XXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 28 de agosto al 3 setiembre de 2022

DOMINGO 28 de agosto (Lucas 14,1.7-14)

 

“Cuando des una cena, no invites a tus amigos, ni tus hermanos, ni tus vecinos ricos, porque corresponderán invitándote y quedarás pagado.”

El evangelio nos invita a darnos “a fondo perdido” Simplemente porque, fundados en el Amor de Dios, no sabemos hacer otra cosa que amar sin condiciones.

Suena muy bien, ¡pero cuánto nos cuesta! La entrega entendida como un intercambio de favores prostituye su sentido. Sin embargo, es algo que suele estar presente en nuestras motivaciones inconscientes. Me doy, me esfuerzo en el servicio, entrego horas de duro esfuerzo… y, al mismo tiempo, espero reconocimiento, “una palmada en la espalda”, una valoración positiva por todo ello…

Nos cuesta aquello de “que tu mano izquierda no sepa lo que ha hecho tu derecha”…

Posiblemente no evitemos esa búsqueda de reconocimiento, pero sí podemos tomar conciencia de ello y pedirle al Señor nos regale la paz interior, la serenidad de conciencia, la humildad de quien se sabe servidor, servidora, sin más pretensiones.

 

 

 

LUNES 29 de agosto (Marcos 6, 17-29)                                           MARTIRIO DE SAN JUAN BAUTISTA

 

“El rey se entristeció (…) pero no quiso desairarla.”

Herodes admiraba a Juan, sin embargo terminó cediendo al pedido de Herodías y ordenó su muerte.

Vivir con coherencia aquello en lo que creemos implica tener capacidad para enfrentar situaciones desafiantes en las que debemos jugarnos, arriesgar, decepcionar expectativas de quienes nos quieren diferentes.

Quizá se trate de compartir nuestros puntos de vistas con transparencia en contextos ideológicamente agresivos, no dejar por buena una injusticia o una mentira, identificarnos con serenidad ante quienes hacen una crítica destructiva y exponer una visión alternativa… No es fácil ser coherentes. En ese empeño radica la santidad.

 

 

 

MARTES 30 de agosto  (Lucas 4, 31-37)

 

“Se quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad.”

Jesús hablaba con autoridad. Su radical coherencia lo hacía creíble.

Ser coherentes reviste hoy dimensiones de excepcionalidad. Hemos normalizado la inconsistencia entre los que se piensa, se dice y hace.

Vivir el proyecto misionero tiene exigencias contraculturales que sólo podremos proponer y exigir desde la “autoridad” que emane de nuestra coherencia. Cuando las palabras se alejan de la vida estamos poniendo en juego el valor de propuesta.

¿Hacemos creíble el carisma y la misión del agente de pastoral de la salud con nuestras palabras y nuestras acciones?

 

 

 

MIÉRCOLES  31 de agosto   (Lucas 4, 38-44)

 

“…se marchó a un lugar solitario” para encontrarse con el Padre.”

El cansancio y el agobio, acompañados por niveles preocupantes de estrés, parecen ser el denominador común de muchas personas buenas que consagran sus vidas al servicio de los demás.

Es un fenómeno muy presente entre sacerdotes, religiosas/os y también entre muchos seglares que asumen servicios al interno de la comunidad eclesial.

¿No nos faltarán esos espacios de soledad para serenarnos en el encuentro con el Padre, para reorientar nuestras prioridades, para medir nuestras fuerzas, para no quedarnos en un activismo que nos empobrece?

Es justamente la mística del silencio la que hoy llama a la puerta de los cristianos con mayor fuerza, como forma de respuesta a la dura carrera de activismos diversos en la que nos hemos metido. Sin duda no falta generosidad, pero estamos equivocando las formas.

 

 

 

JUEVES 1 de setiembre  (Lucas 5, 1-11)

 

“Hicieron una redada de peces tan grandes que reventaba la red.”

El Señor siempre multiplica los frutos del compromiso de quienes se ponen en sus manos con confianza. ¿Por qué no hará lo mismo con nosotros, hoy y ahora?

Es necesario tener los pies en la tierra, como lo hacía Simón Pedro, y al mismo tiempo cultivar la capacidad de soñar imposibles, de jugarnos por aquello en lo que creemos a pesar de las limitaciones con las que nos encontremos.

Que nunca nos frenen los cálculos de nuestras propias fuerzas y recursos. El Señor nos convoca a la esperanza y nos alienta: ¡Rema mar adentro!

Sin olvidar el mensaje que nos daba el evangelio ayer, sin perder serenidad e interioridad.

 

 

VIERNES 2 de setiembre  (Lucas 5, 33-39)

 

“A vino nuevo, odres nuevos.”

El valor no está en lo nuevo o lo viejo, sino en el bien en sí mismo. Ni todo lo viejo es malo por ser viejo ni todo lo nuevo es bueno por su novedad. Parece ser un principio lógico, pero cuesta asumirlo.

Toda renovación es exigente. El remiendo nuevo no pega en el paño viejo, el vino nuevo revienta los odres viejos.

No se puede pretender que todo siga igual y al mismo tiempo afirmar que queremos renovarnos, siendo creativamente fieles al carisma. Si no hacemos nada nuevo será imposible la revitalización del carisma y la misión.

La novedad parece ser la constante en una época marcada por la inestabilidad en todos los órdenes. Ello exige capacidad de escucha, de caminar juntos, de discernimiento… y coraje para dar respuestas a las nuevas exigencias.

 

 

SÁBADO 3 de setiembre  (Lucas 6, 1-5)

 

“El Hijo del hombre es Señor del sábado.”

Lo permitido y lo no permitido desde los acuerdos sociales o desde las normativas religiosas no nos eximen del ejercicio de una autonomía responsable.

El camino desde la heteronomía de la norma al ejercicio de una libertad comprometida pasa por la toma de posición personal en relación a las diversas circunstancias de la vida.

Es más sencillo tenerlo todo establecido que adentrarnos en el trabajoso proceso de discernir y decidir en coherencia.

¿Cultivamos un espíritu reflexivo y crítico que nos haga crecer como seres creativos y libres? Solemos esperar que las soluciones vengan de fuera, que la norma nos indique qué debemos hacer…

No hay más norma que la fidelidad a las llamadas que el mismo Dios acerca a nuestras conciencias. Un Dios libre, un Dios “señor del sábado”.