retiraba a la soledad, en lo alto de algún monte, para estar a solas, en oración. El Evangelio nos recuerda que así lo hizo antes de escoger a los doce apóstoles. Sabemos que escogió a gente sencilla, abierta a la novedad del mensaje y que, entre ellos, también estaba Judas, quien le traicionaría.

Estos hechos sugieren dos reflexiones: en primer lugar y quizá lo más evidente, hace referencia al lugar de la oración y de la soledad en la misión y, en segundo lugar, tomar conciencia que la oración no es garantía de infalibilidad, ni de perfección alguna.

En esta línea nos podemos preguntar: ¿Es que Jesús falló al escoger a Judas? ¿Es que no supo escuchar al Espíritu?  Entiendo que Dios, en Jesús, “se la juega” en cada elección y nada queda definitivamente escrito. Cuenta con nuestras fortalezas y debilidades y desde ellas apuesta por llevar adelante su plan de salvación, de fraternidad universal.

La historia se repite hoy en los seguidores de Jesús de Nazaret. Él sigue apostando por cada uno, pero de nosotros depende que ese proyecto de Dios se realice o fracase. Pensar lo contrario sería caer en un determinismo totalmente ajeno a los evangelios.

 

 MIÉRCOLES 8 de septiembre (Lucas 6, 20-26)

“Saltad de gozo…”

Para muchos exégetas, el sermón de la montaña y específicamente el pasaje de las bienaventuranzas constituyen la mejor síntesis de los evangelios.  No deja de ser llamativo el hecho que tantas penurias y limitaciones den lugar a la felicidad. El texto proclama dichosos a los pobres en el espíritu, a los que lloran, los sufridos, los perseguidos, aquellos que son insultados y calumniados… ¿Cuál es el secreto para que tantos aspectos negativos den lugar a la felicidad?

En Gaudete et Exultate, el Papa Francisco presenta las bienaventuranzas como camino de santidad: “Son como el carnet de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas. La palabra «feliz» o «bienaventurado», pasa a ser sinónimo de «santo», porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha.”

En este día en el que contemplamos la santidad de María, volvamos nuestra mirada hacia tan tierna madre y pidámosle fuerzas para vivir en clave de BIENAVENTURANZAS nuestra misión. Que Santa María de la Victoria nos acompañe.

 

JUEVES 9 de septiembre: (Lucas 6, 27-38)

“Con la medida que midáis se os medirá.”

El pueblo hebreo había crecido rodeado de pueblos que les perseguían y sometían periódicamente. Durante siglos habían cultivado el desprecio a todo aquello que no fuera de su misma raza y religión.

Es más, esta dinámica de rechazo al diferente, se había asentado en las relaciones interpersonales y estaba consagrada por la Ley del Talión que proponía la “venganza justa”.

Jesús de Nazaret cambia el principio de reciprocidad por el de la asimetría de la misericordia. La fuerza cuestionadora de semejante propuesta mantiene la vigencia del primer día. El dilema humano de dejarnos guiar por las filias y las fobias continúa tan presente para nosotros como para los contemporáneos del Señor.

¡Cuánto nos cuesta la gratuidad del amor! Aún en contextos cargados de humanidad y evangelio se filtran dinámicas pautadas por las simpatías y antipatías. De este modo en nuestras comunidades se forman círculos en los que, de forma más o menos explícita, unos son aceptados y otros excluidos.

Se necesita mucha madurez – psicológica, emocional, espiritual – para acoger a quien nos rechaza. No se trata de negar los sentimientos o las razones que nos acercan o distancian de las personas. Se trata de asumir que el otro merece nuestro respeto y nuestro amor gratuito de la misma manera que somos gratuitamente amados. Nadie que no se sienta profunda e incondicionalmente amado puede dar este salto de amor asimétrico.

 

VIERNES 10 de septiembre (Lucas 6, 39-42)

“Sácate la viga de tu ojo…”

La hipocresía daña profundamente las relaciones interpersonales. ¡Qué difícil se nos hace reconocer en nosotros lo que condenamos en los demás!

El evangelio nos invita a optar por la sinceridad, la transparencia, la delicadeza en el trato, la humildad.

En relación con los demás, recordar la vieja regla de oro: “Si no tienes nada bueno que decir de tu prójimo, no digas nada.”   Nuestro Fundador consagró este principio al incluir el “callar” en el lema institucional.

Sin duda el espíritu de familia que debe cualificar toda acción eclesial crecerá desde estas opciones.

 

 

 

SÁBADO 12 de septiembre (Lucas 6, 43-49)

 

“No hay árbol bueno que dé mal fruto…”

Para Jesús, lo ético no está vinculado al cumplimiento de las normas sino a la bondad objetiva de lo que hacemos o dejamos de hacer. Los frutos.

Para una religiosidad que había involucionado hacia el detallismo normativo, la propuesta significa una bocanada de aire fresco y de libertad.

Incorporar estas enseñanzas significa vivir el proceso de recrear el compromiso eclesial con una gran apertura a la novedad del Espíritu. La referencia es la Palabra. Una Palabra escuchada y hecha vida. Una Palabra que continúe siendo fundamento de identidad, hoy como ayer y siempre.