“Acompañar en el sufrimiento”

“Acompañar en el sufrimiento”

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6, 36)

Acompañar en el sufrimiento”

El Papa San Juan Pablo II, el 13 de mayo de 1992, quiso instituir esta Jornada Mundial del Enfermo y que se celebre cada año el 11 de febrero, día en que celebramos la memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes. En la Carta con ocasión de la institución de la Jornada Mundial del Enfermo, nos explica la elección de la fecha de esta Jornada Mundial y su objetivo.

Así como escogí el 11 febrero de 1984 para publicar la carta apostólica “Salvifici doloris” acerca del significado cristiano del sufrimiento humano (…) considero significativo fijar esa misma fecha para la celebración de la Jornada mundial del enfermo. En efecto, ‘con María, Madre de Cristo, que estaba junto a la cruz, nos detenemos ante todas las cruces del hombre de hoy’ (Salvifici doloris, 31). Y Lourdes, uno de los santuarios marianos más queridos para el pueblo cristiano, es lugar y, a la vez, símbolo de esperanza y de gracia en el sentido de la aceptación y el ofrecimiento del sufrimiento salvífico”.

Tiene como objetivo:

  • Sensibilizar al pueblo de Dios y, por consiguiente, a las varias instituciones sanitarias católicas y a la misma sociedad civil, ante la necesidad de asegurar la mejor asistencia posible a los enfermos”
  • Ayudar al enfermo a valorar, en el plano humano y sobre todo en el sobrenatural, el sufrimiento”.
  • Hacer que se comprometan en la pastoral sanitaria de manera especial las diócesis, las comunidades cristianas y las familias religiosas”.
  • Favorecer el compromiso cada vez más valioso del voluntariado”.
  • Recordar la importancia de la formación espiritual y moral de los agentes sanitarios”.
  • Hacer que los sacerdotes diocesanos y regulares, así como cuantos viven y trabajan junto a los que sufren, comprendan mejor la importancia de la asistencia religiosa a los enfermos”.

El tema elegido para la XXX Jornada Mundial del Enfermo de este año es: “sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6, 36). Acompañar a quienes sufren como consecuencia de la enfermedad es una obra de misericordia y una finalidad fundamental en la Pastoral de la Salud. Por ello en la Campaña del Enfermo, que transcurre entre el 11 de febrero y el VI domingo de Pascua (22 de mayo) de este año 2022, pondremos el acento en la importancia de “acompañar en el sufrimiento”.

Líneas fundamentales de la Campaña

El tema de la Campaña de este año: “Acompañar en el sufrimiento”, con el lema bíblico “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6, 36). En su Mensaje para esta trigésima Jornada, el Papa Francisco nos dice “cómo no recordar, a este respecto, a los numerosos enfermos que, durante este tiempo de pandemia, han vivido en la soledad de una unidad de cuidados intensivos la última etapa de su existencia atendidos, sin lugar a dudas, por agentes sanitarios generosos, pero lejos de sus seres queridos y de las personas más importantes de su vida terrenal”. El sufrimiento de nuestros hermanos se convierte en una urgente llamada a ser “testigos de la caridad de Dios que derramen sobre las heridas de los enfermos el aceite de la consolación y el vino de la esperanza, siguiendo el ejemplo de Jesús, misericordia del Padre” y así acompañarlos en su sufrimiento.

Pretendemos que en esta Campaña seamos portadores de esperanza a cuantos sufren por la enfermedad, sin olvidarnos de cuantos cuidan a los enfermos y de aquellos que padecen enfermedades menos “visualizadas” que provocan un sufrimiento grande: las personas con enfermedad mental (la depresión es cada vez más frecuente y en edades más bajas, el suicidio como segunda causa de muerte en los jóvenes), neurodegenerativas (ELA, Alzheimer…) o las denominadas “enfermedades raras” (para las que se destinan menos recursos y padecen un mayor abandono).

  1. A lo largo de estos treinta años el servicio indispensable que realiza la pastoral de la salud se ha reconocido cada vez más. Si la peor discriminación que padecen los pobres —y los enfermos son pobres en salud— es la falta de atención espiritual, no podemos dejar de ofrecerles la cercanía de Dios, su bendición, su Palabra, la celebración de los sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y maduración en la fe” (Mensaje del Papa Francisco para la Jornada del Enfermo 2022).
  2. Hay que ayudar a descubrir que hay vida, sentido y valor en el hombre que sufre. La enfermedad supone siempre una grave una crisis y nos plantea interrogantes vitales que surgen desde lo más íntimo del corazón que sufre. Se hace, entonces, necesario estar preparados para aporta esperanza; pero no una esperanza cualquiera, sino una esperanza “fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino” (Benedicto XVI. Encíclicas “Spes Salvi, 1).
  3. La ciencia cristiana del sufrimiento, como nos dice el Concilio, es la única verdad capaz de responder al misterio del sufrimiento y de dar a quien está enfermo un alivio sin engaño: No está en nuestro poder el concederos la salud corporal, ni tampoco la disminución de vuestros dolores físico. Pero tenemos una cosa más profunda y preciosa que ofreceros. Cristo no suprimió el sufrimiento y tampoco ha querido desvelarnos enteramente su misterio: Él lo tomó sobre sí, y eso es bastante para que nosotros comprendamos todo su valor (cf. Concilio Vaticano II, Mensaje a los pobres, a los enfermos y a todos los que sufren, 8 de diciembre de 1965)”.
  4. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito” (Benedicto XVI, Encíclica Spe salvi, 37).
  5. No basta el cuidado técnico. El amor pide más. “Hoy, aunque, por un lado, con motivo de los progresos en el campo técnico-científico, aumenta la capacidad de curar físicamente al enfermo, por otro lado, parece debilitarse la capacidad de atender a la persona que sufre, considerada en su totalidad y unicidad” (Benedicto XVI, Discurso a participantes de las XXVII Conferencia Internacional del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, 17-XI-2012).