XXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 12 al 18 de setiembre de 2021

Domingo 12 de setiembre (Marcos 8, 27-35)

 “¿Quién dice la gente que soy yo?”

Nos encontramos con una de las claves de la pedagogía de Jesús: la pregunta. Preguntar, dar la palabra, escuchar al otro… es tan o más importante que el brindar respuestas. Los discípulos se implican en la respuesta y a partir de ellas Jesús articula su mensaje.

¿Somos inclusivos en nuestra praxis pastoral, asistencial, educativa, en nuestra vida comunitaria o familiar? ¿O preferimos un enfoque directivo y dominador?

Preguntar y escuchar las respuestas del otro es una forma privilegiada de acoger. Significa implicar toda la potencialidad del otro en su proceso personal. Es además la única manera de volver significativo el mensaje de Jesús de Nazaret.

El Papa Francisco al respecto tiene una frase que es muy iluminadora: “Hay políticos –e incluso dirigentes religiosos– que se preguntan por qué el pueblo no los comprende y no los sigue, si sus propuestas son tan lógicas y claras. Posiblemente sea porque se instalaron en el reino de la pura idea y redujeron la política o la fe a la retórica. Otros olvidaron la sencillez e importaron desde fuera una racionalidad ajena a la gente.” (EG, 232)

Preguntemos, dejémonos preguntar… seguramente encontraremos más sentido al caminar evangélico.

 

 

LUNES 13 de setiembre (Lucas 7, 1-10)

“Señor, no soy digno de que vengas a mi casa, pero di una palabra y mi criado sanará.”

Quisiera detenerme en la importancia de la intercesión, en la necesidad de presentar nuestros enfermos para que Jesús les acompañe. Me pregunto si esta actitud es frecuente entre nosotros o si más bien la rutina nos hace olvidar que el Dios de Jesús de Nazaret es un Dios cercano y comprometido con el que sufre.

Hoy me pregunto si oro suficientemente por las personas enfermas que han sido encomendadas a mi cuidado. La premisa es la misma que la vivida por el centurión: estimar, querer mucho a nuestros enfermos. Sólo así llegaremos a preocuparnos por cómo se sienten, qué anhelan, qué temen, qué más podemos hacer por ellos…

Recojamos hoy la llamada a ser intercesores e intercesoras ante el Señor por la salud de quienes tanto queremos: las personas con diversas dolencias a las que acompañamos. Ellos son el centro, ellos son nuestra razón de ser como agentes de pastoral de la salud.

 

 

 MARTES 14 de setiembre: (Juan 3, 13-17)                                    EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

 “Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.” 

En nombre de Jesús y bajo el signo de la cruz se han tejido miles de historias de redención y también de condena. Para los cristianos de hoy el recuerdo más flagrante y doloroso de la fe vivida como opresión nos lleva a la etapa de la inquisición, cuando en nombre de Dios y bajo el signo de la cruz, la iglesia, aliada al poder de los estados, cometió gravísimos atropellos. Me pregunto en qué clave leerían entonces el texto del evangelio que hoy reflexionamos. Nuestro Dios se ha hecho hombre para salvar, no para condenar a la humanidad.

Proclives como somos a la ley del péndulo, en no pocas circunstancias he podido observar la postura de quien se siente salvado y exento de toda responsabilidad y compromiso. Pasamos del rigorismo a una postura “facilista”, ajena al compromiso exigente de la fe.

Celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz implica contemplar que en Cristo hemos sido redimidos y al mismo tiempo asumir la renuncia y el esfuerzo como compañeros de camino en el seguimiento del crucificado.

San Benito Menni escribía al respecto en una de sus cartas: “concedernos a todos la gracia de saber descubrir una miajita del precioso tesoro que se encierra en la cruz.” (Carta 71)

Ese tesoro del que nos habla nuestro Fundador tiene que ver con la capacidad de entrega. El dolor de la cruz no es objetivo sino consecuencia de una opción mucho más profunda, que hunde sus raíces en el amor desinteresado por los demás.

