XXXI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 3I de octubre a 6 de noviembre de 2021

DOMINGO 31 de octubre (Marcos 12, 28b -34)

 “No estás lejos del reino de Dios.”

La relación de Jesús con los maestros de la ley nos recuerda que la certeza intelectual no es garantía de una vivencia de fe auténtica. Es una ayuda, un acercamiento, pero poco más.

La misma relación podemos establecer con el carisma y la misión de los laicos en la iglesia. Necesitamos personas que nos ayuden a comprender, a conocer, a profundizar, nuestra misión en la iglesia.

Lo que es radical y esencial es hacer vida la Palabra.

 

LUNES 1 de noviembre   (Mateo 5, 1-12ª)                                                 TODOS LOS SANTOS

 “…vuestra recompensa será grande en el cielo.”

Celebrar a todos los santos no es sólo contemplar la heroicidad de quienes vivieron con radicalidad el evangelio, sino también una invitación a retomar la común vocación a la santidad.

Mientras estamos en las coordenadas del tiempo y el espacio, la santidad no es un estado, sino un itinerario de fidelidad marcado, necesariamente, por las contradicciones.

Si analizamos la vida de los santos nos encontraremos con un lugar común: la profunda conciencia de la propia fragilidad.

Ser santos no es ser perfectos, sino caminantes incansables hacia el bien y la verdad. No se trata, por otra parte, de una meta que sólo toca lo personal, sino que tiene su proyección en lo social en general y lo eclesial y comunitario en particular.

El Papa Francisco nos recuerdo que por el bautismo todos somos misioneros y que la mayor o menos santidad influye en nuestra capacidad de ser o no, anunciadores del Reino.

 

 

MARTES 2 de noviembre (Lucas 14, 1-6)                               CONMEMORACIÓN FIELES DIFUNTOS

 

(Nota: para esta conmemoración se pueden escoger distintos textos bíblicos.)

 “Si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano”.

Marta y María lloran a su hermano muerto, los vecinos se asocian al dolor y también Jesús se hace presente. Podemos detener nuestra mirada en este hecho. En medio del dolor, Jesús está. Aún no hay resurrección, sino dolor y desconsuelo, pero Él se acerca, Él está allí, cercano al dolor de sus amigas.

¿Es acaso la fe una respuesta coherente ante el dolor? ¿Creemos que quien haya muerto vivirá para siempre? Hagamos hoy, de nuestra reflexión, un momento de humilde y profunda oración para que todo aquel que sufra el dolor de la muerte, encuentre en Jesús la respuesta de vida que anhela.

 

MIÉRCOLES 3 de noviembre (Lucas 14, 25-33)

 “El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”

El evangelio nos dice que mucha gente seguía a Jesús. En una ocasión, dándose vuelta, les presentó las exigencias del seguimiento: posponer los afectos, llevar la cruz, renunciar a los bienes. Consciente que estaba poniendo el listón muy alto les invita a “calcular los gastos”, a medir las propias fuerzas. Y es que el Señor no se anda con medias tintas a la hora de proponer un nuevo estilo de vida.

Las cosas se tienen, se acumulan, se celan… o se reducen a lo necesario y se comparten. En ambos modelos está en juego la libertad para vivir, desde una espiritualidad de despojo, de sobriedad, de fidelidad al evangelio. De respeto por la madre tierra.

El rostro comprometido de la renuncia a los bienes es el de la solidaridad. Compartir cuanto se tiene, como paso necesario para compartir cuanto se es. ¿Se puede ser pobres evangélicos en medio de la riqueza?

El texto que estamos reflexionando resulta tan claro como incómodo. Cualquiera sea el contexto seguirá siendo fundamental una respuesta individual marcada por el sentido de desapego, servicio y solidaridad.

La pobreza sociológica no es un bien y debemos luchar para aliviar sus efectos y, en lo posible, superarla. La austeridad evangélica es un valor en sí misma y nos dispone a la solidaridad.

 

 

JUEVES 4 de noviembre (Lucas 15, 1-10)

“Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores para escucharle.”

Resulta cómodo quedarnos con quienes sienten, piensan y actúan “como nosotros”, dejando a un lado a los que son diferentes. La tendencia a formar grupos de “iguales” es lo más natural, pero no lo más evangélico.

El texto que reflexionamos nos invita, no solamente a una actitud inclusiva, sino a ir más allá, asumiendo una opción de preferencia, creando espacios de encuentro y de escucha para quienes no cuentan. En el fondo se trata de asumir la vocación al amor.

¿Somos inclusivos o excluyentes? ¡Qué actualidad tienen las palabras del Papa Francisco cuando nos convoca a un diálogo sin exclusión alguna! Es ciertamente uno de los caminos privilegiados de la reforma eclesial abierta, acogedora, dialogante… que nos está planteando.

 

 

VIERNES 5 de noviembre: (Lucas 16, 1-8)

 “¿Qué es lo que me cuentan de ti?

Nos llama la atención que Jesús felicite a aquel “administrador injusto”, reconociendo que los “hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz”.

La Palabra nos da a entender que la supuesta falta de “astucia”, constituye una exigencia del seguimiento de Jesús. Basta que analicemos nuestras vidas y encontraremos circunstancias en las que en función del bien, la verdad, la paz interior, preferimos “perder nuestros derechos”.

Las actitudes reivindicativas pueden tener el sustento de las normas o las costumbres, pero no necesariamente ser consistentes con la mansedumbre evangélica que está dispuesta a sacrificar sus propios intereses en pro de otros superiores.

Estamos ante temas límites de la ética humanista que, paradójicamente, pueden encontrar sentido en la perspectiva cristiana. Es difícil hacer gala de “estos mimbres”, pero si contemplamos en profundidad encontraremos no pocos testigos de estas actitudes, quizás incomprensibles, pero profundamente evangélicas.

Sin ir más lejos, al recorrer la biografía de nuestro santo Fundador nos topamos con no pocas circunstancias pautadas por este principio, propio de los “hijos de la luz”.

 

 

SÁBADO 6 de noviembre: (Lucas 16, 9-15)

“Ningún criado puede servir a dos señores al mismo tiempo.”

 

El “servir a dos señores” no es compatible con el seguimiento de Jesús.

En ocasiones, no resulta sencillo abandonar a aquellos “señores” que se nos van imponiendo y a quienes, gustosos, solemos servir.

El Evangelio nos coloca ante el uso del dinero, pero podemos proyectar sus advertencias hacia esos pequeños o grandes referentes de nuestra vida que nos alejan del amor a Dios y a nuestros hermanos.

En el fondo se trata de establecer una clara escala desde la cual orientar nuestra relación con todo aquello que valoramos. ¿Qué es lo primero?

Las palabras del Papa Francisco al respecto son tan claras como desoídas…

¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano”. (E.G. 58)