XXVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 10 al 16 de octubre de 2021

Domingo 10 de octubre (Marcos 10, 17-30)

 “Vende cuanto posees y reparte el producto entre los pobres.”

Sociológica y económicamente hablando, la mayoría de los europeos debemos reconocernos cercanos al “joven rico”. Formamos parte de esa minoría de la población mundial que posee la mayoría de los recursos y la prueba más contundente son las masas de emigrantes que golpean a las puertas de nuestras fronteras.

Hay una dimensión ética del poseer que pasa por una solidaridad exigente. No se trata de dejar caer migajas sino de “desposeernos”. ¿Frunciremos el ceño y nos alejaremos de las exigencias del Reino como el joven rico?

La abundancia o es radicalmente solidaria o no es evangélica.

El Papa Francisco nos recuerda: “La palabra «solidaridad» está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos.” (EG, 188)

 

 

LUNES 11 de octubre (Lucas 11, 29-32)

 “Esta generación (…) pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás.”

Lo imprevisible no estaba en la mentalidad del pueblo hebreo en general y mucho menos aún en los sacerdotes, escribas y fariseos que tenían todo minuciosamente controlado.

Naturalmente buscamos certezas, seguridades que nos serenen. Nos desconcierta vivir desde una disponibilidad sin condiciones. Y justamente esa parece ser la actitud propicia para que el Reino nos sorprenda y se haga presente entre nosotros.

Solamente desde la debilidad del paradigma de las certezas es posible arriesgar y soñar nuevos horizontes.

Cuando todo lo tenemos atado y bien atado… es imposible dejarnos sorprender por una llamada de cambio. Entonces seguimos repitiendo lo mismo cada día, al tiempo que teorizamos sobre la necesidad de cambiar.

 

 

MARTES 12 de octubre (Lucas 11, 27-28)

“Mejor, dichosos los que escucha la palabra de Dios y la cumplen”

Jesús rompe con la prerrogativa exclusiva de la maternidad para optar por la INCLUSIÓN de quienes escuchan y viven la Palabra. Utiliza el adjetivo comparativo “mejor”, denotando la idea de preferencia.

En este día mariano, en el que celebramos la fiesta de Ntra. Sra. del Pilar, contemplamos a la primera discípula que supo escuchar y hacer vida la Palabra. Con ella y como ella estamos TODOS llamados a ser “dichosos”.

El Papa Francisco nos recuerda la fuerza transformadora que puede tener la Palabra: “La Iglesia debe aceptar esa libertad inaferrable de la Palabra, que es eficaz a su manera, y de formas muy diversas que suelen superar nuestras previsiones y romper nuestros esquemas.” (EG, 22)

 

 

MIÉRCOLES 13 de octubre (Lucas 11, 42-46)

 «¡Ay de vosotros, los fariseos …”

Los fariseos consideraban que la fidelidad a la norma les hacía perfectos ante Dios y ante los hombres. Llegaron a dominar el judaísmo oficial, a controlar y dar prioridad casi absoluta a todo lo relativo al culto. Jesús les confronta con sus incoherencias y les hace ver que lo que importa es practicar el amor y la justicia.

Nos encontramos con una búsqueda de equilibrio entre los ritos y la vida, dando prioridad al amor y la justicia. Pero dar prioridad no implica eliminar el rito.

Ciertamente es un tema que demanda ser reflexionado, cualquiera sea la espiritualidad o la religión de la que hablemos. El ser humano necesita expresar su credo y para ello asume una serie de gestos litúrgicos que no solamente manifiestan su espiritualidad o religiosidad sino que también la alimentan y la hacen crecer.

El Evangelio de hoy nos hace una llamada: lo que importa es la justicia y el amor pero es necesario cultivar una sana y coherente liturgia desde la cual expresemos, compartamos, profundicemos, afiancemos nuestro credo.

Afirma el Papa Francisco: “La evangelización gozosa se vuelve belleza en la liturgia en medio de la exigencia diaria de extender el bien. La Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la liturgia, la cual también es celebración de la actividad evangelizadora y fuente de un renovado impulso donativo.” (EG, 24)

 

 

JUEVES 14 de octubre (Lucas 11, 47-54)

“¡Ay de vosotros, maestros de la Ley…”

La verdad no admite dueños ni depende de la “nobleza” del cargo o del prestigio personal o comunitario de quienes la proclaman. La verdad puede manifestarse en las personas sencillas con las que compartimos el día a día con tanta fuerza como en aquellos a quienes se les ha confiado el servicio de la autoridad.

No es sencillo mantenernos abiertos a mensajes que pueden incomodarnos o que rompen nuestros paradigmas. El sentido de autodefensa nos puede llevar a la crítica fácil, a desprestigiar al mensajero o a silenciarlo con la indiferencia.

Por otro lado, vivimos tiempos de desprestigio de la “palabra”. Las confrontaciones dialécticas en el mundo de la política es reflejo, y a la vez motor, de una cultura donde lo que se dice pierde toda consistencia. Los conceptos se diluyen, se vuelven “insignificantes”, dando lugar a una degradación de cualquier marco jurídico, ético, normativo, sea en el ámbito político, social, religioso…

Exceptuando ámbitos de fanatismo extremo, hemos pasado de la tiranía de la ley escrita a la tiranía del individualismo. Cuando las referencias pierden todo valor entramos en el mismo caos del extremo opuesto.

 

                                              

VIERNES 15 de octubre (Mateo 11, 25-30)

 Yo os aliviaré.”

El Evangelio nos invita a sentirnos acogidos y también a acoger. Solamente quien alivia sus cansancios y agobios en el encuentro con el Señor, es capaz de salir al encuentro del hermano.

Si falta solidaridad, si el cansancio y el agobio parecen ganar la partida, no será porque Dios no nos tienda su mano, sino porque, quizás, hemos perdido su referencia y hemos pensado, durante mucho tiempo, que sin Él, igual nos iba mejor.

En estos tiempos en que todo parecer regirse por la “competencia”, por el “hacer”… es bueno sentir la llamada de la cercanía de un Dios que nos alivia y nos invita a aliviar a los demás.

Necesitamos dejarnos cuidar y cuidar más a aquellos con quienes compartimos nuestro día a día. Hoy la cultura del cuidado es una urgencia y una llamada a vivir con intensidad el carisma del agente de pastoral de la salud.

 

 SÁBADO 16 de octubre (Lucas 12, 8-12)

“…todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás.”  

Desde nuestras inconsistencias, podemos desdecir una y mil veces aquello en lo que creemos. Siempre nos encontraremos con el perdón de Dios. Lo que no se nos perdonará es el cerrarnos a la verdad.

Una verdad que siempre será contextual, que estará marcada por nuestras realidades personales, micro y macro sociales, pero que tendrá el color de la sinceridad, de la transparencia.

No es fácil ser personas vulnerables ante la verdad. No es fácil discernir lo verdadero de lo falso, pero no estamos hablando de eso.

Pecar contra el Espíritu es cerramos a nuevos paradigmas porque no están en nuestra cultura, en nuestro modo de vida, sin discernir si estamos o no ante la verdad.

Ser cristianos es ser personas expuestas a la verdad, aunque ello implique cuestionar los propios principios de vida. ¡Claro que no es sencillo! No lo fue para los escribas que veían cómo aquel nazareno errante ponía en jaque su credo y su organización socio-religiosa. Pero no olvidemos que el mismo Espíritu que nos acerca a la verdad, nos regala sus siete dones para hacer el camino del discipulado.