XXV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 18 al 24 de Septiembre de 2022

DOMINGO 18 de septiembre  (Lucas 16, 1-13)

“No podéis servir a dos señores…”

¡Qué difícil resulta ser evangélicamente coherente cuando entran en juego intereses personales o corporativos! No es posible amar protegiendo a ultranza los propios intereses.

Las actitudes reivindicativas pueden tener su razón de ser pero no necesariamente ser consistentes con la mansedumbre evangélica que está dispuesta a sacrificar sus propios intereses en pro de otros superiores.

El señorío del poder, de las riquezas… es fácilmente reconocible. Pero hay “señores” más sutiles que se cuelan en nuestras vidas. El pretendido dominio del bien y la verdad que nos hace jueces de cuanto acontece a nuestro alrededor, la vanagloria del saber, del prestigio… o la simple apatía revestida, de falsa sencillez…  ¡Qué difícil deshacernos de esos “señores”!

  

 

LUNES 19 de septiembre  (Lucas 8, 16-18)

“Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama.”

Si escondemos la luz le quitamos oxígeno. Puede empequeñecerse y llegar a apagarse. La luz se retroalimenta y fortalece en un espacio abierto.

Jesús se sirve de esta imagen para invitarnos a robustecer nuestra identidad creyente desde una vivencia comprometida, expuesta a la intemperie.

No se trata de proponer exhibicionismo alguno, sino de asumir la dimensión testimonial de la fe, evangelizando la cultura y asumiendo las semillas de evangelio presentes en ella.

Para ello debemos superar la tendencia al secretismo espiritual y optar decididamente por vivir y manifestar nuestra fe con transparencia y naturalidad.

A ello nos invita de manera reiterada el Papa Francisco cuando nos presenta la identidad misionera de todo bautizado. Ya cercanos al MES MISIONERO, es necesario retomar esta llamada.

 

 MARTES 20 de septiembre  (Lucas 8, 19-21)

“Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.”

¿Qué lugar encuentra la escucha y la vivencia de la Palabra entre nosotros?

Nos preguntamos si no debemos hacer de la Palabra la fuente común en la que, al menos desde su antropología filosófica, toda la comunidad parroquial se nutra y se reconozca. En ella encontraremos los referentes para soñar y construir el presente y el futuro.

Desde sus fuentes la misión del agente de pastoral de la salud se nutre en la Palabra y es en ella que debemos encontrar los itinerarios para volverla actual y fecunda.

 

 

MIÉRCOLES 21 de septiembre (Mateo 9, 9-13)

 «No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores.»                       FIESTA DE SAN MATEO

 

Esta vez a Jesús “se le fue la mano”… Nos hemos hecho a la idea de su predilección por los enfermos, los pobres, las mujeres marginadas, lo más débiles… Pero eso de integrar en el grupo de amigos íntimos a un cobrador de impuestos como Mateo, no parece tener coherencia alguna. Se había enriquecido traicionando a su propio pueblo, siendo el brazo ejecutor de las injusticias del poder romano invasor.

Para más inri la puesta en escena no podría ser peor: acude con sus discípulos a comer a la casa de Mateo quien a su vez había invitados a otros colegas publicanos. ¡Una estampa pública poco recomendable y ciertamente desconcertante! ¿Quién es este tal Jesús que se reúne con publicanos y pecadores? No es de extrañar la condena unánime que suscitó entre los fariseos, guardianes estrictos de la doctrina y el culto.

La respuesta de Jesús no se hace esperar. Reconoce estar junto a pecadores y confronta a los amantes de la ley con una frase preciosa del Antiguo Testamento: “Misericordia quiero y no sacrificios”. Se trata de un texto antiguo que, a la luz de vida y obra de Jesús de Nazaret, genera un nuevo paradigma ético y religioso.

No se trata de justificar y establecer alianzas con el mal sino de amar sin condición alguna. Cualesquiera sean las pobrezas de aquellos con los que nos relacionamos, siempre serán dignos, como personas, de respeto y confianza. El mismo respeto y confianza que Jesús tuvo con la Samaritana, con María Magdalena, con publicanos y pecadores como Mateo, con el buen ladrón…

Para muchos de ellos, esa actitud de aceptación incondicional, fue el inicio de una nueva vida. Sólo quien se siente amado es capaz de reconocerse y cambiar.

El camino hacia el bien y la verdad no es la condena y la separación de todos aquellos que no piensan ni actúan como nosotros. Estamos ante un nuevo paradigma relacional, facilitador en la construcción cotidiana de la fraternidad y con profunda significación terapéutica.

 

 

JUEVES 22 de septiembre  (Lucas 9, 7-9)

 “…buscaba verle.” 

Herodes tenía curiosidad por conocer a Jesús, el predicador nazareno que tanta expectativa despertaba entre el pueblo judío. Llegó a verlo… y lo utilizó como moneda de cambio para sanear sus relaciones con Pilatos.

Querer ver a Jesús y hasta llegar a verle no parece garantizar un cambio en nuestras vidas. Se necesita algo más, y ese algo más tiene que ver con opciones más profundas, que brotan desde el don de la fe y se expresan en la conformación de nuestras opciones a la luz de su mensaje y de su vida.

El mismo Jesús nos habló de su presencia en los pobres, los enfermos, los pequeños… Pero de poco nos sirve una convicción conceptual que no termina motivando y cualificando nuestro modo de vivir.

Como Herodes podemos quedar fuera del misterio e ignorar la riqueza sacramental presente en cada uno de nuestros enfermos y enfermas o hacer de nuestra misión un encuentro cotidiano y transformador con el Cristo de los Evangelios.

 

 

 

VIERNES 23 de septiembre (Lucas 9, 18-22)

 

“El Hijo del hombre tiene que padecer mucho… ser ejecutado y resucitar al tercer día.”

Jesús sufriente, muerto y resucitado se muestra como paradigma de nuestra propia biografía y de la de las personas que acompañamos en nuestras parroquias.

Sin la perspectiva de la resurrección pierde sentido el compromiso de estar y luchar por la salud integral de cada uno de ellos.

La dignidad absoluta de sus vidas radica en esta llamada a la plenitud en Dios. Como el Cristo de los Evangelios muchos entre ellos deben “sufrir mucho”  y este sufrimiento es un escándalo y un sin sentido si lo privamos de la llamada a compartir su resurrección.

 

 

SÁBADO 24 de septiembre  (Lucas 9, 43b-45)

“Pero ellos no entendían este lenguaje…”

Jesús acababa de curar a un enfermo mental y, estando todos “maravillados por las cosas que hacía”, anuncia por segunda vez su pasión. Advirtiendo de este modo a quienes le seguían para que no se quedaran extasiados con los milagros y la consiguiente admiración popular. Vendrían tiempos de rechazo, traición y muerte.

Para sus discípulos era imposible captar el significado de semejante anuncio.  Aún lo es para nosotros, a pesar de contar con la perspectiva histórica del misterio pascual.

El misterio del dolor nos desorienta y sólo encuentra sentido si somos capaces de hacer el ejercicio creyente de releerlo a la luz de la resurrección.