TERCERA SEMANA del TIEMPO PASCUAL: 1 al 7 de mayo de 2022

DOMINGO, 1 de mayo (Juan 21, 1-19)

“Jesús se presentó en la orilla, pero los discípulos no sabían que era Jesús.”

¿Qué había cambiado para que ni María Magdalena, ni los discípulos de Emaús, ni los demás apóstoles fueran capaces de identificar inmediatamente a su maestro resucitado?

Se tuvieron que dar otros gestos para que cayeran en la cuenta que no era un desconocido el que se acercaba a ellos.

Hay un signo que se reitera en las apariciones del Resucitado y son los gestos de fraternidad.

A partir de la resurrección lo comunitario adquiere una entidad fundamental en la vivencia de la fe. No hay cristianismo posible desde el individualismo, sea éste personal o corporativo.

¿Cómo romper las fronteras que hemos creado para proteger nuestro “bienestar”? Me pregunto si no estamos volviendo inerte la Pascua. Hoy la resurrección reclama gestos de solidaridad que hagan visible y reconocible nuestro credo.

 

 LUNES, 2 de mayo (Juan 6, 22-29)

“La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.”

Creer que Jesús es el enviado del Padre tiene consecuencias radicales.

Algo parecido ocurre con el proyecto de vida cristiana. Lo importante no es lo que hacemos, ni tan siquiera lo bien que lo estemos llevando a cabo. Lo que importa es que creamos en aquel a quien intentamos seguir: Jesús de Nazaret, el enviado.

¿Creemos que vale la pena ser el corazón misericordioso de Dios en medio de las personas inmersas en el dolor psíquico?

¿Creemos que el mismo Jesús se hace presente en la vivencia de nuestra misión samaritana? Si nos lo creemos de verdad, seremos capaces de ser bautizados-misioneros. De lo contrario seguiremos haciendo cosas, sin más. Y poco a poco, perderemos las esencias del seguimiento.

 

MARTES, 3 de mayo (Juan 14, 6-14)                                        SANTOS FELIPE Y SANTIAGO, apóstoles.

 “Yo soy el camino y la verdad y la vida.”

Cuando en el día a día sentimos el peso de llevar adelante un proyecto de vida, con sus exigencias laborales, familiares, comunitarias y sociales, con esa llamada, muchas veces convertida en queja, de cuidarnos a nosotros mismos, de no caer en la vorágine del activismo… las palabras del Evangelio de este día nos regalan la posibilidad de reubicar tantas exigencias en un proyecto diferente: Seguir a Jesús, hacer de Jesús nuestro camino, nuestra verdad, nuestra vida.

Probablemente tendremos que continuar haciendo lo mismo, pero ya no desde el agobio y las tensiones gratuitas que muchas veces nos acompañan. Todo en Jesús, todo desde Jesús. De este modo, sin duda, la vida será NUEVA, será RESUCITADA.

  

MIÉRCOLES, 4 de mayo (Juan 6, 35-40)

  “Esta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna.”

La Pascua nos recuerda nuestra dimensión de eternidad. ¡Cuánto sentido adquiere y cómo nos compromete el sabernos acompañando a personas que, aún en su más profunda debilidad, están llamadas a vivir por siempre en Dios!

Jesús nos enseñó a verle en los crucificados del mundo. Con mirada pascual podemos afirmar que están llamados a ser “vivas imágenes del resucitado”.

Por la fe contemplamos en las limitaciones más extremas la potencialidad de la resurrección, la llamada a la plenitud en Dios, fuente de la dignidad esencial de todo ser humano.

¿No es acaso la Pascua la respuesta de plenitud que todo ser humano ansía? ¿Por qué negar a otros la posibilidad de conocer y amar a Jesús de Nazaret, de creer en Él? ¡Cuántas veces acallamos el mensaje desde una pretendida neutralidad religiosa! No se trata de convencer sino de contagiar nuestro credo. De hacerlo creíble y deseable por nuestro testimonio de vida. Eso es ser “bautizados MISIONEROS”, como nos lo repite el Papa Francisco.

 

 

JUEVES, 5 de mayo (Juan 6, 44-51)

 “El que coma de este pan, vivirá para siempre.”

La “vida eterna” no minusvalora sino integra la “vida del mundo”.

Resulta esencial considerar que al comulgar nos convertimos en “carne para la vida del mundo”.  Al comulgar, yo no asimilo a Dios, sino Dios me asimila, Dios mismo se hace carne en mí.  ¡Qué misterio y qué desafío!

No puede haber acto más comprometedor con la construcción de un mundo más fraterno, más justo, más “vivo”, que el comulgar.

Y sin embargo debemos reconocer que a los creyentes nos acecha la rutina “de la comunión”, como un gesto que, sin profundización, termina quitando esencia a lo más sagrado.

 

 VIERNES, 6 de mayo (Juan 6, 52-59)

“Si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre, no tendréis vida en vosotros.”

Las primeras comunidades de bautizados nutrieron su entrega cotidiana en el encuentro cotidiano con Jesús Eucaristía.

¿Cómo dar continuidad a esta re-encarnación del Verbo desde una pluralidad Desde la pluralidad cultural en la que nos encontramos? Estamos llamados a cultivar el don bautismal desde un enfoque inclusivo, siempre respetuoso de las opciones personales.

Lo que no vale es acallar quiénes somos o trazar una línea de mínimos desde una antropología horizontalista que ignore la urgencia de cultivar la vida de fe, la vida sacramental.

 

 SÁBADO, 7 de mayo (Juan 6, 60-69)

“¿También vosotros queréis marcharos?”

Entre los seguidores de Jesús hubo quienes se “echaron atrás” al no comprender su mensaje. Sólo el don de la fe y la adhesión emocional vuelven coherente el salto sobre la razón.

Para Pedro el fundamento de su fidelidad era el sentirse totalmente identificado con el maestro. Desde esta experiencia, no sólo racional, confiesa su adhesión.

Es en el cultivo de una amistad íntima con el Señor que se vuelve posible sostener nuestro credo. Dinámica que también se da en la relación interpersonal. Creo en ti porque te quiero. No hay más razones.

¡Cuántas veces hemos intentando encerrar la fe en el laberinto de la razón! Nada de todo lo que podemos saber de doctrina supera el don del encuentro íntimo, personal, con Jesús de Nazaret. Las dudas pueden abundar, pero nunca serán razón suficiente para quien ama.