TIEMPO DE NAVIDAD: 2 al 8 de enero de 2022

DOMINGO 2 de enero (Juan 1, 1-18)

 “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.”

Un Dios hecho PALABRA. Una PALABRA hecha carne, es decir, hermanada con nuestra humana condición de caminantes. Por eso, cada vez que nos acercamos a la PALABRA para orientar y alimentar nuestros proyectos vitales, estamos haciendo posible, una vez más, la NAVIDAD.

Hoy es un día que nos invita a reforzar nuestro compromiso de encuentro con la Palabra, con el Verbo de Dios. El Niño de Belén continúa habitando en nosotros en la Palabra y su mensaje adquiere la actualidad y el dinamismo de nuestras propias existencias. ¿Creemos realmente que es así? Es maravilloso pensar y vivir desde esta espiritualidad de un Dios que sigue “habitando” entre nosotros por medio de la Palabra.

Debemos dejarnos evangelizar por la Palabra y centrar en ella nuestra acción misionera-testimonial.

Este Tiempo de Navidad nos invita a reafirmar nuestra fe en la presencia sacramental de Jesús en la Palabra.

 

 

LUNES 3 de enero (Juan 1, 29-34)

 “Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”  

En el contexto navideño, la figura de Juan el Bautista, que nos acompañó durante el Adviento, vuelve para acicatear la dimensión misionera de nuestra vida creyente.

Desde la encarnación sabemos que la humanidad y su historia son lugares teológicos en los que el mismo Dios se manifiesta. El desafío consiste en saber hacer una adecuada lectura, contemplando la realidad con ojos de fe. Esta hermenéutica de la historia en clave creyente nos permite identificar a ese Dios encarnado que ha puesto su tienda entre nosotros.

Quien es capaz de contemplar la acción del Espíritu debe “socializar su espiritualidad”, debe ser capaz de dar testimonio de esa presencia escondida, y muchas veces desconcertante, del Dios de los evangelios.

La tendencia cultural dominante, marcada por el individualismo y cierto capillismo espiritual y religioso ha hecho que esta dimensión profética de la vivencia de la fe quede opacada y hasta justificada. ¿No será que, con demasiada frecuencia, nuestros silencios impiden o dificultan el encuentro de aquellos que nos rodean con el Mesías?

Mientras a los creyentes nos siga invadiendo el pudor espiritual al punto de silenciar nuestro testimonio, el Dios de los evangelios continuará oculto entre los signos de los tiempos sin que nada ni nadie lo haga reconocible.

 

  

MARTES 4 de enero (Juan 1, 35-42)

 “Venid y veréis”

Los discípulos de Juan el Bautista se dirigen hacia Jesús y le preguntan: “Rabí, ¿Dónde vives? Él les dijo: “Venid y veréis.”   Esta breve respuesta se ha constituido en un referente teológico-pastoral fundamental a la hora de comprender la pedagogía de Dios.  El testimonio de vida es clave a la hora de anunciar el Reino.

Ciertamente Jesús se manifestó también por la palabra y sus tres años como predicador itinerante lo confirman.  La Palabra, siendo fundamental, se vio siempre refrendada por la vida, por la coherencia testimonial. De ahí que a los discípulos de Juan les invitara a conocerle por su vida. Habían escuchado hablar del Mesías, había llegado el tiempo de contemplar cómo aquellas palabras se encarnaban en él.

Estamos ante las dos formas en que Dios quiso revelarse, la palabra y el testimonio. Si no integramos el testimonio todo proceso evangelizador queda hipotecado. A la hora de explicitar los contenidos de la evangelización deberíamos ser capaces de repetir con Jesús: ¿Queréis saber en qué consiste la propuesta de vida de Jesús de Nazaret? Venid y vedlo en nosotros.

Dios no nos pedirá la perfección, pero sí reclamará de nuestra parte una postura de sincero compromiso a partir del cual reflejemos con nuestras vidas la misma fe que profesamos con nuestros labios, retomando la andadura cada vez que nos sintamos fuera del camino. Esta es la forma en la que cada creyente está llamado a ser epifanía de Dios para sus hermanos, “bautizado misionero”, como nos lo repite a menudo el Papa Francisco.

 

  

MIÉRCOLES 5 de enero (Juan 1, 43-51)

  “Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los Profetas, lo hemos encontrado.”

En estos primeros días del año la liturgia de la Palabra nos narra el proceso por el cual Jesús de Nazaret escoge a sus apóstoles.  Hoy reflexionamos sobre el seguimiento de Felipe y de Natanael, más tarde conocido como el apóstol Bartolomé.

