XXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 4 al 10 de setiembre de 2022

 

DOMINGO  4 de setiembre  (Lucas 14,25-33)

 

“El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo.”

Las cosas se tienen, se acumulan, o se reducen a lo necesario y se comparten. En ambos modelos está en juego la libertad para vivir, desde una espiritualidad de despojo, de sobriedad. Las riquezas no son buenas compañeras para hacer un camino en clave de Evangelio.

El fundamento está en seguir a Jesús y su opción por una vida en fraternidad.  El rostro comprometido en el uso de los bienes es el de la solidaridad. Compartir cuanto se tiene, como paso necesario para compartir cuanto se es.

Contemplando a María encontramos el modelo acabado de esta renuncia a todo aquello que no sea vivir de cara al plan de Dios en la propia vida. María, nos convoca a revisar nuestras “pertenencias”… para ser libres ante las llamadas del Señor.

 

 

LUNES 5 de setiembre  (Lucas 6, 6-11)

“…dijo al hombre de brazo paralítico: Levántate y ponte ahí en medio”

En un mundo donde el dolor y las limitaciones son a olvidadas o escondidas es preciso que alguien las ponga en evidencia para que esa presencia nos cuestione.

Jesús, al poner de pie delante de la gente a aquel paralítico nos propone romper con la inercia de la indiferencia y dejarnos tocar por el dolor del otro.

Necesitamos que haya quienes sepan “poner de pie”, ante nuestros ojos a quienes conforman la razón de ser de la Hospitalidad.

¿No es acaso una labor propia de la Hospitalidad? “Los enfermos y personas asistidas, que son sujeto activo, el objetivo principal y la razón de ser del Proyecto Hospitalario.” (MII, 9) Nada debería distraernos de esa prioridad…

 

 

MARTES  6 de setiembre  (Lucas 6, 12-19)

“Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos.”

Jesús ora y escoge a los Doce. Ninguno de ellos fue perfecto en su proceso de seguimiento, aunque todos, excepto Judas, supieron retomar la andadura después de cada negación.

Ser escogidos, aún desde un proceso de disponibilidad al Espíritu en la oración, no es por garantía de perfección alguna. No seguimos a Jesús porque somos perfectos sino porque su persona y su propuesta de vida nos ha cautivado  y llena de sentido nuestros andares. Aunque éstos sean titubeantes y, en ocasiones, hasta contradictorios.

Ser “Hospitalarios” implica una elección, una llamada, una vocación, una forma de ser cristianos. Ante las dificultades y las equivocaciones podemos sufrir el error y renunciar al cambio, como Judas, o asumir con sencillez nuestras limitaciones y levantarnos cuantas veces sea necesario. Hay más paz, más valentía, más fortalezas en el reconocimiento de las debilidades que en la inútil coraza de un perfeccionismo inexistente.

 

 

 

MIÉRCOLES 7 de setiembre  (Lucas 6, 20-26)

“Dichosos los que ahora lloráis…”

Las bienaventuranzas constituyen la mejor síntesis de los evangelios.

No se trata de proclamar que la fuente de la felicidad está en la pobreza, el hambre, el dolor, la persecución… sino que cuando estas realidades se hacen presentes en la vida del discípulo en razón de su fidelidad, Dios mismo le acompaña con la paz,  la serenidad y la alegría.

La Hospitalidad es fuente de bienaventuranzas en la medida que acerca esa respuesta de paz, serenidad y alegría que Dios regala a quien sufre.

Somos por tanto destinatarios y a la vez promotores de bienaventuranzas.

 

 

JUEVES 8 de setiembre (Mateo 1, 1-16.18-23)                         NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA

 “Y María fue la madre de Jesús, que es el Mesías.”

La misión del agente de pastoral de la salud tiene una dimensión mariana innegable. La Natividad nos recuerda que Dios hace maravillas en la sencillez de nuestra cotidianeidad. Que quiere contar con nosotros para hacerse presente en el mundo del dolor. Que sólo reclama disponibilidad, sencillez, apertura, entrega… y todo lo demás nos será dado de manera sorprendente y abundante.

Es la mística de lo pequeño y de la disponibilidad.

 

 

VIERNES 9 de setiembre (Lucas 6, 39-42)

“Sácate la viga de tu ojo…”

La hipocresía daña profundamente las relaciones interpersonales. ¡Qué difícil se nos hace reconocer en nosotros lo que condenamos en los demás!

El evangelio nos invita a optar por la sinceridad, la transparencia, la delicadeza en el trato, la humildad.

En relación con los demás, recordar la vieja regla de oro: “Si no tienes nada bueno que decir de tu prójimo, no digas nada.”   Quien calla, puede abrirse al otro, a la diversidad, a la comprensión de lo que el otro vive, siente, expresa… Callar (y acallar la propia visión de las cosas, los propios valores y principios éticos y morales) para escuchar, para entender (sin que ello implique estar de acuerdo) es una urgencia evangelizadora de gran actualidad.

Sin duda el espíritu de familia que debe cualificar a la Hospitalidad crecerá desde esta opción.

  

 

SÁBADO 10 de setiembre (Lucas 6, 43-49)

“No hay árbol bueno que dé mal fruto…”

Para Jesús, lo ético no está vinculado al cumplimiento de las normas sino a la bondad objetiva de lo que hacemos o dejamos de hacer. Los frutos.

Para una religiosidad que había involucionado hacia el detallismo normativo, la propuesta significa una bocanada de aire fresco y de libertad.

Incorporar estas enseñanzas significa vivir con una gran apertura a la novedad del Espíritu. La referencia del discipulado es la Palabra, es Jesús. Una Palabra escuchada y hecha vida. Una Palabra que continúe siendo fundamento de identidad. No tanto como lo ya realizado, lo ya planificado, sino como dirección que orienta nuestros pasos. Los errores, las debilidades del discípulo, cuando son reconocidas y asumidas, son también “buenos frutos”. ¡Feliz culpa la de Adán! ¡Feliz pecado que me hace consciente de mi debilidad y me reubica en la paz de la verdad, de mi verdad!