XXXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 7 al 13 de noviembre de 2021

DOMINGO 7 de noviembre (Marcos 12, 38-44)

 “…ha echado todo lo que tenía para vivir.”

No todo lo que deslumbra por su grandiosidad o apariencia revela el corazón de las cosas. Hay actos y actitudes con poca visibilidad que esconden una plenitud insospechada.

Sería simplista condenarnos o vanagloriarnos en razón de nuestras cualidades y posibilidades. Resulta esencial el preguntarnos si estamos dando el cien por cien, si estamos siendo generosos y comprometidos desde la abundancia o desde la pobreza.

Lo que importa no es el mayor o menor cúmulo de posibilidades y cualidades que poseamos sino las motivaciones y actitudes que orientan nuestra entrega cotidiana, desde lo que somos y desde lo que disponemos, con alegría, con sencillez. Como nos lo recuerda el Papa Francisco: “Sé santo viviendo con alegría tu entrega.”

 

 

LUNES 8 de noviembre (Lucas 17, 1-6)

  “Si tu hermano te ofende…”

La razón reclama justicia ante la ofensa. Sólo el amor puede alumbrar actitudes de comprensión, tolerancia, perdón. Y nuestro amor, se nutre del Amor.

De ahí que esa especie de “cláusula gatillo” que nos hace dar un salto cualitativo en la forma de comprender la vida, la encontremos en un ámbito de espiritualidad. Una espiritualidad que para nosotros, los cristianos, tiene como fuente al mismo Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Nuestra misión puede ser asumida desde un humanismo comprometido, pero perderá su fuego esencial si no alimenta su dimensión específicamente evangélica.

En algunas circunstancias se hace muy complicado superar las ofensas, la falta de reconocimiento, las críticas infundadas, los malos ratos… tanto en nuestra vida comunitaria, como familiar o profesional. En tales momentos sólo la gratuidad del amor nos permite sobreponernos y, aún con el corazón herido, seguir apostando por nuestros ideales, por nuestras opciones de vida, asumiendo las debilidades propias y ajenas.

 

MARTES 9 de noviembre   (Juan 2, 13-22)

“…los echó a todos del templo (…) les esparció las monedas y les volcó las mesas.”

Celebramos la fiesta de la dedicación de la basílica de Letrán, una de las cuatro basílicas denominadas “mayores”, ubicadas en la ciudad de Roma. Con este motivo el evangelio nos presenta el texto de Juan  en el que contemplamos a Jesús expulsando a vendedores de bueyes y palomas, así como a los cambistas que se ubicaban en el atrio “de los gentiles” del templo de Jerusalén.

Para Juan evangelista, la relectura de este hecho a la luz de la resurrección, manifestaba el fin de una etapa “sacrificial” centrada en las ofrendas de animales y de monedas. Nada de todo aquello tendría sentido. El auténtico templo no es sino el mismo Jesús, muerto (destruido) y resucitado (reconstruido).

Celebrar la fiesta de la basílica mayor de Letrán no puede hacernos perder esta referencia central. El templo debe servir para facilitar el encuentro entre Dios y los hombres. Su fuerza artística, arquitectónica, económica, se diluye si perdemos la referencia central que le da razón a su existencia: ser la casa del encuentro con el Padre y con los hermanos.

Dios seguramente no necesita de nuestros templos, nosotros somos los que necesitamos visualizar, sentir, tocar, acercarnos así tímidamente, desde los sentidos, al misterio de Dios.

 

 

MIÉRCOLES 10 de noviembre (Lucas 17, 11-19)

¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?

Solamente un samaritano volvió para dar gracias. En él la curación se transformó en salvación, en sanación integral.

El Evangelio evidencia que aquel considerado ateo y blasfemo, es el único que regresa y junto a la sanación obtiene la salvación.

En nuestra tarea como agentes de pastoral de la salud ponemos especial énfasis en la atención a las necesidades espirituales, dando paso a la acción de Dios en el proceso de sanación-salvación de las personas que visitamos.

 

 

JUEVES 11 de noviembre (Lucas 17, 20-25)

 “El Reino de Dios no vendrá espectacularmente…”

Los fariseos no podían comprender cómo aquel predicador errante afirmaba la cercanía y hasta la presencia del Reino, sin que se produjeran grandes acontecimientos.

Predicaba un Reino de sencillez e interioridad muy ajeno a la cultura religiosa que habían ido tejiendo poco a poco los fariseos, centrados en la ostentación y a la espera de acontecimientos extraordinarios.

El Reino se hace presente cuando nos sentamos a la misma mesa para promover el bien común, cuando nos reconocemos hijos de un mismo Padre, cuando perdonamos y nos perdonamos, cuando acogemos la Palabra y la hacemos vida.

Y todo eso no deja de ser ordinariamente extraordinario.

 

  

VIERNES 12 de noviembre (Lucas 17, 26-37)

“El que pretenda controlar su vida…”

Lo imprevisible no estaba en la mentalidad del pueblo hebreo en general y mucho menos aún en los sacerdotes, escribas y fariseos que tenían todo minuciosamente controlado.

Naturalmente buscamos certezas, seguridades que nos serenen. Nos desconcierta vivir desde una disponibilidad sin condiciones. Y justamente esa parece ser la actitud propicia para que el Reino nos sorprenda y se haga presente entre nosotros.

Solamente desde la debilidad de las certezas es posible arriesgar y soñar nuevos horizontes. Quien teje un credo absolutista corre el riesgo de cerrarse a la acción del Espíritu. Un Espíritu que es apertura, disponibilidad, imprevisibilidad.

La apertura es posible desde la búsqueda de nuevos caminos; de lo contrario no será apertura.

 

 SÁBADO 13 de noviembre (Lucas 18, 1-8)

 “Orar siempre, sin desanimarse…”

No nos agrada pedir. Parece incompatible con una vida digna. Preferimos la autosuficiencia y hasta ser reconocidos por nuestra generosidad en el dar antes que por nuestras pobrezas.

La parábola de la viuda insistente es una llamada al humilde reconocimiento de nuestras necesidades. Sólo quien es capaz de asumirse en sus pobrezas puede dar el salto al abandono confiado en las manos de Dios.

¿No son acaso nuestros destinatarios los mejores maestros en esta actitud de humilde dependencia?

Dios, que es Padre bueno, está a la espera y desea echarnos una mano. Recordemos las palabras del Papa Francisco en Gaudete et Exultatae: “Dios te invita a hacer lo que puedas y a pedir lo que no puedas; o bien a decirle al Señor humildemente: «Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras”.