I SEMANA DE ADVIENTO: 28 de noviembre al 4 de diciembre de 2021

 DOMINGO 28 de noviembre (Lucas 21, 25-28 . 34-36)

 “Levantad la cabeza”

No existe penuria que no pueda ser leída en la perspectiva de la redención ofrecida por Cristo. Por ello, aún en medio de las contrariedades, el cristiano está invitado a “levantar la cabeza”, a sostenerse en la esperanza de una liberación que nace en el corazón de la persona.

La esperanza cristiana, hunde sus raíces en certezas que dan respuesta al sentido último de nuestras vidas. No se trata de prolongar la ensoñación de lo superfluo, sino de recuperar las esencias.

Por eso los tiempos de crisis pueden convertirse en redentores de lo más preciado. El ADVIENTO que iniciamos es una invitación a cultivar la certeza de estar en manos de un Dios que es Padre de misericordia.

 

LUNES 29 de noviembre (Mateo 8, 5-11)

“En Israel no he encontrado tanta fe.”

¿Cómo es eso que de Oriente y Occidente vendrán y se sentarán junto a nuestros padres Abrahán, Isaac y Jacob?

El contexto en el que Jesús reafirma este anuncio en el que cuestiona la exclusividad salvífica de los israelitas es especialmente crítico pues pone la fe de un centurión romano sobre la del pueblo escogido.

Aplicar esta palabra a nuestro contexto implica abordar el tema de la INCLUSIÓN. A nadie se le puede negar la posibilidad de compartir el proyecto de Jesús de Nazaret.

Hoy vivimos con no poca tensión ese principio evangélico que lleva al Papa Francisco a promover una iglesia “inclusiva”, que no pretende ponerle frontera alguna a la misericordia de Dios.

¡Cuánto camino debemos hacer para romper las ataduras milenarias de un exclusivismo salvífico que no tiene nada que ver con el plan de ese Dios que viene para todos los “hombres de buena voluntad”.

 

MARTES 30 de noviembre (Mateo 4, 18-22)                                                     SAN ANDRÉS APÓSTOL

 “Jesús iba paseando por la orilla del lago de Galilea.”

Jesús deja su casa y se va junto al mar. Allí comienza su predicación y escoge a los primeros discípulos. Entre ellos a Andrés, a quien hoy recordamos como testigo privilegiado de la fe.

Salir de la propia tierra, otear nuevos horizontes, reafirmar y anunciar a Jesús, formar comunidad en torno a la misión, son acciones que pueden inspirar e iluminar nuestro caminar.

Estamos llamados a recrear  la pastoral de la salud haciéndola presente fuera de nuestros pequeños círculos, yendo al encuentro de los “gentiles”, con mentalidad inclusiva,  reafirmando nuestra identidad eclesial en todo contexto, creando comunión en la misma misión, retomando con renovado fervor las motivaciones de nuestra misión.

 

 MIÉRCOLES 1 de diciembre (Mateo 15, 29-37)

 “Tomó los siete panes y los peces (…) y se los fue dando a los discípulos y estos se los fueron dando a la gente.”

Jesús siente lástima y actúa. No se queda en sentimientos lastimeros, pasa a la acción.

Vivimos en una cultura cargada de contraluces. Junto a personas que entienden el sentido de sus vidas desde la entrega, se extienden opciones pautadas por el individualismo más radical y desencarnado.

¿De qué lado queremos ubicarnos? No ya desde el mundo de las ideas, sino de los hechos. ¿He dejado en mi corazón espacio para la solidaridad? ¿Puedo decir que formo parte de aquellos que continúan multiplicando el pan y los peces a favor de los menos favorecidos?

En este tiempo de Adviento se multiplican las campañas solidarias. Son tan bienvenidas como necesarias. Hasta urgentes.

Al mismo tiempo sabemos que la solidaridad es una actitud que debe acompañarnos siempre y no reducirse a hechos puntuales, aunque éstos sigan siendo necesarios y puedan motivar opciones más estables.

 

JUEVES 2 de diciembre (Mateo 7, 21.24-27)

 “No todos los que dicen: “Señor, Señor”, entrarán en el Reino de los cielos…”

Es importante acercarnos a la Palabra, orar con ella, pero todo este proceso queda vacío si no provoca en nosotros procesos de conversión, cambios reales y constatables en nuestro modo de comprender y vivir la realidad.

La conciencia es necesaria pero insuficiente. Es preciso que se traduzca en hechos. Y los hechos no se improvisan, se maduran desde un caminar que implican el conocimiento de la Palabra, pero también capacidad para la autocrítica, deseo de cambio, revisión de nuestras “prácticas” y el humilde y sincero compromiso de retomar día a día la andadura.

Quienes hacemos del encuentro con la Palabra un hecho frecuente, quizá cotidiano, tenemos el enorme privilegio de escuchar y rumiar las llamadas del Señor. Es un don, pero también un desafío.

Un aldabonazo constante para que abramos nuestro corazón y salgamos a anunciar con nuestras vidas que somos personas transformadas por la Palabra.

 

VIERNES 3 de diciembre (Mateo 9, 27-31)

 “Lo siguieron dos ciegos que suplicaban dando voces.”

Los ciegos del Evangelio comenzaron con un grito lejano y terminaron dialogando cara a cara con el Señor. Es necesario leer este itinerario en la doble perspectiva de quien lo realiza y de quien acompaña a otros a realizarlo.

En la labor pastoral desarrollada en nuestras parroquias podemos quizá identificar a quienes está dando esas voces lejanas, buscando respuestas a cuestiones de sentido en sus vidas.

Nuestra misión consiste en ponernos a su lado, acompañarles en el camino, para que sus preguntas terminen convirtiéndose en súplicas íntimas al Dios de la Vida. Para ello debemos cultivar una gran capacidad de escucha, de cercanía, de contemplación del otro.

 

 

SÁBADO 4 de diciembre (Mateo 9, 35 – 10, 6-8)

 “Id a las ovejas descarriadas de Israel.”

No es sencillo ir al encuentro de las “ovejas descarriadas de Israel”. Sobre todo cuando se trata de aquellos que un día estuvieron incorporados en el redil.

Podemos proyectar esta metáfora en nuestro contexto eclesial. Los procesos de pertenencia y adhesión al proyecto evangélico están sometidos a experiencias vitales y no es extraño ver que aquellos que un día estuvieron comprometidos pasan por períodos de alejamiento y negación.

El Señor nos convoca a no dejarles abandonados. A estar con ellos, a acompañarles para que recuperen el cariño y la ilusión primera.

Es el camino que machaconamente nos propone el Papa Francisco al insistir en una pastoral misericordiosa que no condene sino que promueva el reencuentro.

El texto nos remite al hermano mayor de la parábola del hijo pródigo. ¡Cuánto nos cuesta entrar en la dinámica del Padre Bueno que sólo entiende de amor incondicional, de perdón, de olvido de las ofensas!

Las “ovejas descarriadas” podemos ser nosotros, o ser personas cercanas. Es más difícil restaurar lazos que crear nuevos.

Otra llamada a la conversión que nos presenta el ADVIENTO que acabamos de iniciar.