XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 31 de julio al 6 de agosto de 2022

 

DOMINGO 31 de julio  (Lucas 12, 13-21)

 

“Lo que has acumulado, ¿de quién será?”

Hay un componente socio-cultural sustancial en cuanto a la forma en que se valora el tener. De hecho, lo que desde la sociedad del bienestar consideramos bienes esenciales no son sino lujos imposibles para la mayoría de la humanidad.

Reside en el corazón del hombre la capacidad de discernir su nivel de apego y de libertad ante los bienes.

¡Qué mal estamos repartiendo la herencia de los bienes de la tierra! ¡Cuántas desigualdades! ¡Cuánta pobreza extrema en un mundo que podría cobijar y dar sustento a toda la humanidad!

El ejercicio consciente de la austeridad es una actitud necesaria y urgente que nos humaniza, nos abre a la solidaridad, nos da la posibilidad de ser libres ante la presión del consumismo reinante. Para millones de seres humanos la austeridad no es una opción, sino una imposición… Pero para otros, como nosotros, sí es una opción. ¿Qué estoy dispuesto/a a perder para que otros puedan simplemente vivir?

 

 

LUNES 1 de agosto  (Mateo 14,13-21)

 

“Comieron todos…”

El Evangelio nos invita a la insensatez de la generosidad, a la capacidad de riesgo. Desde lo pequeño, vivido con entrega, son posibles los grandes sueños.

Sin embargo nos parece más sensato calcular nuestras posibilidades de éxito desde los recursos materiales y humanos con los que contamos.

Esta sensatez en la gestión no debe nunca eliminar esa chispa evangélica que nos impulsa a arriesgar respuestas sin más garantías que nuestra generosidad.

La fuerza evangelizadora de lo que está perfectamente calculado y medido dista mucho de la confianza en la Providencia y del riesgo que ha caracterizado la evangelización desde los orígenes.

 

 

MARTES 2 de agosto (Mateo 14, 22-36)      

                                                                 

Señor, sálvame”.

¡Qué breve y qué bonita plegaria la de Pedro!  

El Señor le invita a dar el paso hacia el vacío, el paso ilógico de caminar sobre las olas embravecidas. Pedro se lanza pero el contexto no podía ser peor. Sintió miedo y empezó a hundirse. Entonces brotó de sus labios, y de lo profundo de su corazón, aquel grito esperanzado: “Señor, sálvame”.

Como Pedro hemos dado el paso del seguimiento del Señor y como él sentimos que a veces nos hundimos, que las circunstancias son demasiado duras.  Pero el Señor nos conoce bien.  Sabe de nuestro entusiasmo, nuestra ilusión, nuestras ganas de seguirle. Al mismo tiempo, asume nuestras debilidades. Porque no siempre es fácil vivir en clave de evangelio las realidades familiares, comunitarias, laborales, sociales…

Estamos invitados a lanzarnos, a caminar sobre “olas embravecidas”, contando siempre con la ayuda del Señor. Él no nos faltará.

 

 

MIÉRCOLES 3 de agosto  (Mateo 15, 21-28)

 

“… que se cumpla lo que deseas”.

Jesús pone en evidencia la diversidad espiritual y religiosa de su interlocutora y provoca que confiese su fe en Él. ¡Todo un modelo de itinerario evangelizador! Pienso que, de alguna manera,  esta situación se repite a menudo en el pluralismo espiritual y religioso existente en la sociedad.

En el proceso de acompañamiento pastoral somos testigos de muchas demandas espirituales y religiosas, nacidas del corazón de personas que, por diversas circunstancias, se han alejado de la fe o nunca profesaron fe alguna.

Ciertamente el desafío es más didáctico que teológico-pastoral. ¿Cómo hacer que la demanda por la atención espiritual surja del corazón de nuestros destinatarios? ¿Cómo hacer para que la pregunta por el sentido de la vida les permita abrirse al encuentro con Jesús de Nazaret?

Probablemente en esta clave pedagógica debamos entender la primera respuesta de Jesús a la demanda de la mujer fenicia. Provoca que ella profundice su llamada y haga explícita y pública su fe.

 

 

JUEVES 4 de agosto (Mateo 16, 13-23)

 

“Señor, esto no puede pasarte.”

Pedro quería demostrar su adhesión incondicional. ¿Cómo es que el Maestro le increpa tratándole de “Satanás”?

Pedro debía entrar en un nuevo escenario para el cual no estaba preparado. Tenía que comprender que más allá de la amistad, estaba el plan redentor de Dios. Un plan que incluía el duro trance de la cruz.

Y ese plan sigue presente en todas las biografías. También en las de aquellos que más queremos y acompañamos.  No podemos suplirles ni alejarlos de ese camino personal e intransferible. Pero podemos estar junto a ellos y ello no siempre es fácil. El mismo Pedro que manifestó tanta cercanía, llegado el momento huyó.

En ese compromiso de cercanía también se hace presente la traición (“satanás”), pero como Pedro, podemos volver sobre nuestros pasos y continuar cercanos al Maestro, presente en las personas que atendemos.

 

 

VIERNES 5 de agosto (Mateo 16, 24-28)

 

“El que quiera ser mi discípulo, cargue con su cruz y sígame.”

Hoy la Palabra nos confronta nuevamente con el misterio de la cruz.

Cargar con la cruz es consecuencia, no objetivo. Lo que buscamos es seguir a Jesús, desde una opción libre y personal. Ese seguimiento lleva implícita la renuncia a todo lo que nos aleje del proyecto de vida evangélico. Pero la meta no es la cruz, sino la VIDA en Dios.

En ocasiones uno tiene la impresión de que el cristianismo ha descentrado la opción por el Resucitado y prefiere acentuar la dimensión dolorista del seguimiento, desvirtuando así su sentido pascual.

No optamos por la cruz, optamos por Jesús, con todas sus consecuencias.

 

 

 

SÁBADO 6 de agosto  (Lucas 9, 28b-36)                                         LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

“Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle.”

La escena de la “transfiguración de Jesús” es  una teofanía, una revelación de la identidad profunda de Jesús. “Escuchadlo” es la clave del todo el relato. Jesús es la presencia de Dios entre los hombres, por eso hay que escucharlo.

Escuchar al Hijo implica llevar una vida como la suya,  ser capaz de manifestar el amor a través del don total de sí. Dejarnos transfigurar en otros “Cristos”. ¿No es esa la vocación común de todo bautizado?

¿En quiénes nos ha transfigurado el don del bautismo? ¿Somos imagen de la bondad, la compasión, la autenticidad, la coherencia, la libertad, la interioridad… a la que nos invita Jesús de Nazaret?