Hay un aspecto que capta la atención y es la importancia de la mediación de los amigos y conocidos en el proceso vocacional. Andrés sigue a Jesús por el testimonio de Juan el Bautista, Pedro lo hace por el de Andrés, Bartolomé por el de Felipe.

¡Cuánta importancia tiene el compartir nuestras certezas y nuestro credo con quienes hacemos el camino de la vida!

Lo que no se expresa, lo que no encuentra un lenguaje, lo que no se comparte, se debilita y finalmente desaparece. Por lo tanto, no sólo en función del testimonio sino también del vigor de nuestras convicciones y nuestros credos, es fundamental que sepamos expresarlos y compartirlos.

 

 

JUEVES 6 de enero (Mateo 2, 1-12)                            SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

 “…le ofrecieron regalos”

La simbología de los presentes delicadamente empaquetados en nuestros salones quedaría reducida a una parodia si no convertimos la Fiesta de la Epifanía en una invitación al encuentro profundo con el otro, con nosotros mismos, con el Dios de los Evangelios.

Por eso quisiera pensar esta celebración desde las demandas más significativas de las personas que me rodean. Regalar acompañamiento, regalar acogida, ternura, escucha, tiempo, cuidado…

Retomar el sentido altruista que nos hace crecer como personas, sabiendo trascender un contexto que ha puesto en el centro de nuestros deseos el consumo y el individualismo.

Saber regalar, saber regalarnos, saber también acoger el cariño de los demás. Quizá sea uno de los mensajes que debamos rescatar con mayor fuerza en estas fiestas entrañables que cada año nos recuerdan la urgencia de entender la vida como don, como donación.

 

 VIERNES 7 de enero (Mateo 4, 12-17.23-25)

 “Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar.”

Jesús deja su casa y se va junto al mar. Allí comienza su predicación y allí escoge a los primeros discípulos.

Salir de la propia tierra, otear nuevos horizontes, formar comunidad en torno a la misión, son acciones que pueden inspirar e iluminar nuestro caminar. El Papa Francisco en Evangelii Gaudium nos reafirma en esta llamada al invitarnos a construir “una iglesia en salida”.

Al desarrollar la misión tenemos la tendencia a cerrarnos en nuestros muros, en nuestros desafíos, que no son pocos, pero que nunca deben quitarnos el horizonte de la sinodalidad, del encuentro con los otros…

Hoy el evangelio nos invita a mirar más allá de esa realidad cotidiana con la que convivimos, a abrirnos en una dimensión más inter-religiosa, más social. Podemos preguntarnos sobre nuestra presencia en la diócesis, en los círculos sanitarios/sociales con los que compartimos la misión…

 

 SÁBADO 8 de enero  (Marcos 6, 34-44)

 «Dadles vosotros de comer».

La multiplicación de los panes y de los peces constituye una de las epifanías más reflexionadas por exegetas y pastoralistas. Prefigura el alimento de la Eucaristía desde el que Jesús continúa presente entre nosotros.

Conocemos lo que sucedió. Se formaron grupos de cien y de cincuenta personas y, previa bendición de los escasos recursos, los apóstoles comenzaron a repartirlos hasta que todos “quedaron satisfechos”. Fue el milagro de la solidaridad, de la organización, de la sensibilidad ante las necesidades del otro.

El milagro de la multiplicación de los panes y los peces nos aporta una luz particular para vivir en clave evangélica. Ante todo nos dice que nos hagamos cargo de la situación, que no demos respuestas evasivas, que no busquemos justificaciones fáciles. También nos invita a creer en la potencialidad de nuestros recursos y en la necesidad de organizarnos para ser más eficaces.

No se trata de caer en un romanticismo voluntarista sino de superar el victimismo -con el derrotismo que comporta- poniendo nombre a las dificultades, organizándonos y liderando, con ilusión, las respuestas que consideremos oportunas.

Una chispa de irracionalidad es el condimento imprescindible para actualizar en nuestras parroquias la multiplicación de los “panes y los peces…“ No fue coherente el organizar a la multitud para darles de comer con cinco panes y dos peces…

Esta aparente incoherencia solamente encuentra sentido en la confianza cierta en un Dios que se hará presente y multiplicará de forma inimaginable la generosidad de quienes siguen apostando por ese Reino que no termina por entender del todo nuestras previsiones y proyecciones estadísticas. La proyección fundamental, que no puede faltar, depende de nuestra generosidad y de nuestra fe en el proyecto del Reino.