XXXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 21 al 27 de noviembre de 2021

DOMINGO 21 de noviembre (Juan 18, 33b-37)                                      SOLEMNIDAD CRISTO REY

 “Soy rey, como tú dices.”

Cerramos el año litúrgico con la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Quizá valga la pena preguntarnos hoy por ese Reino del que somos responsables.

El Papa Francisco en Evangelii Gaudium nos recuerda: “La propuesta es el Reino de Dios; se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En la medida que Él logre reinar sobre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos.” (EG 181)

Para que Jesús reine, sus discípulos debemos comprometernos en la construcción del Reino. Se trata de un Reino “que no es de este mundo”, pero que genera historia, que se concreta en nuestro día a día.

La escatología del Reino no debe aislarnos del desafío por ser constructores de un mundo más fraterno. ¡Todo lo contrario! Teniendo siempre presente que una cosa es estar en el mundo “con los pies en la tierra” y otra dejarnos llevar por la “mundanidad”, tema que el Papa Francisco reitera con frecuencia.

 

 LUNES 22 de noviembre (Lucas 21, 1-4)

 “Ella ha echado todo lo que tenía para vivir.”

No vale escudarnos en que tenemos poco. Nuestros “dos reales” continuarán haciendo posible el proyecto evangélico de un mundo más fraterno. Un mundo más justo es posible desde la solidaridad, sostenida por los más sencillos.

El cambio no parece venir desde los poderosos, que siempre defenderán sus intereses. Acabamos de presenciar el encuentro de Glasgow por el clima y hemos constatado, una vez más, lo difícil que les resulta asumir una vida más austera, aunque ello signifique condenar el presente y el futuro del planeta y por ende de la humanidad.

Vivimos en la cultura del “sálvase quien pueda”. Del repliegue en cobertizos signados por un egoísmo que ha pasado a ser estructural. Estamos ante uno de los pilares socio-culturales que han construido la inequidad de nuestro mundo, fuente de tanas injusticias y de una violencia que ya golpea con fuerza los refugios del mundo desarrollado.

La solidaridad es el camino de la paz. No la supuesta solidaridad de quienes dejan caer “migajas” de sus mesas opulentas… sino aquella solidaridad exigente que implica renunciar a cuotas de poder y bienestar para hacer posible el Reino.

 

MARTES 23 de noviembre (Lucas 21, 5-11)

 “Algunos estaban hablando del Templo de la belleza de sus piedras y de las ofrendas votivas que lo adornaban.”

 

El símbolo tiene una función que puede prostituirse cuando terminamos olvidando el mensaje para quedarnos con su belleza y grandiosidad.

Algo de eso sucedía en la relación que el pueblo judío tenía con el templo. Jesús les pone en su lugar y anuncia que de todo ello, no quedará piedra sobre piedra.

La comunidad parroquial, sus grupos de apostolado, no será más por sus apariencias, por su fuerza mediática, sino por sus esencialidades, las mismas que la hicieron florecer en circunstancias no siempre favorables.

¿Qué es esencial y qué aparente? Una buena pregunta para discernir.

Cuando pienso en esto, lo primero que me viene a la cabeza es “la centralidad de la persona”, que mueve nuestro compromiso como agentes de pastoral de la salud. Esta centralidad de la persona debería ser el criterio desde el cual hacer o dejar de hacer tantas cosas.

 

 MIÉRCOLES 24 de noviembre (Lucas 21, 12-19)

“… tendréis oportunidad de dar testimonio… no preocuparos por vuestra defensa…”

La defensa de nuestra identidad cristiana se centra en el compromiso cotidiano por vivir en coherencia lo que proclamamos.

Lo mismo ocurre con los valores que nos identifican. No es una cuestión sólo conceptual, sino esencial, vital, que hunde sus raíces en las opciones de cada uno.

Si vivimos así nuestra identidad cristiana “seremos testigos”, sin necesidad de esforzarnos para “hacer las veces de testigos”, por hacer “de vez en cuando”, un ejercicio de “musculatura identitaria”…

Como nos recuerda el Papa Francisco, el desafío de evangelizar desde el testimonio no implica que seamos perfectos… ni mucho menos: “El testimonio de fe que todo cristiano está llamado a ofrecer implica decir como san Pablo: «No es que lo tenga ya conseguido o que ya sea perfecto, sino que continúo mi carrera […] y me lanzo a lo que está por delante» (Flp 3,12-13).”

 

 

 

JUEVES 25 de noviembre (Lucas 21, 20-28)

 “Jerusalén será pisoteada por los paganos…”

No existe penuria que no pueda ser leída en la perspectiva de la redención ofrecida por Cristo. Por ello, aún en medio de las contrariedades, el cristiano está invitado a “levantar la cabeza”, a sostenerse en la esperanza de una liberación que nace en el corazón de la persona.

La esperanza cristiana, hunde sus raíces en certezas que dan respuesta al sentido último de nuestras vidas.

No se trata de prolongar la ensoñación de lo superfluo, sino de recuperar las esencias. Por eso los tiempos de crisis pueden convertirse en redentores de lo más preciado.

 

VIERNES 26 de Noviembre (Lucas 21, 29-33)

“Mis palabras no pasarán.”

La hermenéutica del texto señala que si bien en Cristo todo el proceso salvífico se consuma, esta visión escatológica no descarta sino integra el aquí y ahora desde el que vamos construyendo la historia.

La certeza que en Cristo hemos sido redimidos alienta nuestra esperanza, al tiempo que reclama un compromiso coherente con la vida y el mensaje de Jesús de Nazaret. La salvación se nos ofrece. Aceptarla significa implicarnos desde el esfuerzo cotidiano por ser coherentes.

Las incoherencias nos acompañarán siempre, pero debemos reforzarnos en la esperanza cierta de un Dios que no falta ni faltará nunca a su PALABRA.

 

 SÁBADO 27 de noviembre (Lucas 21, 34-36)

 “Estad atentos. No dejéis que os esclavicen las preocupaciones de esta vida.”

¡Cuántas realidades embotan nuestra mente! Algunas de ellas no están directamente relacionadas con vicio alguno, pero terminan enredándonos en lo superficial y alejándonos de aquello que sí importa.

¡Esa filigrana de pequeñeces que nos aturden! Muchas de ellas impuestas desde los dogmas culturales.

Qué actual resulta la invitación del Señor: “Estad siempre despiertos.”  Para ello debemos cultivar una actitud de discernimiento constante. Y si lo hacemos en comunidad, en pequeños grupos de fe, mejor aún.

¡Cuán necesarios son los espacios de reflexión profunda y compartida! Debemos ayudarnos unos a otros a estar despiertos…