XXVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 3 al 9 de octubre de 2021

Domingo 3 de octubre (Marcos 10, 2-16)

  “¿Qué os mandó Moisés?”

Vivimos tiempos de la llamada “cultura líquida”, donde todo parece efímero. Lo que hoy vale, mañana ya no, lo que parecía inmutable se vuelve frágil, los valores se desfiguran entre los matices y las circunstancias de cada persona…

Como los fariseos tenemos una serie de paradigmas, de normas escritas y no escritas que se han ido construyendo desde las circunstancias históricas con las que ya no nos identificamos.

Sin embargo todo cambio exige una mirada fiel al pasado. Hay que continuar haciendo camino y al mismo tiempo hay que hacer memoria de nuestras raíces.

 

 LUNES 4 de octubre (Lucas 10, 25-37) SAN FRANCISCO DE ASÍS  – CIERRE DE LA CELEBRACIÓN DEL “TIEMPO DE LA CREACIÓN”

“Sigamos creciendo en la conciencia de que todos vivismos en una casa común como miembros de una única familia.” (Papa Francisco)

 “Al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas… (Lucas 10, 25-37)

 

Buen Samaritano es todo hombre que se para junto al sufrimiento del otro. Esta parada no significa curiosidad, sino más bien disponibilidad y capacidad de ver y reconocer la realidad, de conmoverse ante la desgracia ajena.

Muchas veces esta mirada, esta proximidad es la única o principal manifestación de nuestro amor y de nuestra solidaridad hacia la persona que sufre.

Pero el Buen Samaritano va más allá de las emociones.  Estas se convierten para él en estímulo a la acción. Buen Samaritano es el que ofrece ayuda en el sufrimiento, de cualquier clase que sea. Ayuda, dentro de lo posible, eficaz.

Hoy se cierra el TIEMPO DE LA CREACIÓN 2021. Un tiempo en el que se nos ha invitado a ver el grave proceso de deterioro de “la casa común”, provocado principalmente por la acción del hombre. La tierra está herida, tirada al borde del camino… y reclama nuestra mirada y nuestro compromiso.

 

MARTES 5 de octubre (Mateo 7, 7-11)                   TÉMPORAS DE ACCIÓN DE GRACIAS Y PETICIÓN

 “Pedid… buscad… llamad…”

La invitación es clara: si queréis algo, moveos, haced todo lo que esté en vuestras manos, no os quedéis inmóviles.

De poco sirve la manifestación amarga de nuestra desazón o desilusión si no nos implicamos en la búsqueda creativa de soluciones.

Podemos seguir criticando a este o a aquel, o asumir el Evangelio, ponernos en faena y buscar juntos una vida eclesial renovada.

Cada desafío, cada dificultad, cada fracaso es una llamada al compromiso y a la participación.

En este día en que la Iglesia nos invita a dar gracias por los dones de la tierra y a pedir para que las cosechas sean buenas, abundantes y solidarias con los más necesitados, necesitamos ser conscientes que nada cambiará si continuamos actuando de la misma manera, si continuamos ignorando los gritos de la madre tierra, cansada de tanto maltrato.

 

 MIÉRCOLES 6 de octubre (Lucas 11, 1-4)

 “… danos cada día nuestro pan cotidiano”. 

¿Por qué la gente pobre es más feliz que nosotros que lo tenemos todo? Teólogos y sociólogos comparten sus puntos de vista y hay un lugar común en sus aportaciones: la actitud de pobreza o de riqueza responde más a una forma de enfrentar la vida y sus necesidades que a la posesión o falta de bienes.

Es más pobre el que más desea, no el que menos tiene. La oración del Padrenuestro nos confronta con este parámetro de pobreza. ¿Qué puede más en mi vida, el deseo de lo que aún no tengo o la alegría y la gratitud de contar con lo necesario cada día?

Si es lo primero sin dudas me agobiarán las ausencias y no seré capaz de apreciar y disfrutar de lo que tengo. En línea de reconocer lo esencial de lo superfluo terminaremos tomando conciencia de que nuestras vidas están llenas de cosas que rebajan nuestra libertad, nuestra capacidad de vivir con mayor serenidad y nuestra opción por ser felices.

La pobreza sociológica en sí misma es un mal y hay que luchar contra ella. Al mismo tiempo debemos reconocer que es una escuela de “esencialidad”. El Evangelio de hoy nos recuerda que es necesario proponer la austeridad como un valor y como una urgencia social.

 

JUEVES 7 de octubre (Lucas 11, 5-13)

 “… el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan.” 

La última frase del Evangelio de este día hace referencia a la certeza de que el Padre dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan.  Entre las peticiones que solemos hacer en nuestras oraciones ésta es quizá la menos frecuente y, sin embargo, la más importante de todas.

Más que definir desde nuestras cortas miras lo que consideramos necesario en nuestras, lo que hacemos es abrirnos a la acción del Espíritu Santo. Ello requiere actitudes de disponibilidad y despojo suficientes para dejarnos sorprender.

Orar desde nuestras convicciones o desde nuestros sentimientos es bueno, pero tiene la carga de nuestras inconsistencias personales. Orar para que el Espíritu Santo ilumine y oriente nuestras vidas implica un paso más, nos hace vulnerables ante un Dios que puede desconcertarnos y cuyos caminos no siempre son nuestros caminos.

 

 VIERNES 8 de octubre (Lucas 11, 15-26)

“Algunos dijeron: Si echa los demonios es por arte de Belzebú”

Muchas veces el mayor peligro está en quienes, creyéndose dueños del bien y verdad, pierden la perspectiva de la realidad y no son capaces de abrir sus mentes y sus corazones. Confunden “la verdad” con “sus verdades”.

Es necesario tener certezas y al mismo tiempo dejar abierta una ventana a la novedad del Espíritu.

Transitamos la vida con verdades coyunturales, abiertas siempre a nuevas confrontaciones. Y esto no tiene nada que ver con una postura relativista o inconsistente. Simplemente hace honor a la creaturidad que nos envuelve.

 

 SÁBADO 9 de octubre (Lucas 11, 27-28)

“Felices más bien…”

La Palabra como fuente de FELICIDAD. Jesús rompe con la prerrogativa exclusiva de la maternidad para optar por la INCLUSIÓN de quienes escuchan y viven la Palabra. Utiliza la expresión comparativa “más bien”, denotando la idea de preferencia.

Me pregunto si existe un desarrollo pastoral suficientemente difundido de la importancia y centralidad de la Palabra en el discipulado. El Papa Francisco nos ha convocado a renovar la Iglesia “en torno a la Palabra”.

En este sábado mariano, contemplamos una vez más a la primera compañera de camino que supo escuchar y hacer vida la Palabra. Con ella y como ella estamos TODOS llamados a ser “dichosos”.