XX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 14 al 20 de agosto de 2022

DOMINGO 14 de agosto  (Lucas 12, 49-53)

 

“¿Pensáis que he venido a traer paz al mundo?”

El Dios de los Evangelios es un Dios amor. Pero su proyecto es exigente y pone a la luz nuestras inconsistencias, generando no pocas tensiones.

Bastaría con recordar la destrucción de los puestos de venta en el templo o las denuncias sin paliativos de la falsedad de los sacerdotes y doctores de la ley.

La vivencia coherente de su propuesta de vida,  teniendo como núcleo el amor a Dios y al prójimo, no deja de ser una denuncia que puede molestar y generar profundos conflictos personales, familiares, comunitarios y sociales.

No es posible ser discípulo sin asumir la confrontación. No es posible una vida en clave de evangelio sin encontrarnos con la incomprensión y hasta la persecución. Eso no implica que perdamos la paz interior, desde la certeza de sabernos en las manos del Padre.

 

 

LUNES 15 de agosto  (Lucas 1, 39-56)                                       ASUNCIÓN DE MARÍA A LOS CIELOS

 

En la fiesta de la Asunción de María a los cielos, el texto del evangelio del día nos recuerda un gesto : la visita de María a su prima Isabel, embarazada y necesitaba su ayuda.

María, atenta a los demás, se pone en camino. Las circunstancias no eran las mejores ya que debía asumir los riesgos de un viaje fatigoso, estando ella misma embarazada. Es el rostro comprometido y servicial del agente de pastoral de la salud que también “sale aprisa” para servir al necesitado.

Es inconcebible comprender y vivir nuestro carisma sin integrar este espíritu mariano de entrega generosa, decidida y sin condiciones al necesitado.

Desde ella nos sentimos llamados a dejar nuestra tierra y salir aprisa. Ponernos en marcha hacia “nuevas tierras” donde el rostro del necesitado se convierta en demanda de Hospitalidad.

 

 

 

MARTES 16 de agosto  (Mateo 19, 23-30)

 

“Jesús se les quedó mirando y les dijo…”

Reflexionado el Evangelio nos preguntarnos qué significado tiene para nosotros el “quedar mirando al otro” para comunicarnos con él.

Si no hacemos esta pausa relacional nos puede asaltar una ansiedad informativa que no termina por calar en el interlocutor. Informamos, pero no nos comunicamos.

La Palabra nos invita a asumir una estrategia de comunicación que implique un encuentro real con el otro. Y la comunicación no sólo es transferir información. Va más allá. Reclama ponernos en la piel del otro, en su lenguaje, en sus preguntas e inquietudes.

Ello no implica complacer todas las expectativas del otro. De hecho, Jesús comprende el fondo de la pregunta de Pedro y termina haciéndole una clara llamada a la sencillez, a la entrega sin esperar recompensa alguna.

 

 

 

MIÉRCOLES 17 de agosto  (Mateo 20, 1-16)

 

“Quiero darle a este último igual que a ti.”

¡Vaya plan Señor! ¿Así que darás lo mismo al invitado de última hora que al que lo ha dado todo desde el amanecer? Es que estamos entre estos últimos y no hay derecho…

Definitivamente no entendemos tu concepto de justicia. Y no lo entenderemos hasta que no aceptemos que para ti, amor y justicia no se diferencian. Para ti lo justo es amar sin condiciones.

Y está bien que así sea Señor, porque nosotros no nos salvamos.  Nos salvas Tú. ¡Cuánto nos cuesta alejarnos de la teología del mérito!

 

 

 

JUEVES 18 de agosto (Mateo 22, 1-14)

 

“La sala se llenó de comensales”.

Jesús compara el Reino con un banquete al que no acuden los invitados y que, sin embargo, termina abarrotado de gente. De “buenos y malos” precisa, dando un claro mensaje de que se trata de un Reino sin fronteras.

Podemos aplicar esta postura inclusiva a diversos ámbitos de nuestra vida, pero nos apasiona armar pequeños círculos excluyentes  de pertenencia: mis funciones, mis amigos, mis proyectos, mis ideas, mis equipos, mi familia, mi comunidad, los míos…

Si rompiéramos con ellos nos asombraría la capacidad de convocatoria que tiene el Reino. Esta llamada a la inclusión tiene un punto de partida: el diálogo, el encuentro, la presencia…

 

VIERNES 19 de agosto  (Mateo 22, 34-40)

 

“Amarás al Señor (…) amarás a tu prójimo.”

La ley del amor conforma el eje transversal de toda la revelación.

Se nos va la existencia en aprender a amar desde los criterios evangélicos. ¡Cuántas purificaciones debemos realizar en este lento aprendizaje! En el fondo estamos ante el proceso de acercarnos al sueño del creador: ser su imagen y semejanza, ser amor como Él es Amor.

La “prueba del algodón” de esa identidad, en constante proceso, es el amor al prójimo. De la misma manera que amamos a los demás, amamos a Dios.

 

 

SÁBADO 20 de agosto  (Mateo 23, 1-12)

 

El más grande entre vosotros debe servir a los demás.”

 

El mundo del sufrimiento psíquico nos ofrece a diario ocasiones para servir sin esperar reconocimiento alguno y puede convertirse en una escuela para el discipulado.

San Benito Menni se refería con frecuencia al concepto del servicio, unido al del amor: “SERVIR y AMAR”. Servir amando y amar sirviendo, por coherencia, sin esperar recompensa ni gloria alguna. La sencillez, la modestia, la humildad, son el santo y seña de quien sirve porque ama.

Cuando contemplamos los inicios de nuestra institución y el proceso formativo en el que se vieron involucradas las primeras hermanas hospitalarias aparece con nitidez el empeño de San Benito en promover estas actitudes tan evangélicas como difíciles de asumir, dada la tendencia natural que tenemos de proteger la autoestima.

Cuando la frustración ante la falta de reconocimiento nos vence, deberíamos analizar con sinceridad las motivaciones por las que actuamos.