                                 

 

 MIÉRCOLES 15 de setiembre (Juan 19, 25-27)                                           VIRGEN DE LOS DOLORES

 Junto a la cruz de Jesús estaba su madre.”

La fiesta de Nuestra Señora de los Dolores nos ubica, con María, al pie de la cruz de su hijo. Ese hijo que perpetúa su presencia en los pobres, los sencillos, los sufrientes…

Y allí nos encontramos nosotros, llamados a estar con la persona enferma, contemplando en María el perfil más certero de aquello que estamos llamados a ser.

Como “sanadores heridos” la necesitamos cercana a nuestras cruces, al tiempo que nos sentimos llamados a estar presentes, como ella, junto a las personas que acompañamos.

María, ven con nosotros al caminar.

 

 

JUEVES 16 de setiembre: (Lucas 7, 36-50)

“…entrando en casa del fariseo se recostó a la mesa” (Lucas 7, 36-50)

Jesús en casa de un fariseo, aceptando su invitación, comiendo con él, su familia y amigos. No parece “políticamente correcto” el mantener unas relaciones tan fraternas con quienes le denigraban y perseguían.

Pero Jesús no vino a condenar sino a salvar… también a sus enemigos declarados…  Se trata de una postura cargada de mansedumbre, ecuanimidad, apertura, sencillez, aceptación incondicional…

Aun sabiendo que sus enemigos socio-religiosos difícilmente cambiarían de posturas, Jesús no rompe relaciones, Jesús construye puentes.  Encuentro aquí una llamada de gran actualidad. Vivimos en una sociedad plural. Convivimos con personas que piensan, sienten, viven desde parámetros no necesariamente iguales a los nuestros y, en no pocas ocasiones, opuestos a los nuestros.

Jesús nos invita hoy a esa gran apertura que, por otro lado, debe ser un elemento característico de todo agente de pastoral de la salud. Acoger al diferente, “sentarnos a su mesa” sin por eso renunciar a nuestro modo de ser.

 

Viernes 17 de setiembre: (Lucas 8, 1-3)

“Le acompañaban los doce y algunas mujeres…”

Jesús integró entre sus seguidores a un grupo significativo de mujeres que colaboraban eficazmente en el desarrollo de la misión.  Fue un paso provocativo y anticultural orientado a una nueva propuesta de relación entre el hombre y la mujer.

A pesar de ello, tanto la reflexión como la vivencia eclesial de esa igualdad esencial, ha sido empobrecedora y contradictoria.

El Evangelio nos invita a reflexionar sobre el lugar de la mujer en la Iglesia. Se trata de un aspecto a profundizar en sus vertientes de vida consagrada y laical.

El Papa Francisco, desde una mirada al Jesús de los Evangelios, afirma: “En la Iglesia hay que pensar en la mujer en esta perspectiva de decisiones arriesgadas, pero como mujer. Creo que todavía no hemos hecho una profunda teología de la mujer en la Iglesia. Sólo un poco de esto y de lo otro: lee la lectura, mujeres monaguillo, es la presidenta de Cáritas…Pero hay más. Hay que hacer una profunda Teología de la mujer».

 

 

SÁBADO 18 de setiembre: (Lucas 8, 4-15)

 “Un sembrador salió a sembrar…”

La parábola del sembrador se reitera a lo largo del año litúrgico, evidenciando la importancia que tiene el valorar nuestras actitudes personales y comunitarias ante la Palabra.

Nos recuerda que el hecho de entrar en contacto con ella no garantiza fruto alguno. La agresividad del contexto socio-cultural, la falta de profundidad vital, el acoger intereses incompatibles con el seguimiento de Jesús, minan nuestras buenas intenciones e impiden que la Palabra genere y afiance en nosotros una vida en clave de evangelio.

¿Cómo volver fértil nuestra tierra para acoger la Palabra y dar “fruto perseverando”? Ciertamente aceptando nuestras debilidades, estando siempre abiertos a Dios, dejando que el Espíritu nos reconduzca, sabiéndonos pecadores y, desde la conciencia de la propia debilidad, pedirle al Señor que nos haga un poquito más coherentes cada día.

María, la Madre Buena, estará siempre a nuestro lado.