IV SEMANA DE ADVIENTO y NAVIDAD: 19 al 25 de diciembre de 2021

DOMINGO 19 de diciembre (Lucas 1, 39-45)

 “Dichosa tú porque has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”  

Nos detenemos a contemplar a estas dos mujeres de pueblo que se quieren, se ayudan y manifiestan la alegría profunda que las une. No faltaban las dudas y las dificultades en el horizonte vital de ambas. Esperaban a un hijo en circunstancias más que comprometidas. Sin embargo supieron centrar su esperanza en aquel hilo de vida que comenzaba a bullir en sus vientres.

La medida de nuestra confianza en el otro, la fuerza de nuestros proyectos y sueños, la profundidad de nuestra fe en un Dios que nos ama sin condiciones, conforman la plataforma de nuestra felicidad.

Desde estas perspectivas la alegría es posible cualesquiera sean las circunstancias. No se trata de asumir una visión simplista y ajena a la realidad, sino de recentrar nuestros corazones en lo que realmente vale. ¡Muchas preocupaciones pasarían sin duda a un segundo plano!

 

 

LUNES 20 de diciembre  (Lucas 1, 26-38)

“¿Cómo será eso…?”

La fe de María es una fe cargada de búsqueda de sentido. No se confunde con un fideísmo opuesto a la razón. Para ella no encajaba eso de ser madre sin estar desposada con José. Por ello pregunta y se inquieta.

La inexplicable maternidad de Isabel le hace pensar que abandonarse a la voluntad del Dios de sus padres no es temeridad sino un grado diferente de certeza: la de la fe. Entonces, su búsqueda encuentra una respuesta cargada de lógica.

La lógica de la fe está estrechamente relacionada con la lógica del amor y una de sus expresiones centrales: la confianza. La confianza evangélica tiene mucho que ver con la actitud simple y espontánea de los niños.

Sin ser simplista, no se enreda en mil considerandos, le basta saberse en manos de Dios, un Dios que es fiel, un Dios que cumple sus promesas, un Dios que en cada Navidad nos recuerda su compromiso de presencia en nuestras vidas.

 

 

MARTES 21 de diciembre (Lucas 1, 39-45)

“Se puso en camino, a toda prisa…”

El encuentro de María con su prima Isabel ha dado lugar a innumerables comentarios exegéticos y constituye una fuente inagotable para la espiritualidad cristiana y Hospitalaria.

Como María, cada uno de nosotros se ve en la necesidad de discernir el qué, el cómo, el cuándo… de nuestro compromiso cotidiano. ¡Son tantas las llamadas!

María nos regala un criterio y un testimonio. Ella “salió de prisa”. No podemos detenernos en interminables considerandos para asumir una decisión en nuestras vidas. Hay que actuar, hay que moverse, hay que dejar las propias zonas de confort, los “cobertizos” de los que nos habla el Papa Francisco en Evangelii Gaudium. Exponernos a la intemperie, tocar el dolor del otro, “complicarnos maravillosamente la vida”. Ir de prisa no implica perder la calma ni la razón. Nos anima a tomar decisiones valientes, priorizando al más necesitado.

 

 

MIÉRCOLES 22 de diciembre (Lucas 1, 46-56)

 “María se quedó con Isabel…”

El texto de Lucas nos habla de mujeres, de personas agraciadas, de encuentro y hospitalidad. María sale deprisa llena de alegría para llevar el don de sí misma y el don de Dios que la habita. No es una hospitalidad vacía sino plena.

Isabel se alegra por el servicio de su prima y Juan siente la “cercanía de Dios” en la solicitud de María. Intuye ya por dónde anda el Señor.

Tenemos el desafío de ser nosotros mismos Buena Noticia en el ejercicio de nuestra misión como agentes de pastoral de la salud, no bastan las acciones, se nos pide ser personas “sanadas y sanadoras” y llevar al Dios de la vida.

Solemos estar más ocupados de lo aconsejable, tener más tareas que tiempo, nos pesa el no llegar a todo, el no poder con todo…

María iba a ayudar a su prima, pero lo primero que su prima ve en ella es la presencia del Señor. Y ahí reside la clave que da o quita sentido a nuestro empeño por estar en todo y hacerlo todo. ¿Transmito en mi compromiso, la presencia del Señor? Esa presencia implica el abrazo, la mirada a los ojos, la admiración…

Es verdad, debemos hacer muchas cosas, pero no perdamos el norte… Todo quehacer sin “presencia”, es paja es que se lleva el viento.

 

 

JUEVES 23 de Diciembre (Lucas 1, 57-66)

“¿Qué va a ser de este niño?”

Quiénes son los “Juan Bautista” de nuestra parroquia? ¿Contamos con referentes que afirman desde la radicalidad de sus vidas la actualidad del carisma y la misión?

De alguna manera todos estamos llamados a ser otros “precursores” del Mesías. Abriendo las puertas a la esperanza, siendo cercanos y acogedores, comprometiéndonos en la construcción del espíritu comunitario, aprendiendo a retomar el camino con ilusión ante las dificultades que surgen, apostando abierta y resueltamente por ser mediadores del don recibido.

El carisma y la misión son un don y una responsabilidad que nos interpela a todos. Todos debemos encontrar la forma de ser “el precursor”.

 

 

VIERNES 24 de diciembre (Lucas 1, 67-79)                                      COMIENZA EL TIEMPO DE NAVIDAD

“Zacarías, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo…”

Nos unimos a la alabanza, la gratitud y la esperanza manifestadas por Zacarías en su oración. ¿No es acaso necesario y urgente compartir este espíritu navideño con los destinatarios de nuestro servicio, con sus familias y las nuestras, en nuestras comunidades?

Ciertamente siguen haciendo faltas palabras que refuercen las razones de nuestra esperanza. Y junto a las palabras, gestos concretos de bondad, de cercanía, de ilusión compartida.

¿Cómo ser profetas que anuncian la certeza de un Dios fiel que nos viene a visitar y a redimir, a librarnos de las sombras, a iluminar a los que viven tinieblas?

Que sepamos compartir y repartir la certeza y serenidad que nos da el Emmanuel (Dios con nosotros). ¡Feliz Nochebuena, feliz Navidad!

 

 

 SÁBADO 25 de diciembre (Lucas 2, 1-14)                                                NATIVIDAD DEL SEÑOR

 “Hoy nos ha nacido un Salvador”

 

En esta fecha, en que celebramos la certeza de contar con un Dios que sale a nuestro encuentro para redimirnos, sentimos la llamada a acogerle, desde la plena conciencia de nuestras debilidades.

En Jesús la SALVACIÓN es PAZ, RECONCILIACIÓN, SALUD, FRATERNIDAD, TERNURA, PERDÓN…

Ser “imagen y semejanza” del “Dios con nosotros” implica asumir esta dimensión vital de la salvación.

Jesús niño vuelve dinámico y actual su nacimiento en el compromiso de quienes, en Él, asumimos el reencuentro con el Padre.