XXIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 17 al 23 de octubre de 2021

Domingo 17 de octubre (Marcos 10, 35-45)

 “Si alguno quiere ser grande, que se ponga al servicio de los demás.”

El Evangelio nos llama a promover en nosotros, la actitud de servicio. Se trata de un eje imprescindible en la propuesta de vida de Jesús de Nazaret. Significó un cambio radical en las pretensiones de sus primeros discípulos que soñaban con compartir cuotas de poder junto a su maestro.

De ahí la insistencia del Papa Francisco en subrayar la necesidad de volver a las fuentes evangélicas que dan identidad a la iglesia. “El servicio es una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia” (EG, 179) Un servicio que deber ser “humilde y generoso”. Parece contradictorio hablar de un “servicio generoso”, como si existiera el servicio sin generosidad.

Es que aquella actitud de Santiago y Juan sigue tan presente hoy como en los primeros pasos de la comunidad creyente. ¡Cuántas motivaciones inconsistentes suelen estar detrás de actividades aparentemente altruistas!

 

 

LUNES 18 de octubre (Lucas 10, 1-9)                                                  SAN LUCAS EVANGELISTA

 “Designó el Señor a otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos.”

 

En la festividad de san Lucas evangelista, se nos presenta con meridiana claridad la vocación misionera de todo bautizado. No sólo los doce fueron enviados a anunciar el Reino.

Solamente desde esta plataforma de una vida bautismal comprometida podrán surgir ministerios particulares como el presbiteral o el de la vida consagrada en comunidad.

Solemos analizar con preocupación las dificultades socio-culturales que motivan la falta de relevo vocacional en el clero y en las congregaciones religiosas. Entonces nos referimos al contexto socio-cultural adverso, a las familias desintegradas, un modelo de vida marcado por el hedonismo, el individualismo y el consumismo, el desprestigio social de la iglesia, la desconexión con el mundo juvenil, los procesos educativos y evangelizadores débiles…

Siendo todo ello verdad, no podemos olvidar que, cualesquiera sean las circunstancias, debemos poner el acento en contar con modelos de identificación capaces de motivar procesos vocacionales abiertos tanto a la vida laical como la consagrada.

La vitalidad de la Iglesia necesita laicos, clérigos, religiosas y religiosos unidos y “en la misma barca”, haciendo posible el proyecto del Reino.

 

MARTES 19 de octubre (Lucas 12, 35-38)

“Mantened vuestras lámparas encendidas…”

El Señor viene de muchas formas. Recordemos su presencia en los niños, en los enfermos, en los pobres, en la Palabra, en la Eucaristía, en los acontecimientos de nuestra historia personal, comunitaria, social…

Son todas “venidas” del Señor que reclaman nuestra atención y frente a las cuales debemos estar “despiertos”.

Pero estar despiertos no es fácil. Resulta mucho más cómodo distraer la mirada o hacernos los dormidos y de esta forma no acoger ni abrir “al instante” la puerta.

¿Creemos que Dios se hace presente en las circunstancias de nuestras vidas? ¿Estamos dispuestos a escucharlo en las llamadas que nos llegan desde la Iglesia, nuestras familias y comunidades, la sociedad, nosotros mismos? ¿Qué llamadas estoy ahora mismo escuchando?

 

 MIÉRCOLES 20 octubre (Lucas 12, 39-48)

 “Portaos como el administrador fiel e inteligente…” 

Sobre nuestras cualidades personales existe una hipoteca social. Los dones que el Señor nos ha dado no están destinados a la autocomplacencia sino al servicio de la comunidad.

Somos depositarios de talentos de los que debemos dar cuenta ante las personas que atendemos a diario, ante nuestros colegas de trabajo, nuestras hermanas de comunidad, nuestras familias, la sociedad toda.

Podemos preguntarnos por nuestra responsabilidad personal y también eclesial de cara al don recibido a través del carisma recibido como agente de pastoral de la salud. ¿Damos todo lo que podemos dar?

El Evangelio de hoy es una advertencia y a la vez un impulso.

 

JUEVES 21 de octubre (Lucas 12, 49-53)

 “Yo he venido a traer fuego al mundo…”

El Dios de los Evangelios es un Dios amor. Pero su proyecto es exigente y denuncia nuestras inconsistencias, generando no pocas tensiones.

Bastaría con recordar la destrucción de los puestos de venta en el templo o la fuerza y contundencia con la que Jesús denunciaba la falsedad de los sacerdotes y doctores de la ley.

La vivencia coherente de la Palabra, teniendo como núcleo el amor a Dios y al prójimo, no deja de ser una denuncia que puede molestar y generar profundos conflictos personales, familiares, comunitarios y sociales.

No es posible ser discípulo sin asumir los costes de una vida coherente.

                                               

VIERNES 22 de octubre (Lucas 12, 54-59)

“¿Por qué no discernís por vosotros mismos lo que es recto?”

La verdad compromete. Reconocer en aquel predicador itinerante al Hijo de Dios tenía implicaciones desconcertantes, sobre todo para quienes estaban atados a los paradigmas religiosos y sociales reinantes.

Podemos cerrarnos ante el mensaje, “negar lo evidente”, refugiarnos en el “para mí no es así”, asumir triquiñuelas de cristal generadas por nuestro instinto de autodefensa.

¡Cuántas huidas, cuántos silencios, cuántas coartadas para no aceptar y asumir la objetividad de cosas!

El Evangelio nos invita hoy a “explorar este tiempo”, a no adormecer nuestra conciencia, a estar atentos para descifrar la verdad en la realidad.

 

  

SÁBADO 23 de octubre (Lucas 13, 1-9)

“…si no os convertís, todos vosotros pereceréis…”  

La advertencia es clara: o la higuera da frutos o será cortada. El viñador pide y obtiene un poco más de tiempo, pero la decisión no cambia.

Hemos pasado de una pastoral centrada en el mérito a una pastoral donde todo es relativo. Al punto que da lo mismo lo que hagamos o dejemos de hacer.

La bondad de Dios, su infinita misericordia, no nos exime de nuestras responsabilidades. Dios nos salva en toda ocasión, pero contando con nuestro compromiso, respetando nuestra libertad.

La salvación, siempre ofrecida, nos implica por entero.  La salvación es esencialmente don, pero también conquista.